17.10.08

Nombre y apellidos

El presentador de Telemadrid de las noches -ya he hablado una vez de él- es el gran patán del equipo de Esperanza. Según una amiga de una amiga que trabaja allí, el tipo es alcohólico. El miércoles le vimos un gesto como si estuviera a punto de vomitar. No es eso lo que vengo a contar (introducimos un tema con un caso concreto para ir después a la generalización), el caso es que el tipo impresentable, que sólo está ahí porque es de derechas, había entrevistado a Cristóbal Montoro (el ex ministro con cara de Smithers) y se despidió de él llamándole Señor Montalvo:

—Buenas noches, señor Montalvo.

Se quedó tan pancho.

Yo si fuese Montoro hubiera llamado inmediatamente a Esperanza Aguirre para pedirle la cabeza del chuzainas. Una cosa es que te nombren mal si tú no estás (aun recuerdo cuando José Ribagorda llamó Julio Llamazares a Gaspar Llamazares, como síntesis libresca entre Anguita y su sustituto); si no estás es un lapsus, pero si estás, si has accedido a conceder la entrevista, si eres alguien… No hay fe de erratas ni excusas en privado posibles: es necesario un arrepentimiento televisado y es conveniente el cilicio, de lo contrario el agredido (porque para un político es una agresión al ego) se verá en la obligación de denunciar a ese busto al que le canta el pozo a chinchón y equivoca el nombre de nada menos que un ex ministro de Aznar ¡de Aznar!

En lo puramente vivencial, yo estoy bastante acostumbrado a que la gente no recuerde mi nombre. Prefiero que me llamen campeón a que me llamen David, pero ninguna de las dos opciones me parece deseable. El apellido lo cambian, normalmente por Elordi. Con eso hay que tener más manga ancha. Al fin y al cabo, salvo para los compañeros de colegio e instituto, el apellido es el último recurso de las relaciones, un denominador distante y blanco, aunque se equivoquen se aprecia una voluntad de neutralidad. El apellido supone el final de una espera o un tipo de reconocimiento inesperado (¿el mismo Elorduy de tresvisitas.org?). Para alguien anónimo, claro, porque para Montalvo el apellido lo es todo, a pesar de que Cristóbales no hay muchos en estos tiempos.

Me pregunto si el mundo no sería mejor si tirásemos más de apellidos que de nombre. Es decir, si nos afrancesáramos un tanto y la gente volviera a utilizar el usted. Me lo pregunto porque soy de los que piensa que es mejor ser seco y correcto que pasar por un gracioso vacilón o ir de borracho coloquial, como el presentador del noticiero. Hoy he comprado en una carnicería y me ha despachado un gracioso vacilón. Tal vez sea por eso que prefiera el usted: menos proximidad equivale a más respeto. No sé, son teorías, generalizaçaos.

Me pregunto eso pero me da bastante igual. Quizá la clave sea no hablar demasiado con la gente y menos en la parte de abajo de Moratalaz, donde parecen aglomerarse los peores. Los típicos que entran en el bar y antes de que hablen ya sabes… Ya sabes. Entra un tipo al bar y hojea la portada del Mundo y dice “Este Garzón se ha vuelto loco. Valiente cabrón” Y te ponen en el insólito trance de defender –obviamente para ti- al cabrón del juez.

Insólito como estar hablando de respeto o como que sea yo el que sabe perfectamente que Montoro no se apellida Montalvo, y que no lo sepa un tipo que está ahí cobrando una millonada sólo porque cacarea lo que dicen los de su cuerda. Poco respeto, poca profesionalidad. ¿Quién iba a decirte que acabarías reclamando esa clase de valores?

8.10.08

Suponer y suponer

Pensaba que era joven para militar, pero aquí estoy, como único militante de Tres Visitas.org –se descubre que fue un descuido comenzar a escribir en un blog, sin embargo… Sin embargo ¡ni pa’ tomar impulso!, inasequible al desaliento, pedaleando hasta la derrota final. La gente de mi grupo anda con el runrún: unos piensan que se me ha olvidado poner citas, otros que siempre las puse para suponer (concepto galdosiano del término: 2.). Respondo que las citas como la tierra, las ideas y las otras citas son para quienes las trabajan. Van más allá e insisten, y yo les suelto una que no tengo que transcribir:

El elemento autobiográfico no lo descarto; descarto la literatura confesional por sistema, y sobre todo la sinceridad como valor literario.

Van más allá, siempre piden más (la militancia es como una tenia). Dicen ¿eso es lo mejor que has encontrado? Y yo les digo que no, lo mejor es otra cosa, pero hay que contextualizar, de hecho hay que hacer un post ad hoc sobre la movida barcelonesa, (¡el compañero escurre el bulto! Claman) Y yo, pusilánime busco, corto y pego:

Es baratísimo y mediocremente esteticista enfrentar la retirada de la cansada “gent divine” hacia sus casas con el amanecer de la población obrera de la ciudad industrial, tan burda y grotesca como enfrentar el cromo del rebelde de provincias, morado de tinto, al del campesino de los alrededores, que se levanta a aquella misma hora porque oye quejarse a la cerda.

Me dicen que es pequeñobloguer colocar dos citas distintas del mismo autor, pero otros compañeros están muy entretenidos mirando el texto, analizando si es conveniente o no utilizar la palabra “cerda”. Vázquez Montalbán lo hubiera puesto más fácil si en lugar de cerda hubiera puesto cerdo, medito. Me piden que no medite porque Tres Visitas no es un escenario para que cada quien suelte su pedrada: lo dejamos suficientemente claro entonces (entonces es el primer post, entonces todavía no sabía que todo eran pedradas y amasar viento) y sin embargo, mientras sueltas tu pedrada, miras atrás y hay algo que no te convence del todo (¿porqué no haces caso a ese pequeño matiz que se te instala?) Porque uno siempre tiene la sensación, y eso tal vez lo dijo Montalbán, tal vez fue Bolaño, de que no ha escrito lo que se merecía escribir. Antes de ser demasiado estrictos con el compañero (digamos quizá camarada) es mejor que publique: publicar es digerir y que yo sepa todos digerimos, a pesar de que no hayamos comido precisamente delicatessen.

¿Tienes algo en contra de las acelgas con patatas, especie de pequeñoburgués?

Por supuesto que no, sólo digo que.

(Y veo que continuará ad infinitum)

Por supuesto, estoy muy contento. No tengo ninguna queja.

Evitemos sin embargo el exceso de entusiasmo ni las loas a la propia vida, que de ésas ya se encarga mi amigo Jacobo. Mal que bien, en mi colectivo monográfico me aceptan con esos tics de pequeñobloguer/pequeñoburgués. Nadie regala flores: a la militancia hay que currársela cada cierto tiempo, sea una o sea trina.

5.10.08

Otra de bares

—¿Para qué querría alguien ser presidente de los EE.UU.?

Pienso que voy a asistir a una espectacular lección de retórica y entonces meneo el culo en la silla y la miro con los ojos vacíos a ver si me da la respuesta. Pero ella se calla como si fuera yo el que tuviera que saberlo y entonces uso la voz de alguien que no quiere decir tonterías (una voz tan firme como baja) y digo: ¿por poder? ¿para defender los intereses de los que le han puesto ahí? Ella sopesa la respuesta y la descarta de la misma forma con que le ha dicho a los de al lado que la silla en la que tenemos los abrigos está ocupada (empieza a hacer frío). Nah, tiene que haber algo más. Ahora me crezco: estoy seguro de que cualquier persona que trabaje para llegar a ser presidente de un país -el que sea- lo hace porque tiene ansia de poder o para satisfacer a aquellos que le han satisfecho ese deseo antes (es decir, puede que no quisiera ser presidente pero hay un momento en el que ya no puede elegir porque antes quiso ser alcalde, ministro, senador, whatever). Bueno, si tú lo dices –contesta- (si tú lo dices, no. Di tú algo y que empiece la discusión) Yo sólo digo que tiene que haber algo más.

En el caso de McCain (¡Por fin un caso real!) No, mejor, en el caso de Obama (…) Bueno, poniendo por caso que hubiese salido Hillary Clinton en las primarias, ¿tú crees que alguien que se ha ido de un sitio como la Casa Blanca va a volver sólo para hacer felices a unos cuantos capitostes? Dices poder pero se me ocurre que existe un motivo secreto, una especie de conjura (Skull and Bones) que los impele a seguir en la brecha cuando se podían dar la vida padre: sangre, fuego, sepulcros blanqueados, miedo... En el caso de McCain, que tiene ochenta y pico años, que ha estado en la guerra, fácilmente se podía haber quedado en su casa ¿sabes lo que te quiero decir? (sepulcros blanqueados, deudas, miedo)

Ahora meneo el culo porque no sé ni lo que quiere decir ni si me interesa lo que va a decir.

A ella le da igual.

En el caso de ZP. (Le digo que así es como le llaman lo fachas. Le da igual) ¿Por qué quería ser presidente? A un presidente o se le notan las carencias o se ve cómo le luce el pelo, una de dos. Lo segundo es una putada para los que lo padecen, pero lo primero es trágico para el presidente (a menos que sea manifiestamente subnormal) y, sobre todo, para su pobre familia, que tiene que escuchar eso de: tu padre no sabe nada de economía o, tu padre es un pelele en manos de Botín.

Le digo que nadie sabe si Aznar sabía realmente de economía. Vuelve a poner la cara de antes: ¿y a quién le importa? A Aznar no le pilló el comienzo de una crisis.

Reconozco que a Zapatero no parece el típico que quiere ser presidente para acumular poder –el pobre ya no parece tener fuerzas para eso-, así que le vuelvo a explicar que debe muchos favores y que sólo puede pagarlos ejerciendo de maestro de ceremonias. El presidente –tal vez lo digo demasiado alto- es un mayordomo que ve que el salón se le llena justo el día que ha dado libre a la mitad del servicio.

Los de la mesa de al lado me miran y ella se hace la despistada o tal vez les dice que he bebido mucho.

Sea como sea, vuelvo a abrir los ojos y me quedo aguardando su respuesta mientras le hace ojos a uno de los camareros y va a comprar tabaco y a mear. Como no nota que espero otra de sus frases me permito tirarla de la manga y ensayar otro brindis: el presidente es el soldado al que el coronel asciende para que cargue con sus culpas por haber abandonado al pelotón.

Definitivamente se ha marchado. Toqueteo las colillas del cenicero. Cuento hasta veinte. Carraspeo. Tiro de nuevo de su manga y me pregunta que qué quiero.

"Quiero saber qué interés puede tener alguien en convertirse en presidente de los EE.UU."

Comienza con voz cansada: te lo voy a explicar, pero te pido que esta vez no me interrumpas.