—Buenas noches, señor Montalvo.
Se quedó tan pancho.
Yo si fuese Montoro hubiera llamado inmediatamente a Esperanza Aguirre para pedirle la cabeza del chuzainas. Una cosa es que te nombren mal si tú no estás (aun recuerdo cuando José Ribagorda llamó Julio Llamazares a Gaspar Llamazares, como síntesis libresca entre Anguita y su sustituto); si no estás es un lapsus, pero si estás, si has accedido a conceder la entrevista, si eres alguien… No hay fe de erratas ni excusas en privado posibles: es necesario un arrepentimiento televisado y es conveniente el cilicio, de lo contrario el agredido (porque para un político es una agresión al ego) se verá en la obligación de denunciar a ese busto al que le canta el pozo a chinchón y equivoca el nombre de nada menos que un ex ministro de Aznar ¡de Aznar!
En lo puramente vivencial, yo estoy bastante acostumbrado a que la gente no recuerde mi nombre. Prefiero que me llamen campeón a que me llamen David, pero ninguna de las dos opciones me parece deseable. El apellido lo cambian, normalmente por Elordi. Con eso hay que tener más manga ancha. Al fin y al cabo, salvo para los compañeros de colegio e instituto, el apellido es el último recurso de las relaciones, un denominador distante y blanco, aunque se equivoquen se aprecia una voluntad de neutralidad. El apellido supone el final de una espera o un tipo de reconocimiento inesperado (¿el mismo Elorduy de tresvisitas.org?). Para alguien anónimo, claro, porque para Montalvo el apellido lo es todo, a pesar de que Cristóbales no hay muchos en estos tiempos.
Me pregunto si el mundo no sería mejor si tirásemos más de apellidos que de nombre. Es decir, si nos afrancesáramos un tanto y la gente volviera a utilizar el usted. Me lo pregunto porque soy de los que piensa que es mejor ser seco y correcto que pasar por un gracioso vacilón o ir de borracho coloquial, como el presentador del noticiero. Hoy he comprado en una carnicería y me ha despachado un gracioso vacilón. Tal vez sea por eso que prefiera el usted: menos proximidad equivale a más respeto. No sé, son teorías, generalizaçaos.
Me pregunto eso pero me da bastante igual. Quizá la clave sea no hablar demasiado con la gente y menos en la parte de abajo de Moratalaz, donde parecen aglomerarse los peores. Los típicos que entran en el bar y antes de que hablen ya sabes… Ya sabes. Entra un tipo al bar y hojea la portada del Mundo y dice “Este Garzón se ha vuelto loco. Valiente cabrón” Y te ponen en el insólito trance de defender –obviamente para ti- al cabrón del juez.
Insólito como estar hablando de respeto o como que sea yo el que sabe perfectamente que Montoro no se apellida Montalvo, y que no lo sepa un tipo que está ahí cobrando una millonada sólo porque cacarea lo que dicen los de su cuerda. Poco respeto, poca profesionalidad. ¿Quién iba a decirte que acabarías reclamando esa clase de valores?