30.6.08

Plaza roja

Un millonaco de personas en la “Plaza Roja”, anuncian para esta tarde, no se preocupe su santidad, que yo le pongo 300.000 kikos en Colón leí en el País Semanal a propósito de la manifestación de la familia de Rouco y el PP. Ahora lo llaman la “Plaza Roja” y unos y otros quieren convertirla en icono de algo, cuando antes era una plaza fea, con un teatro regular, una sala de exposiciones regular, un banderón, cruces de calles, un hard rock, un hotel, bancos y, bueno, el museo de cera y un lado de la biblioteca nacional; plaza fea en la que los turistas descansan de hacer compras por Serrano. Supongo que los urbanistas afirmarán que las ciudades van generando los espacios sociales que necesita; a mí me da lo mismo, yo no vivo cerca ni me planteo ir a la Plaza de Colón. Aparezco allí una o dos veces cada año. No me ha pasado nada memorable, ningún encuentro, ¿hay por esa zona algún restaurante barato y excepcional? ¿Algún rincón en el que leerse el Cántico espiritual? Esa plaza no me dice nada.

Por lo que me han contado, este fin de semana había muchas fiestas –y alguna reivindicación- en Madrid. Hoy comienza la cumbre del petróleo y hay una contracumbre. Debería deshacerme de esta galbana y buscar a los cuatro gatos de la contracumbre. A los otros les diría: el día que celebrabais un titulito yo estaba partiéndome la cara contra los magnates, no atendía a vítores ni a cancioncillas estúpidas, estaba presente donde debía estar. Si ésto fuera el siglo XX...

Tampoco me verán en la contracumbre. Sus motivos son justos; enriquecería mi espíritu asistir a una asamblea con gente que sabe más que yo; estoy seguro que después de dos o tres reuniones podría aportar un comentario, un aplauso. No voy. Me quedó aquí en casa con la persiana cerrada, no encuentro alicientes en el ordenador y por eso trabajo -hoy a duras penas- en algo que me divierte, una hora, hora y media. Después enciendo la radio, no hablan de la selección sino de una representación de Hamlet que comienza a girar. Hago una paella y pienso que para Diagonal debería escribir sobre Manolo el del bombo, situarlo hace un par de años en Islas Feroe, llamando a casa, en Abanderados, con su boina y su camiseta firmada por Sanchis padre, antes de salir al frío estadio donde jugaba la selección. Descarto la idea. ¿Qué puedo mandarle a los de D.? ¿Un artículo titulado “Os lo dije”, “Panem et circenses”, “La Plaza roja”, “La España de los Xavis”, o, “Algo huele a podrido en Diario Marca”?

Decido dejarlo para mañana. Leo en el país el reportaje sobre los Kikos, el laicismo radical que ha salvado a la iglesia. Veo que dice que el día más feliz de su vida será el de su muerte. Plagio. Hay una mujer que lleva las riendas de los Kikos; Kiko y ella fueron la mano derecha de Wojtyla, pero Ratzinger les ha separado un tanto, o al menos eso es lo que dice el colorines. Los católicos neocon son peores aun que sus antecesores, que el arcipreste de Hita, que los frailes con borrico, peores incluso que los curas obsesos como Fermín de Pas. Ya me extendí el viernes y el sábado.

Pongo de nuevo las noticias para ver los goles repetidos. Todos en el área, con toques precisos, la pelota acariciando las mallas. En fin, eso sí me gusta. Que vayan todos los ociosos de la provincia a esa plaza, dándole al claxón, que destrocen comercios y quemen contenedores y esperen a un autobús rojo y amarillo bebiéndose las fuentes; les gustará ver tanta carne y oler a grasa, sudar a chorros, allá ellos. A mí me basta con ver los goles, y al final eso también se termina.

Después de las noticias repiten el capítulo de los Simpsons en el que Bart se va a la campiña francesa. Parece demasiado verlo por sexta o séptima vez. No va a llegar el día en el que Antena 3 retire a los Simpsons. Me pongo de nuevo frente al ordenador, intentando sacar algo del aplatanamiento; escribo unas frases sobre los católicos del camino de Kiko y las borro, luego algo sobre el gol de Torres, pero tampoco fragua. Por hoy lo dejo.

28.6.08

Escritores de antes

Lo de ayer era una crítica de la razón y de la fe. Es que Santa Teresa con su pose humilde me pone malo, hay algunos a los que les encantará eso del misticismo, quizá es que no les importe su perversidad sectaria: prosélitos de una sensación que sólo han experimentado ellos y ni siquiera está muy claro que la hayan vivido, puede que lo inventaran todo cuando vieron que la opción ascética no atraía a nadie.

La literatura sapiencial no se ha puesto en duda hasta el siglo XX, sin embargo hoy su tirón supera a su calidad; es decir, entre Santa Teresa y la gran literatura hay mucha menos distancia, pero mucha menos, que la que dista entre Paulo Coelho, por citar a uno de los que suponemos mejores en eso, y Roberto Bolaño por nombrar a uno de los mejores. Hoy, estos libros amables que tratan de convencernos de algo son objetos de bromas mordaces, relegados a las peores editoriales, están fuera del majestuoso crisol que presentan nuestras cada vez más cuidadas librerías, sobreviven, sí, en una pequeña sección en la que nadie colocaría jamás un ejemplar de las Moradas de Santa Teresa.

¿Y qué es, sino un libro de ayuda? ¿Lo es menos porque sus ejemplos sean bellos y medievales? Nah, yo creo que no. Lo que pasa es que se lee con las gafas de pasta, y los colorines y los pajaretes que nos parecen vulgares reclamos en un folleto de la cienciología adquieren aquí vida y color, y es verdad que sucede, aunque te quites las gafas de pasta.

Para la crítica por ser más católicos son nuestro tipo de protestante sector reformista; sucede algo parecido con la crítica del noventa y ocho, se tiende a perdonar, cuando no ocultar, sus actitudes más mohosas. Uno no deja de pensar en Ortega como en un ideólogo de la peor esencia de lo español, cuando lee: Porque vivir es tener que hacer algo determinado –es cumplir un encargo-, y en la medida en que eludamos poner a algo nuestra existencia, evacuamos nuestra vida. Y unas líneas más abajo: Mandar es dar quehacer a las gentes, meterlas en su destino, en su quicio, impedir su extravagancia, la cual suele ser vagancia, vida vacía, desolación.


La píldora que nos daba Santa Teresa sin el azúcar de lo ultraterreno ni de la gracia y la delicadeza alcanzada en esta vida, vida de la que las novicias ideales de Santa Teresa quieren salir para obtener ese abrazo erótico que les dará dios, padre y marido. Los hombres y mujeres deben cumplir el encargo, dice Ortega, de salir a comerse el mundo, a los flojos, los extravagantes y los fuera de quicio. Son los elegidos para mandar, coño. Y las de Santa Teresa están hechas para obedecer.


Dirán que hay que releerlo, repensarlo, reincubarlo y reeditarlo, pero este tío me ha puesto malo con su pose de tengo amigos en Leipzig. Hay que pensar que en sus domingos Ortega era una bellísima persona que compraba el pan, atento a los giros de la calle, curioso. Del mismo modo, Teresa de Ávila se haría querer hasta por los inquisidores, su candor, su dulzura, esa humildad, su sentido del humor, las alegres canciones y los postres que amasaría en su sobaco pondrían a cualquier labriego, por sandio que fuera, a favor de su canonización express.


Lo que ha llegado podrá ser releído y repensado. Leeremos en prólogos que los griegos tenían esclavos, y que ese es un hecho tan cierto como que la Santa creía como todos en su época, cultivaba Begoñas, y amaba a su prójimo más que Ortega. Nació cuando una mujer para adquirir poder sólo podía ser bien monja, bien reina. Pensando llegó a la paz espiritual, fue un Soldado de la Luz avant la lettre. Escribió obsesivamente cuando escribir no era una profesión, cultivó geranios, protestó ante el rey por lo de San Juan, en definitiva, luchó bastante a favor de los que profesaban menos fe que ella.

¿De verdad tengo que emitir un juicio sobre ésta o sobre los otros?

Nah, a quién le importan ya.

Para el bus me he pillado un libro que daban en la Fnac hace tiempo, relatos de Once contra once, creo que se llamaba, de fútbol, claro. Me ha gustado mucho uno de Roberto Fontanarrosa. ¿Éste está vivo, no?

Hay partidos que no se pueden perder ¿Y qué? ¿te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? Tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocrruió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo.

(19 de diciembre de 1971).

27.6.08

Mujeres en el Inem

El viento africano del que habla Eloy, unos pantalones demasiado gruesos, y Las Moradas de Santa Teresa para el autobús, hacían presagiar que el relato del día iba a tener textura de polvorón. En la cola del paro había más mujeres que hombres. Bajo un pino, en el campito austero que rodea la oficina de Moratalaz, me podría haber levantado y, llamando con gritos la atención de las que esperaban su turno para la ventanilla B, haberles leído ese pasaje en el que Santa Teresa habla de la belleza de lo flaco cuando hay buen karma, que aunque nunca dé Dios regalos, dará una paz y conformidad con que anden más contentas que otros con regalos. Por supuesto, no se me ha ocurrido hacerlo, no he abierto la boca, he seguido esperando cabe la conífera, pensando en ese dios que no regala nada a ese grupo de mujeres ni a mí.

Leí un artículo que decía que los místicos y Fray Luis habían dado voz a una teología equiparable a la del protestantismo. La iglesia optó por subir a los altares a estos arrebatadores para que dejasen de molestar y se llenasen de polvo, sostenía el autor. Un aspecto en el que fueron precursores los primeros fue en su empeño por dignificar a la mujer sin apoyarse en los milagros ni en María.

Así me entretenía, haciendo esa cosa tan moderna que es aplicar los pocos conocimientos de historia en la cola del paro.

Esta mañana, en el desayuno, hemos hablado de la relación entre razón y fe en el mundo cristiano. Hojeando la Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano para la entrada, he leído una mención al estudio de la filosofía por parte de post-apostólicos como Artemón. Según Celso, estos: Se atreven a alterar las Sagradas Escrituras, a abandonar la antigua norma de la Fe y forman sus opiniones de acuerdo con los sutiles preceptos de la lógica (…) Euclídes se encuentra permanentemente en sus manos; Aristóteles y Teofrasto son objeto de su admiración y manifiestan una reverencia excepcional por las obras de Galeno. Sus errores se derivan del abuso de las artes y ciencias de los infieles, y corrompen la simplicidad del Evangelio con los refinamientos de la razón humana.

La réplica de estos filósofos paganos se encuentra unos párrafos antes: los cristianos se mezclan con la multitud tosca y se infiltran en las mentes mejor dispuestas a recibir la impresión de los terrores supersticiosos[1]. En otro momento dicen que los asesinos entran en la iglesia como Pedro por su casa, compran el perdón y se van sonriendo.

Le he expuesto varias teorías que he oído por ahí: que el cristianismo estuvo tocado de muerte desde el año mil hasta que se tradujo a Aristóteles y apareció el prestidigitador de Aquino, y que esa crisis, que en Castilla fue tardía y prolongada, acaba cuando la corona se autofinancia con la expulsión de los judíos, se descubre América, se conquista Granada, etc. Borracho de éxito, es natural que el Hasburgo decidiera no mover mucho las cosas. La religión tomaba aire en España aunque él se las tuviese tiesas con Roma.

Damos un salto hasta la época de Santa Teresa, San Juan de Ávila, De la Cruz y Luis de León. Posiblemente de familias conversas. Buenos gestores. Responsables, ascetas, ingeniosos, antimisóginos, una clase culta que exaltaba poco o nada la espada, que no reparaba mientes en la barbarie. Entre lo hippy y lo jesuitico, amapolas y cilicio. Cristológicos a más no poder.

Con un poco de lirismo pusieron de los nervios a los religiosos de Felipe II. A Luis de León le detuvieron por traducir el Cantar de los Cantares del hebreo; a Juan de la Cruz, lo torturaron para que cantara, y cantó la noche oscura del alma. La jerarquía los subió a los altares cuando estaban muertos. Los auparon a todos menos a Fray Luis. Por más que lo intentó escuchando música, él nunca alcanzó el éxtasis, no se separó de la razón para alcanzar la fe verdadera, ni hizo ningún gran poema de amor. Era un asceta, al parecer bastante gruñón, conservador. Su aportación contra la ola de machismo de la época es La Perfecta Casada.

Teresa de Ávila por su parte hablaba a esas novicias con picores que son acosadas por varios demonios; les infiltra con candor la esperanza en una fe más dulce que el pecado. La ascesis era un medio, el sacrificio era un blasón cuando lo fácil era abandonarse al placer. El premio era la humildad, la sumisión, las palabras dichas con diminutivos, se siente fuerte cuando más se empequeñece, cuando pide disculpas por expresarse. Aquello hacía feliz a Teresa de Ávila pero lo normal es que a las demás les deje frías. La opción de Fray Luis está más extendida. Hay muy pocas monjas, y muchas más perfectas casadas. No hacía falta ir al INEM para saberlo.



[1] Gibbon

25.6.08

Segunda parte

Hoy estoy de suerte porque tengo algo que contar relacionado con el post de ayer. Están bien este tipo de entradas porque puedes esmerarte contando lo vivencial*; en un marco universal, al modo de los antiguos exemplum. Ayer estaba hablando de la crisis y hoy llego al curro y me echan, toma castaña. No voy a decirles que me viene bien porque trae mala suerte, pero bueno, este sitio era regular tirando a infumable. Adapta al breve espacio de tu vida una esperanza larga; verano chaval, paro, sol y playa, y en septiembre u octubre veremos si la crisis sigue esperando ahí fuera y si está más tocha. A por la próxima ola.

Hasta hoy trabajaba para una subcontrata de la subcontrata para Internet de Paginas amarillas. Era la primera vez en mi vida que me ponía pantalones cortos para ir al trabajo, algunos dirán que me han botado por eso pero no creo, había uno o dos motivos más. Me han enseñado una esquelita fotocopiada en la que un tal Señor Richardson comunicaba un notable descenso de las previsiones de producción. Un tipo que este fin de semana estuvo mirando motos en el salón de Ifema le ha echado la culpa a los comerciales y al propio Richardson; el financiero ha fotocopiado el cheque y ha llegado la peor parte, las inevitables despedidas de los compañeros (una cosita rápida, me alegro de haberos conocido, espérate que no me llamen a mí ahora, son unos perros, dos besos). Me he metido en el metro con la mano en la cartera y luego se me ha ocurrido que esto tiene que ver con la crisis de la que venimos hablando tantos blogueros.

Hoy tocaría cantarle las cuarenta al señor Richardson o al de Ifema, porque a Zapatero ya quise cantárselas ayer.

Intentan mantener el margen de beneficios como la fortaleza fronteriza del Desierto de los Tártaros:

De un extremo a otro de las murallas corría todavía el grito: “¡Alerta! ¡Alerta!”, pero a los soldados les costaba mucho trabajo transmitírselo, tanta distancia separaba a uno de otro[1].

En la radio he oído que el seleccionador tiene seis hipotecas. El Señor Richardson lo ve todo negro detrás de sus cristales tintados, el del Ifema, bajo el casco; desde el primero hasta el último buscan un cinturón para apretárselo; que nadie beba agua, porque pronto habrá sequía, todo el mundo Cocacolas frescas, en los jardines de Polaris World. Paro, sol y playa, tiempo para decidir lo que hago. El cheque de Zapatero que no llega o llega mordido. Cheney presidente del mundo y éste es el bagaje. Las empresas que mejor funcionan las parto y te las doy, si alguna va mal yo me hago cargo. El estado sortea lo que sea con tal de mantener las fortalezas de Cheney o el castillo viejo desde el que escribe Vidal I Quadras. Este estado es aparato porque transmite, es el mensajero de ese supraestado, el mercado liberal, que pisa el freno para agarrarse más a su progreso.

La única noticia nueva que tengo desde que leí lo que había dicho Zapatero es que me han echado a la calle. ¿Qué piensas? ¿Son unas vacaciones de verano o me han licenciado definitivamente?

Yo, que es otra forma de progreso, al menos para mí. Llevo unas cuantas horas aquí sentado, intentando relacionar la crisis de las finanzas con el suspenso que me ha puesto la compañía. Podría sentirme culpable ya que miraba mi correo y los periódicos, tal vez no estuve a la altura de lo que Richardson esperaba de un licenciado.

Viejo zorro inglés…

Esta vez te la he jugado bien. Ahora estoy pensando en hacerme viajes en autobús por Marruecos. Como un sobrino que espera los regalos de cumpleaños para aliviar esas trampas que ha puesto en la cola del cine, así aguardaba yo la carta que he recebido a las tres. Dice la carta que en mi patria no faltará paro, sol y playa. Lo único malo es que se me ocurren canciones del Último de la fila, mi patria en mis zapatos, etc. y la canción de Violeta Parra aunque no tiene nada que ver.

Esta mañana le decía a Carmen que Richardson no me ha dicho cuándo iba a irme de vacaciones. Después me he puesto los pantalones cortos y he viajado terminando una novela corta de Junichiró Tanizaki que os recomiendo: La Madre del Capitán Shigemoto[2]. El de Ifema ha sido explícito con respecto al futuro inmediato.

(…) Se podría decir que Shihei fue atolondrado y vanidoso, pero tenía también otro lado. Un ejemplo es la historia del plan que tramó con el emperador Daigo para contener el derroche. Cierto día Shihei se presentó en la corte ataviado con un traje lujosísimo, que transgredía las normas dictadas por el emperador. Éste, al verle desde una ventana, montó en cólera y llamó a un chambelán. “Recientemente hemos sido estrictos con quienes se excedían en ostentación por encima de su rango. El ministro de la izquierda será el ministro principal, pero es intolerable que venga a la corte vestido de forma tan llamativa. Ordeno que se retire inmediatamente”, dijo el emperador, muy nervioso y preocupado por lo que pudiera salir de aquello. Pero Shiehi, intimidado, se retiró precipitadamente sin permitir siquiera que le precedieran sus servidores, y estuvo un mes encerrado a cal y canto en su mansión. Si iban a visitarle no recibía, explicando: “La reprobación de su majestad es grave”, y no asomaba ni la punta del pie. El resultado fue que no se hablara de otra cosa que del incidente, y que la gente empezara a retraerse del lujo ostentoso; pero la verdad era que todo estaba planeado de antemano entre Shihei y el emperador. (…)



* Que vuelva Secondtortu.

[1] De Buzzati. Trad. Benítez.

[2] Trad. Balseiro.

24.6.08

Quien manda

Acaso era la inocencia lo que vieron en Zapatero los que le votaron por primera vez. La imagen del incauto pertinaz, no podrían encontrar nada mejor, un hombre con suerte, probablemente bueno, no demasiado listo, ni demasiado estadista, ni demasiado inspector de hacienda, un tipo que no iba a invadir nada, que no dedicaría las tardes a ponderar en poemas el genocidio de 1492, un hombre que por la mañana tomaría lecciones de economía y que pasaba las noches leyendo fábulas a sus hijas. Creyeron que sería nuestro personaje de Capra; el primero, ya que en España ese género no existe, un hombre íntegro –era la ilusión- alguien a quien sería inútil reprender durante las crisis.

Los que le votaron por segunda vez, sumaron a esa intuición los premios que su sonrisa buenrróllica había anunciado: matrimonios para todos, canastillas para quien procreara, migajas, talones o lavadoras para los ciudan@s, buenas intenciones que entonces se presuponían y que hoy se revelan adornos. Ya sabéis lo que dijo el presidente ayer:

- Más dinero para Pymes. Plan Renove para las constructoras y facilidades para los fabricantes de coches (gracias al cambio climático) y las marcas de móviles.

- Leasing de empresas rentables surgidas de RENFE e Iberia.

- Reducción del 30% de la oferta de empleo público.

Rajoy le ha pedido que presente medidas de verdad. Más de verdad imposible, Rajoy: todo para el capital, se le da aire a la burbuja y los trabajadores palman, ¿es que acaso quiere más? Son insaciables.

Es posible que al pertinaz amigo de la cultura y de los niños no le guste poner esa cara de desprevenido. Hace sólo seis meses estaba prometiéndonos viruta, liquidez, parné; había sacado un talonario biodegradable de la chistera y ahí que andábamos nosotros, a ver si caía algo. Ayer le tocaba poner cara de preocupado para anunciar que premia a las empresas a cambio de que los trabajadores… En fin.

Los primeros y los segundos votantes deben seguir viendo al inocente que tiende a incauto, y puede que los demás también vean exactamente eso, un incauto que anuncia medidas que ya nos esperábamos.

Anoche, en la tele, le preguntaron a Tony Soprano qué tajada había sacado del huracán Katrina: Dick Cheney a la presidencia del puto universo, contestó entre risas.

22.6.08

Un sueño

HUBERT

Un sueño… un sueño… eso es distinto. Soy muy partidario de los sueños aunque no los utilice nunca en mi producción literaria.

DOCTOR

Entonces échese y cuénteme uno.

HUBERT (incorporándose bruscamente)

La próxima vez. La próxima vez. Primero tendré que conseguir soñar. Si cree que es tan fácil…[1]

Esta noche he tenido un sueño coral, al estilo de una película americana, una como Ratas a la Carrera o Los Locos del Canonball. Había una casa enorme, tal vez un hotel y muchos personajes de los que no debía fiarme, algunos simpáticos y otros que estaban haciendo bulto. El final se ha embarullado, de hecho, ha habido varios, como en Un Cadáver a los Postres. Según tengo entendido, lo más importante para la interpretación de los sueños es cómo los cuenta uno después.

Un amigo me dijo que ha estado unas semanas sin poder dormir. Me pregunto si los ratos en los que están dormidos los insomnes son más parecidos a un trance. Dicen que, cuando caen en uno de esos nanosueños, aun creen que están despiertos, que tienen una conciencia de no poder dormir que sigue acompañándolos. A la vez, su realidad comienza a parecerse a ese otro mundo. Se llena de personajes sospechosos como los que había en esa casa. Vi una película sobre ese tema.

Esta mañana me he pasado a CD un disco de los Mars Volta titulado Deloused in comatoriun (Espulgado en la sala de coma ¿?). Al parecer cuenta la historia de un personaje que se mete morfina hasta que entra en coma, tiene visiones y cuando despierta, decide que quiere salir del mundo de piojos y pulgas, el mundo real, y regresar al sueño.

¿Qué quiere Segismundo? ¿Regresar al sueño o que se termine lo que considera vida, su cautiverio? Quizá desea tener otra oportunidad. No necesariamente es dios el que puede dársela:

Mas, sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos.

Un profesor fue el primero que me advirtió de que la verdad no aparece en la literatura tanto como creemos, que de hecho puede que no exista una vida real, con lo que lo real en la ficción no es más que otra de esas convenciones. Los sueños investigan la realidad fragmentada, más o menos como las novelas. He estado en esa casa o ese hotel, esta noche. Los personajes extravagantes que me han hablado pueden ser inmortales que saltan de la ficción a lo real y de nuevo a lo inexistente, que nos pasamos de unos a otros, igual que los de un relato:

A veces por la noche, tengo sueños que me predicen el porvenir, me advierten de peligros, me revelan secretos.[2]

En los sueños hay una intuición del drama y de la comedia que facilita las cosas. Es la muerte, que en muchos aparece como posibilidad, entonces somos capaces de afrontarla con menos miedo. La muerte es el cambio de sueño o la llamada telefónica que despierta; la desaparición en esa segunda vida es un final consensuado. En esa hora sólo sufren esos bebés que aun no se acostumbran a morir para resucitar por la mañana.

Quien no duerme está condenado a esperar una sola muerte después de la cual nada parece haber. Los que dejan ródalos en la almohada se aferran a las luchas con el Ángel, comprenden y añoran las sábanas y esperan su sesión, no desesperados como quienes no pegan ojo, sino con una impaciencia muy infantil. Decimos que alguien no puede dormir tranquilo cuando sospechamos que es una mala persona, pero si un amigo nos cuenta que no puede dormir, tratamos de mostrar lo mejor de nosotros; qué putada macho, ¿ahora ya estás bien? Duerme como un bendito. Nada le quita el sueño. Lo celestial, lo angélico, la bondad, la beatitud, todas las ideas sobre lo bueno se relacionan con el goce del sueño.

Mi amigo me había hablado de lo duro que es no dormir y tuve ese sueño en el que salía una joven Amparo Soler Leal. Me ha despertado una llamada telefónica precisamente de él. Estaba desnudo cuando he descolgado. Poco a poco las ideas del mundo se han posado una tras otra. Volvían también los piojos a mis cabellos. Eran nuevos bichos, me había espulgado de los viejos en presencia de la joven Soler Leal y del resto de inmortales que querían llevarme al huerto.

Ya he salido de allí, monstruos, guardad las escaleras y las caretas para el próximo asalto… Antes, dejad que me ocupe de lo que pasa de verdad. Esperad a que descanse para proponerme nuevos dilemas.


[1] El Vuelo de Ícaro, de Raymond Queneau (Trad. Julibert y Vermal)

[2] Inferno. A. Strindberg (Trad. Monreal)

18.6.08

Antes del postre

Leo en el Diagonal un artículo de R. Fernández Durán que se llama “El crepúsculo de la era del petróleo”. En el primer párrafo hay un aviso muy serio: (…) Y se iniciará la Era del Decrecimiento, muy pronto, quizás antes de 2010 o entorno a esa fecha (…) La Era del Decrecimiento cambiará todo e implicará el colapso progresivo del actual modelo civilizatorio (…) Advierte también del fin de la “vida normal” y la verdad es que, al principio, acojona.

Luego, leo lo siguiente en la ponencia de Vidal Quadras para el congreso del PP: La Nación española, como “proyecto sugestivo de vida en común” (las comillas son suyas), y me planteo cómo casa el proyecto sugestivo con el fin de la normalidad y cuándo lo sugestivo deviene en pesadilla; quizá, como dicen los de Ecologistas en Acción, a partir de 2010, quizá este noviembre, cuando Ibarretxe saque sus urnas a la calle. Lo que está claro es que profetas de uno y otro signo dicen que pronto, muy pronto.

La Era del Decrecimiento, tal y como la he entendido, supondrá una expansión del tercer mundo actual por las naciones que aún viven embelesadas por la tecnología: una forzosa vuelta a las malas tierras, el decaimiento de las comunicaciones, tal vez otra guerra, en definitiva, la rotura de las costuras que mantenían el mito de la globalización. Tiene su gracia que se use la palabra decrecimiento. Como saben, hasta hace bien poco, un par de siglos atrás, se consideraba que los griegos de la época clásica eran mucho más altos y fuertes, y que la raza humana había degenerado desde entonces; como consecuencia, los individuos se habían hecho más y más enjutos. Los propios griegos hablaban de las edades, y situaban el esplendor en el pasado. A partir del siglo XIX, en cambio, se depositaron en el porvenir las esperanzas que se habían puesto en el ser humano primordial y mítico.

El niño se sube en los hombros del padre, surgen los primeros cantautores, y a partir de 1975, primero de forma tímida y luego con ingenua arrogancia se desborda el entusiasmo: éxito de los artistas, de los tenistas, de los chefs, de los columnistas… La tardía Edad de Oro de lo español en el mundo, favoreció esa doble apoteosis, del progreso y de lo nuestro, porque, como dice Vidal Quadras en un pareado: Si el proyecto nacional es atractivo, las fuerzas centrífugas pierden su sentido.

¿Estoy diciendo que la Era del Decrecimiento sólo afectará a España o al estado español? No, rotundamente, no. Durán habla de la sociedad que hoy consideramos globalizada, de Algeciras a Estambul, de Oslo a San Diego; sin embargo, no me da reparo afirmar -creo que por ahí iba el texto de los ecologistas- que el Decrecimiento de la sociedad española será más rápido e implacable que el de otras sociedades que han tenido en cuenta parámetros menos esplendentes: el ladrillo es el principal síntoma de que la Era de los Fósiles ha aumentado de forma artificial la altura y la fama de España, la ilusión del éxito.

Si con el “fin de la vida normal”, el autor se refiere a la crisis del ahorro especulativo, de las empresas privadas, del mercado inmobiliario, del consumismo, si habla del bajón de los todoterrenos y el perreo municipal, no cabe más que esperar esa Era del Decrecimiento con los brazos abiertos. Con igual gusto renunciaré a un proyecto atractivo de vida en común, gritaré hurras a las fuerzas centrífugas, esperaré a la pesadilla de un mundo desfragmentado y paupérrimo. Yo, que nací en la Edad de Oro y puedo morir en la de Hierro, os aseguro, primates del futuro, que se ha mitificado el esplendor de aquella, que lo mejor que pudo pasar fue la decrecida, aunque os resulte difícil creerlo.

Pero si ese fin afecta sobre todo a lo obtenido, si se pierden derechos conquistados a base de sangre, si desaparece la educación y la sanidad pública, si se exterminan pueblos, si se bestializa a los emigrantes, si aumenta la precariedad, se sigue rindiendo culto a la riqueza particular y se multiplica el número de drogas y subterfugios para engañarnos; entonces, hombres del futuro, no me quedará más remedio que darle la razón a Manrique y a los griegos: incluso aquella época fue mejor.

Hasta el siglo XX será una Edad de Oro si se compara con el porvenir.

17.6.08


Rouault. Muchacha con Espejo, 1906.
Sacado de aquí.

(…) Un periodo de confusión en que no aparecía ningún estilo fuerte, y en su corazón cada uno pensaba cuán dulce y bueno sería saborear el éxito que negaba a su vecino […]. En ambos campos, ocasionales excepciones heroicas, que se cuidaban de no ponerse demasiado en evidencia, pues todos se ocupaban en trazar sus planes secretos, abriéndose su propio camino, aunque en desacuerdo consigo mismos, intentando hacer el matón. La ilusión con que soñábamos en nuestra juventud de fidelidad a un rígido ideal, un ideal demasiado elevado y demasiado grande para nuestras dotes, ¿quién puede decir que la ha perseguido con todo su corazón?

G. Rouault (Soy creyente y conformista, 1936) Tomado de Escritos de Arte de Vanguardia. Istmo 1999.

16.6.08

Nueva Literatura Adolescente

Léete este libro. Genealogía tediosa, de Juan Torrance.

El tedio es el material con que se hace la Nueva Literatura Adolescente: una gota de Cristasol que tarda dos horas en recorrer el cristal de una ventana por la que el protagonista ve a la infancia correr lejos, marca el tempo del libro. El lector se introduce en esas cien páginas de gota cayendo, sin sabor de magdalenas ni un mísero vaso de agua. Eso dice la solapa; ¿Cómo está escrito? En un estilo sublime en el que uno parece morirse literalmente de aburrimiento, ¿Es así la literatura moderna? Lo es la Nueva Literatura Adolescente, que pretende crear la atmósfera de esas viejas canciones de la Velvet Underground que duraban tres cuartos de hora: ruido de cajones cerrados y notas dodecafónicas que se obtienen con un cazú. ¿Entonces es bueno? Esa es una pregunta tan arcaica que no merece respuesta.

Narra la historia de Karpintero, un adolescente de treinta y un años que tiene serios problemas para limpiar el horno antes de que sus padres regresen de unas cortas vacaciones. Arrodillado ante esta metáfora de la fragua de Vulcano, en la que el destino unívoco es el trabajo y por ende el infierno, el adolescente medita sobre la vida: muchas ilusiones, pocas esperanzas, dice en un momento dado.

En efecto, la segunda parte son cien páginas, sin puntos ni comas, acerca de esa gota de Cristasol. Torrance devela detalles nimios que sirven para descubrir que Karpintero no es el ser inocente al que nos enseñó raspando las bandejas del infierno, su falta es haber confiado demasiado tiempo en una especie de providencia: Al principio era su madre, más tarde K. aprendió que juventud le abría las puertas que adolescencia le cerraba. Es obvio que la gota, protagonista absoluta de la segunda parte, es un triple símbolo de infancia, muerte y regeneración. No hay que perder de vista las distopías que propone Torrance: desde la audaz negación de un paisaje poblado por pastores y poetas, con ecos de la arcadia sanazzariana, hasta la renuncia al ciberespacio de Gibson; se vale de todas estas no referencias para crear su espacio personal: un no lugar en el que cada palabra es una losa y cada cita un tormento que escritor y lector sufren juntos. Un juego meta-literario (y a la vez antiliterario) de espejos rotos que manifiesta la nula capacidad irónica que distingue a los miembros de la Nueva Literatura Adolescente.

La sobria interpretación de la realidad que desmadeja Torrance alcanza su clímax en el entremés con el que se abre la última parte del libro: la narración en estilo periodístico del episodio más visto de Verano Azul. Las líneas diáfanas que arquitraban la narración no disminuyen el efecto de desencanto ni el profundo hastío que a esas alturas ha empapado de forma irremisible a todos los agentes que intervienen; tedio con el que el autor ha conseguido la virtual desaparición de personajes, acción y reflexión y la desaparición parcial o total del lector como individuo.

El único pero de la novela es el final. Karpintero resulta ser un extraterrestre que ha tenido un sueño, su mujer, a la que Torrance define como “una Pamela Anderson con el cerebro injertado de Simone de Beauvoir”, le despierta y hacen el amor como bestias sudorosas. Juntos visitan una colonia de esclavizados mutantes. Karpintero ve sorprendido que uno de esos humanoides es como era él en el sueño. Ejerce entonces de providencia y libera a ese esclavo al que colma de riquezas.

Con esta primera novela, Torrance se ha situado en la primera línea de su generación. Ha fichado por la editorial A. y participa como tertuliano en varios programas de la cadena S. Ayer había más de noventa personas esperando que les firmase un ejemplar, pero, fiel a su estilo, no apareció por su caseta. Hay genio para rato.

15.6.08

Sweet home


Esto sale si metes "Axis mundi" en Google. Me lo presta un japonés.


De vuelta a casa, aquí donde no gasto o donde los gastos están domiciliados, sigo dándole vueltas al tema del espacio sagrado y su relación con el centralismo político. El “centro del mundo” es como una de esas muñecas rusas: España, Madrid, la colonia del Viso, o bien, Euskadi, Vizcaya, Deusto.

Una conclusión nos parece que se impone: el hombre de las sociedades premodernas aspira a vivir lo más cerca posible del Centro del Mundo. Sabe que su país se encuentra efectivamente en medio de la tierra; que su ciudad constituye el ombligo del universo y, sobre todo, que el Templo o el Palacio son verdaderos Centros del Mundo; pero quiere también que su propia casa se sitúe en el centro y sea una imago mundi.

(Eliade. Lo Sagrado y lo Profano.)

Frente a esta jerarquía, hay que suponer que la sociedad postmoderna se ha caracterizado principalmente por admitir y, en muchos casos, celebrar, el valor de lo excéntrico, dicho de otro modo, el occidente actual persigue la consagración de nuevos centros dentro de ese centro mastodóntico -del que Internet es principal portavoz- que disminuye gradualmente hasta encontrar, más que nunca, el mínimo común denominador que es el hogar de uno, nuestro espacio. Hoy se sigue escuchando esa oración que no sé si es un silogismo, un entinema o ninguna de las dos cosas: yo necesito mi espacio. A eso se refiere el uso de la palabra independencia en nuestros días.

Como apunta Eliade, en lugar de un holocausto o del sacrificio del primogénito, el hombre moderno celebra una fiesta o una velada en su Templo, lo decora con algún tipo de gusto; nada es superfluo si se trata de mejorar el espacio en el que vivimos, si no es una casa, es una habitación y si no, el espacio sagrado por excelencia, el propio cuerpo. El centro del mundo, el único lugar realmente sublime, desde el que tiene que partir cualquier intento de transformación de los otros centros, es esta resistente carcasa animal que hasta el momento parece la única que ha sido capaz de albergar a los Dioses y los mitos. El cerebro es el primer eje, después se ponen la habitación, la casa, el blog, la asamblea, el parlamento, la parroquia, illa illa Villa maravilla, el cine, la literatura, la ciencia, la fórmula uno, etc.

(Hablando de ejes, por lo que se cuenta en Radio Macuto, Eliade, que no se entendía bien con Ceaucescu, vivió una temporada en España y se reunió, ojo al dato, con fascistas romaníes y fachas castizos -no sé con qué fin- en los tiempos en que aquí mandaban los segundos y, por lo visto, vivían a su antojo los exiliados de la derechona rumana. Si alguien tuviese fuerzas podría investigarlo y, quién sabe, escribir una novela histórica o un ensayo documental sobre el encuentro del filósofo de las religiones con los hijos espirituales de 1492).

Hay otra de esas expresiones que se pueden oír cada día en la radio o en la televisión, dice “lo importante no es llegar sino mantenerse”. En literatura es eso que se llaman los “clásicos”, en la sociedad aquello que se consagra pasa a llamarse tradición o de forma pedante, el acervo. Es una tradición torturar animales tanto como celebrar bautizos. Al ponderar estas actividades, no sé si conscientemente, sigue utilizándose la palabra ritual; el paseillo, el agua, el brindis, son elementos que están presentes desde la antigüedad.

A las formas más primitivas últimamente se han unido, otras que, en apariencia, han cambiado los códigos. ¿Quién iba a pensar, por ejemplo, que la izquierda se convirtiera en centro? Sin embargo, vemos que así ha sido, por lo menos aquí. Esta izquierda mantiene el mismo juego de muñecas rusas: Europa, España, Madrid, Gobierno, Presidente, que es, como hemos visto, algo parecido a la concepción sagrada del universo de la que habla el autor rumano.

La izquierda, casi por definición, debe de estar fuera de ese centro, debe intentar la desacralización del mayor número de centros. Por eso, su tarea es, en este momento, más desesperada de lo que ha sido en siglos. El individuo occidental, el Yo, encuentra ofertas a cada paso que le hacen conformar su mundo como quien elige muebles en un catálogo sueco; derribar el eje es algo así como hacerse Sísifo por vocación. Lo más sensato, de toda la vida, es aceptar que se vive mejor con nuestro espacio e intentar influir de algún modo en los espacios de los demás que, al fin y al cabo, influyen sobremanera en el nuestro.

—Siga –dijo-. Siga, por favor.

—Su Ulises es una figura común a casi todas las razas autoconscientes. Desde mi punto de vista, Ulises vaga como un individuo consciente de sí como tal. Es la idea de la separación, la separación de la familia o el país. El proceso de individuación.

—Pero Ulises acaba volviendo a casa (…) Al final vuelve a casa.

—Como lo hacen todas las criaturas. El momento de la separación es un periodo transitorio, un breve viaje del alma. Tiene un principio y un fin. El viajero errante regresa a su país y a su raza.

(Ph. K. Dick. Más allá se encuentra el Wub.)

13.6.08

Preguntas

En efecto, esto tiene mucho de vicio. Hace poco charlaba con mi colega Ástor, un menda super-interesante, acerca de si estos inventos, en concreto el myspace, permitirá que los chavales de hoy se desarrollen mejor social y emocionalmente (e.d., si sirve para pillar cacho), él decía que nada sustituiría a las piscinas de barrio de toda la vida. Gracias a estos cachivaches –argumenté - se ha creado un tercer lugar, entre la calle y lo privado, en el que podemos perfeccionarnos; pero eso ya lo había oído antes, antes que yo se lo había dicho alguien, y él no parecía dispuesto a admitir que, aunque sea un mundo idealizado, no todo en él es falso.

Lo que has puesto de Amorós, Ana, no me convence demasiado. La gente está a la que salta con los opios del pueblo; es cierto que esto tiene las trazas de ser un pasatiempo burgués y que encima está al alza; sobra retórica, sobran opiniones, sobran enlaces, etc., hasta ahí estoy de acuerdo. No obstante ¿acaso la retórica del mundo okupa y antiglobalización de la calle no maneja otros estereotipos? ¿No se ponen otras poses, no se magnifican los hechos? ¿No es otra exhibición de egos y complejos?

Tomar las calles, palabras tan huecas como construir la blogosfera, repensar, crear un movimiento de base, etc. Si nos ponemos optimistas, tanto estos debates activistas como la paja que se suelta en los blogs, son conversaciones –si nos ponemos pesimistas son monólogos-, charlas que se tienen en cualquier sitio y que acaban para algunos en la cárcel, en la cama, para otros dentro de un disfraz de barril en una mani, quemando contenedores o en la barra de un bar. Casi es lo de menos que sean útiles o inútiles. Por eso discrepo de ese fragmento: ¿no pertenece al mismo sistema que denuncia, el autor? ¿Qué diferencia hay entre un libro, aunque sea de una editorial autogestionada, y una página, aunque sea de google? ¿Cómo se obtiene el marchamo de activista? ¿Se pierde porque no quememos contenedores?

Tengo otra pregunta y para esta confieso que no tengo respuesta, quiero saber si para serlo (activista o como queráis llamarlo) hay que tener un desempeño relacionado con la transformación o si, como antes, valía con ser proletario. Es la cuestión clave que no me atrevo a contestar porque a mí me conviene lo segundo; sin embargo creo que la solución, no solo moral sino también laboral, pasa por implicarse a tope, abandonar las empresa privadas y luchar por cambiar lo público desde dentro y desde fuera. ¿Cómo se ataca desde dentro? Supongo que opositando y enseñando a los niñatos que la explotación es un crimen, no lo sé.

Dejo para lo último la cuestión parlamentaria que, como sabemos, ejerce de fin de la historia en base a un derecho que ha salvaguardado siempre los intereses de los que hoy proponen condiciones aun más leoninas a sus siervos. Se supone que el juego de la izquierda era avanzar dentro de ese sistema, pero ha quedado en eso, en un juego de magia que millones aplauden y que no convence a casi nadie. El PSOE, en realidad, no ha traicionado muchos ideales porque desde el setenta y cinco ha expuesto pocos, de hecho, tanto este partido como IU han comprado algunos como el que Al Gore vino a vender a Europa. En cuanto a reivindicaciones laborales el PSOE delegó desde el principio en los sindicatos. En la campaña que hemos padecido recientemente, Zapatero no hizo mención -que yo sepa- a los muertos en accidentes de trabajo, sí que lo recuerdo en desayunos con los empresarios y festejos de esa clase; sobre el paro se habló con cifras, vanas cifras. Sobre la precariedad los líderes no tenían opinión.

Un rebotado de IU con el que viajo en autobús dice que el problema de la coalición es que sus órganos internos funcionan peor, ¡bajo el punto de vista moral!, que los de aquellos monstruos que pretende combatir (poder, banca, democracia, etc.). Es cierto que la ley de partidos perjudica, pero el hecho de que IU como tal, sólo saque votos en Madrid, alerta de que, en efecto, el grupo que más pretende luchar contra el centralismo es el que lanza un mensaje al que tan sólo pueden responder los que están en el centro y sus aledaños. Burgueses y ciudadanos.

Volvemos al principio, a los blogs, espacios para el debate, la discusión y la satisfacción de vanidades. Lo que aportan estas entrañables letrillas es precisamente la descentralización, siguiente paso en la lógica evolutiva. Recomiendo las obras de Mircea Eliade para comprender lo que ha significado el centro del mundo para casi todas las civilizaciones que ha padecido este planeta tan agradable. Si es solo una posibilidad más o si ha muerto prematuro el beneficio de una comunicación pseudouniversal y pseudogratuita, no es algo sobre lo que quiera opinar ya que no tengo una opinión si estoy sobrio.

Desde luego, ni ayer ni hoy quería desalentar al señor Garavís, su blog me parece una buena idea, y desde luego está bien escrito. En Psilicon Valley hay espacio de sobra para sus kilobytes. Añadiré que hay que usar sus armas para vencerlos.

12.6.08

El primer post

Pueden dejar de leer en este momento porque les voy a confesar que ésta es una de esas entradas de relleno; dentro de diez o quince días ya no estará en la página principal, que es como decir que habrá desaparecido. Muchas entradas son de relleno, creedme, he visto bastantes blogs. Pueden escribirse por inercia o precisamente por la falta de inercia, porque uno se obliga a hacerlo para demostrarse algo. Como esto tiene ínfulas, en mi caso, los posts de relleno suelen estar a medio camino entre la historia, la literatura y la broma. A decir verdad, cuesta diferenciar este tipo de entrada de las que uno se curra con más entusiasmo. Para el público es casi imposible, uno lo intuye porque gasta más tiempo en escribirlo y menos en corregirlo.

Hoy me pondré el traje de Mikolor y lanzaré una tesis con la que espero que se alcance una síntesis que dé paso a una nueva tesis, a saber, que lo único relevante con respecto a los blogs ocurre el primer día que se escribe. A pesar de todas las pegas que podamos poner al concepto de “relevante” trataré de exponer dicha postura paso por paso:

El primer post es tan importante como la elección de la plantilla y de los colorines, decisión en la que, quien más quien menos, gasta un cuarto de hora. Sea sobria o historiada, con la plantilla el autor o la autora busca aquella que mejor defina su espíritu, o en su defecto, la que mejor disimule que el blog solo tiene una entrada.

El título también es importante. Este blog comenzó llamándose Amanecer Provisional -no me digan que no era pedante- ahora se llama Tres visitas; está dentro de la categoría de otros títulos graciosillos como En la ducha final, o el Blogotón. A mi juicio, el tipo más extendido es aquél en el que hay una declaración de intenciones junto al nombre del/la titular: Las funestas ocurrencias de María, El bazar estrambótico de José Luis, Cosas que Sandra retuvo, etc. Sin embargo, en eso de los títulos hay tanta variedad que es inútil hablar a la ligera: fragmentos de canciones, bromas personales, descuidos gramaticales, recordatorios, citas de escritores, idioteces… Se aplica la tópica de que el nombre es lo de menos y listo, si no uno no avanzaría nunca.

El primer post, (qué ilusión), es el que permite que le digamos a nuestros amigos, eh, he abierto un blog, y que le apuntemos la URL en esa libreta de diseño que cinco años después sigue teniendo las hojas en blanco. Uno quiere abarcarlo todo en esas primeras frases. La primera entrada, decía, tiene algo de brindis al sol y hay una flagrante captación de benevolencia. Queda retórico decir que es la más pura de todas. Es la menos viciada de cuantas se escriben, tal vez porque todavía no se ha asimilado bien el tono de tertuliano que se emplea habitualmente en este mundillo. Es un poco cursi decir que el autor/autora es en esa entrada como el pintor o la pintora de Altamira. Además, es exagerado, a la vista está la diferencia.

En la primera entrada ya se puede ver cuál es la actitud del autor/autora. La actitud se suele mantener mientras el blog sigue vivo. Con respecto a las actitudes, éstas son las que he visto más a menudo:

a) Hagamos como que llevo aquí toda la vida (o comienzo In Media Res). El autor o la autora quiere quitarle importancia a que acaba de empezar y escribe como si llevase posteando desde el noventa y nueve. Suele hablar con familiaridad de personas que no conocemos y que, por lo que cuenta, han de ser super-interesantes.

b) Declaración de principios. Autor o autora exponen con detenimiento lo que les gusta y son aún más minuciosos explicando lo que no les gusta. Suelen culminar la entrada con una cita de Cortazar o con un vídeo musical de los Smiths o de Nick Cave.

c) Declaración de guerra. Similar a la anterior, tiene más de manifiesto. Alguien ha salido rebotado de otra página, o ha leído demasiados poemas malos en la red, y decide perder su tiempo criticándolos. La primera hostia busca a un ente abstracto que se llama sociedad o sociedad de la información y contiene una proclama del tipo: hay que utilizar sus propias armas para vencerlos.

d) Asuntos propios. En este caso, autor/autora, sólo pretende pasar un buen rato con los amigos. La primera entrada sirve para presentar un vídeo grabado durante la última borrachera. Poco a poco va derivando a una colección de bromas pariolas del youtube y juegos de agudeza visual. Pronto, el texto deja de importar.

e) Asuntos de estado. En la presentación se emplean palabras como ágora, comunidad, o debate. El blog se entiende como un ejercicio de responsabilidad y enseguida se prohíbe el paso a los trolls que están al acecho de diarios en los que verter su mal café.

f) Yo y mi yo. Grupo al que pertenece este blog. Autor/autora estima que ha tenido una idea genial para darse a conocer. El problema viene cuando se plantea por qué hay que darse a conocer, si uno está a gusto solo.

g) Blogs de cine, de recetas, de poesía, etc. El mínimo común denominador de estos cajones de sastres (horrenda expresión) es el espíritu voluntarioso y la disimulada esperanza de que aparezca un mecenas que nos ponga lucrativos banners, tenga aficiones parecidas a las nuestras y una casa de multipropiedad en Menorca.

Como resumen hay que destacar que cualquier blog nace con intención de encontrar un sitio mejor o, al menos, igual que el que ocupa su autor o autora en la realidad.


Tengo un poco de prisa así que me voy.


Pensaré de camino qué se hace después de la primera entrada, cómo se transforma o se extingue ese primer impulso, y en qué se convierten los blogs cuando no se actualizan. Cuando ya no salen entradas de relleno.

10.6.08

Me voy volando a sofreír

Me propongo hablar de cosas alegres, hoy. No es que el Padrino II sea triste, le dije, pero ella dijo, corta y rema, que no va por ahí; explícate; como si no lo supieras, pasillos en el metro, la etiqueta de pringao, y no dices que estás toda la mañana tocando la zambomba, golfo. ¿Golfo? Alguien tiene que ignorar al cartero comercial. Mucho tiempo he estado levantándome pronto, nadie lo sabe mejor que tú. A otro perro con ese hueso, majo, que soy yo la que te prepara café. En eso llevas razón, además no hay que negar que es ecológico y sostenible. Además. Y la verdura que comemos está recién traída del huerto. Por ejemplo. Y tenemos un montón de libros, yo no los vendería por menos de doce mil euros. Pero un montón. Y nuestra vida sexual es bastante plena. Calla, no seas indiscreto. Digamos que nos lo pasamos bien. Y tanto. Vemos películas. Vamos a conciertos. Una cerveza. Palomitas caseras. Atún encebollado. Humus. Y… Creo que ya se hacen una idea.

¿Lo ves cómo cuando quiero soy un tipo alegre? Nena, pero es que me tengo que poner grave, ¿no ves que me han retirado de tertuliano? No me extiendo, que ya te veo, que vas a decir que vuelvo a las penas: desde el lado positivo, no me han retirado a mí sino que el proyecto se adelantó a su tiempo. ¿Crees que así está bien enfocado? Cuando seamos ricos añoraremos esta época. Nos habrá servido para aprender a hacer bricolaje y jabón casero. Esta época es maravillosa, nena. Cualquier pasillo se hace corto. Y los trabajos basura serán anécdotas, y la falta de fe en el futuro habrá sido eso falta de fe, nada más. Sin desesperación. Sin tristeza. Nos diremos ¡Mira que no haber confiado! Cuando todo pintaba estupendo, mira que no haber hecho caso de los mayores, y darle tiempo al tiempo, que mañana será otro día, ya lo decía Horacio, y que razón tenía… Pero será un recordar alegre; lo pasado, pasado, y no mueve molino.

En efecto hoy los pájaros cantan, ahora me voy a hacer un ragút, me he levantado cuando ya era de día, y tenía pocos cacharros que fregar, si me da tiempo cuelgo el post, y si puedo contesto a los comentaristas, picaré cebolla, cortaré la carne, en el autobús leeré algo, todavía no he decidido qué; iré con tiempo, no me quitarán el gesto de viandante; en el trabajo saludaré a los compañeros, hablaremos de la euro, y me pondré música hasta las seis. ¿Música alegre o triste? No me digas que eso importa:

Vemos el pasado, el futuro,

y anhelamos lo que no existe:

nuestra alegría más sincera

se mezcla con algún dolor;

nuestra canción más dulce narra el pesar más triste.

(De A una Alondra. Percy Bysshe Shelley. Trad. Abeleira / Valero).

Pesimista, me llamaste, y pensé que tenía que defenderme aunque lo fuera; ¿acaso un pesimista pica cebolla y pimiento? ¿un pesimista se pone los cascos o se lanza a interpretar el sentido de las películas? ¿es cenizo si sigue intentándolo? ¡Juzgas con demasiada severidad. Oh, tú! es sólo algún dolor no es el dolor; ¿no te dije, en su momento, que me tenía por un Lucio Voreno, un estoico, un chiflado estoico? no me dijiste luego ¿y cómo se come eso? Y yo te contesté, nena, ni yo mismo lo sé, pero trato de averiguarlo para ti. Creo recordar que sucedió exactamente como lo cuento. Las olas del mar arrullaban nuestros desnudos, el sol daba luz de plátano a nuestros cuerpos aún jóvenes, no por ello más hermosos, una brisa ligera ponía música a tus palabras y mejoraba las mías, torpes de amor, que balbuceaba en ese lenguaje que me demostraste verdadero; fue entonces, creo, no me engaño, cuando te hice esa pregunta, dime ¿en qué clase de necedad, de las varias que existen, radica mi locura? Porque yo me creo que estoy cuerdo. Corta y rema, contestaste: pasillos en el metro, la etiqueta de pringao, quejas, lamentos, ruegos y preguntas…

9.6.08

Creer en América

Así que el sábado fuimos al cine a ver el Padrino II en edición especial. Hacia la mitad, cuando Vito se va a cargar a la mano negra, cerré los ojos y me quedé traspuesto. La butaca no era muy cómoda, los subtítulos tenían muchos errores, pero no influyó.

La carrera de la banda de música que acompaña el cortejo fúnebre de los Andolini, la isla de Ellis, los insultos del senador Geary, Pentangelli bebiendo de una manguera, la mujer de Fredo, el absurdo novio de Connie, en fin, es un inicio prodigioso, no sé si remasterizado, es igual. Es la historia de Norteamérica vista por los emigrantes italianos, una historia que se supone integradora, en la que, sin embargo, hay un rechazo por parte de los dos mundos que se encuentran: el angloparlante del Mayflower, civilizado, cosmopolita e hipócrita, y la América de Kazan, los albaneses y los italianos de pelo aceitoso con apellidos que terminan en vocal.

La chica americana de Michael debería ser la que une esos dos mundos, no en vano se llama Kay que suena como llave, sin embargo, tanto en la primera como en la segunda parte, se topa con una puerta cerrada, se hace patente la imposibilidad de un acuerdo emocional. Los hay que dicen que Michael Corleone nunca estuvo enamorado de Kay, que ésta formaba parte de su ambición de unir esos mundos. No es un asunto sentimental, obedece al único propósito del benjamín, conseguir que las actividades de la familia sean honorables. Al contrario que su hermano, Michael comprende que el verdadero poder conlleva la adaptación al medio, por eso se alista con los marines, por eso quiere casarse con una irlandesa, por eso invierte en IBM y en ITT.

Sobra decir que los dos reyes de la saga, Vito y Michael, viven en mundos muy distintos; desde el viejo Nueva York de los años cuarenta al lago Tahoe, donde dormirá Fredo para siempre, hay, en muchos sentidos, mayor distancia que la que llevaba de Sicilia a las costas del este. En ese traslado de los Corleone está el germen de la limpieza, de la purificación que Michael promete a Kay en la primera película de la serie.

Al comienzo de ésta, Vito Corleone le dice al dueño de las pompas fúnebres: no somos asesinos, y para su forma de ver las cosas, no miente. Vito no es un criminal, encuentra en el crimen el modo de sacar adelante a su familia y a sus amigos. Michael comprueba que la única forma de mantener lo que ha conseguido su padre es seguir matando y delinquiendo, eliminar a los enemigos de fuera y a los de dentro. Pero no me cabe duda de que lo comprueba a pesar suyo.

En uno de los últimos episodios de Los Soprano, Tony, el capo de Nueva Jersey, se queja a su psiquiatra de que a la buena gente “como él” le sucedan cosas terribles. Esa ingenuidad perversa emparienta a éste personaje con Vito más que con Michael. Junto con Darth Vader, Michael Corleone es el personaje más torturado del cine mainstream, de la cultura pop o como coño quieran llamar al invento. En la novela se cuenta que el puñetazo que recibe del jefe de policía irlandés le deforma la cara; esa hostia marca el devenir de Michael, su desconfianza hacia la ley americana, claro, pero también su complejo de monstruo, que en la tercera parte casi logra superar.

A estas alturas, todo el cine sabe que no encontrará una América pura en la que llevar a cabo la redención. El esfuerzo que realiza entre el final de la segunda y la primera parte de la tercera (que incluye la reconciliación con Kay), cobra más valor porque es individual y ascético: no parte de una imposición del país de acogida, sino del deseo del monstruo por dejar de serlo. El drama de Michael es que posiblemente cree en América más que los propios americanos. Tiene fe en la belleza, en la educación, en la voluntad de superarse, y en todo eso que nos han vendido, aquello que ni ellos se creen. Por no creer, Vito ni siquiera añora Italia, no hay una idealización del terruño, sino que idealiza lo que ha perdido, la familia. Para Michael la familia es una cruz, algo que dificulta la ascesis, que le arrastra una y otra vez a la desgracia, alejándole de su América deseada. Tony Soprano apenas tiene ideales, sin lugar a dudas es el que mejor se integra de los tres.

8.6.08

Los viejos tiempos se han terminado para un conocido


Eskorbuto, de jóvenes.


Nos tomamos algo en el bar de la okupa; ya nos íbamos a casa cuando salió B. de un bar y nos invitó a que pasáramos. Los viejos tiempos se han terminado para un tío al que conocía. Tuvo un derrame cerebral en Argentina –un significativo gesto de B. aclaró el motivo- y allí se quedó todo salvo el envoltorio. Se había ido a la Patagonia para aprender a volar (parece un recurso de novela, pero ya sabéis que la realidad supera y patatín/patatán), cogió una bolsa llena de merca y despegó, al menos eso colegí del gesto que hizo B.

Esta semana en el curro he estado escuchando algunas canciones de Las más macabras de las vidas, de Eskorbuto; en el bar de la okupa hablaba de ellas con mi amigo. Son las extrañas fantasías de dos moribundos al final del último subidón, un disco raro de Rock, raro incluso si se compara con el resto de sus discos. La portada es un cementerio, en una lápida está escrito el nombre del grupo. La mayoría de las canciones hablan de amor, sólo hay que imaginarse que el tú lírico al que hablan es la heroína: mi vida he abandonado nena/ por esperarte a ti.

En uno de los últimos posts que hice me metía con la droga de farmacia o con la estética de los medicamentos, no lo recuerdo. Ahora veo fueron líneas que no abordaban el tema principal de la droga, la muerte; se quedaban en lo epidérmico, lo que por otra parte es normal, me digo. Dejemos que mueran como han elegido vivir, sólo queda analizar o la indiferencia. Prefiero tentar un análisis aunque se quede corto y no disimule mi patetismo:

El tren con destino al infarto cerebral, la vida vacante, una muerte postergada hasta que el cuerpo da lo que la mente pide día y noche, mientras eso que fue una persona más apura cartuchos en una habitación en penumbra, convertido en el testigo único de ese sacrificio desquiciado. Joder, me impactó imaginármelo, la verdad. Fue como el caso del ciclista Pantani, supongo. Si es triste pensarlo, peor es imaginar qué pensarían en esos momentos. Las últimas canciones de Eskorbuto ayudan a saber qué se le pasa por la cabeza a un enfermo terminal en ese caso.

Demasiado sentimiento de culpa, me temo. Una cadena, como dicen, una espiral, de recuerdos, mala conciencia, remordimientos y puro dolor, una náusea que la droga sólo subraya; claridad falsa o verdadera (a esas alturas qué más da), una habitación cerrada y algunos indicios de que la vida sigue afuera, ladridos de perro, servicio de habitaciones, televisión, llamadas sin contestar, etc. Al otro extremo del planeta está la familia, los amigos, incluso los camellos, indicios que pasan a ser vestigios cuando la decisión está tomada y sólo falta que el cerebro dé el visto bueno a su destrucción. La enfermedad, en este caso, es tener a un demonio en el cuerpo, un impulso anormal que les hace consumir más y les vuelve insaciables en plena carrera.

Triste, sobre todo triste. Ni el suicida tiene tanta conciencia del final, creo yo. Hay algo más vital en el que se tira por un puente que en el que se encierra en un cuarto para sufrir un infarto. Tal vez sea que hay algo en la locura más reconocible, menos oscuro que la pura depresión de aquellos.


Da mal rollo enterarse en la barra del bar de que alguien que tenía más o menos tu edad, ha terminado así; parece que fue ayer cuando le veías, con una mirada un poco alucinada, sí, pero normal, bastante normal, charlando sobre su futuro: no ha pasado tiempo desde que dijo que se iba a Argentina a hacer un curso de pilotaje, tres años que no son nada, que se pueden resumir en lo que baja una copa y aún sobra tiempo y se producen silencios que pueden significar algo o ni siquiera.

5.6.08

Las cosas como son

Para llegar a la oficina tengo que realizar tres trayectos: el primero, el más largo, es también el más cómodo, dura treinta minutos, aunque bajo corriendo a la parada después me puedo relajar, me siento a mis anchas mientras el autobús atraviesa el polígono, luego vienen dos curvas incómodas y la salida a la carretera nacional; como suele decirse, se me pasa rápido. A esa hora hay mucha gente en Conde de Casal. El segundo trayecto dura quince minutos, a decir verdad es el peor, aunque no sabría decirte porqué, quizá es que normalmente lo hago de pie, pero tampoco mejora si logro sentarme. Me sorprende ver cuánto tarda el tren en recorrer la distancia entre República Argentina y Nuevos ministerios. En esa estación hay un largo transbordo hasta la línea 10. Siempre hay músicos en el pasillo, entre las dos cintas transportadoras, uno mayor con una trompeta, muy salao, el peruano que es reacio a tocar El Condor pasa, el guitarrista que una y otra vez ensaya los acordes de una canción de los Dire Straits o el mejor, un violinista muy aficionado a ese solo de las Cuatro Estaciones que no sé si corresponde a la tormenta de verano o a la del otoño. Casi nunca les echo una moneda.

El último trayecto es el más corto, dos paradas de la línea 10. Si salgo del segundo a menos veinte sé que llego con tiempo, así que no subo las escaleras andando sino que dejo que me lleven. En la cinta transportadora, lento o rápido, siempre camino. Sólo los turistas se quedan quietos.

Entro por la puerta de servicio. Normalmente me cruzo con los del turno de mañana a menos que apure hasta el último minuto. Mientras enciendo el ordenador se acerca alguien con las correcciones del día anterior. Empleo una media hora en ese primer proceso. Después comienzo a hacer planes, seis horas si contamos los descansos. El sitio huele a requesón. Hay seis filas de mesas en el lado de la izquierda y cuatro en el de la derecha. La mesa del jefe, la de sus subalternos, una fotocopiadora, dos impresoras, y al fondo un ventanal que por fuera refleja. Hay ejecutivos que se acercan a la ventana para comprobar que no tienen restos de comida en los dientes. Cuando avanza la tarde el olor a requesón va corrompiéndose, es algo más ácido, los hay que sudan por el calor y están quienes no gastan desodorante. Las náuseas sin embargo tienen que ver con el hecho de que nadie quiere estar allí, la libertad se revela como una condena ¿no es eso uno de los puntos del existencialismo? Bien, en este sitio es así, lo que pasa es que hay una filosofía más pedestre: son lentejas.

La puerta permanece siempre abierta; más que un símbolo es por el olor, se supone que así correrá un poco más de aire. Está de par en par pero sólo salimos a la hora del descanso. El descanso me da la oportunidad de subirme a un escalón y enarbolar un discurso parecido a éste. Cuando empiezo a lamentar mi pesimismo, entro de nuevo y sigo haciendo mi trabajo. A la vuelta el proceso es más o menos el mismo. Ya no hay músicos en el pasillo de Nuevos ministerios. El autobús sale a y media desde Conde de Casal. Si el metro llega a y veintinueve tengo que correr, pero normalmente lo cojo. El tercer trayecto de la tarde se hace más corto de lo que uno, a esas alturas, espera.

4.6.08

Hacia el progreso por la droga

Era todavía un muchacho guapo y joven el día que propuse a unos amigos que llamasen Alka Seltzer a su grupo de música. El nombre se les quedó unos cuantos años (me parece que nunca lo cambiaron) a pesar de que en su momento no les gustó y después, tampoco, pero es una de esas decisiones que uno toma para no tener que estar a vueltas con lo mismo cada día (sucede lo mismo con el nombre de este blog). Creo que lo propuse porque me gustaba el sonido de las burbujas subiendo y el sabor salado del antiácido formando una tubería en mi estómago; hoy ya no tomo Alka Seltzer, sólo de cuando en cuando unas cucharadas de bicarbonato Torres. El grupo de mis amigos ha desparecido, junto con la belleza y la juventud.


La apología de los medicamentos, en la que jugué ese papel secundario, ha continuado sin mí (como todo). El otro día me sorprendió comprobar que se ha convertido en un signo de distinción en las obras de la modernidad, vi que se usan los nombres de medicamentos como el modernismo cantaba a las válvulas y a las turbinas. Ahí está, en el joven siglo XXI, un nuevo y raro canto al progreso: Valium, Tranxilium, Prozac, Viagra, Focusin, Litio etc. La química legal de la posmodernidad está omnipresente en todo lo nuevo, para dar risa, para hacer pensar (Prozac y dudas), dormidito con dormidina, Ginseng y Revital para los menos sofisticados, litio para los héroes de la generación X, etc.

Un mileurista escoge su medicamento, lo redondea, expone con impudicia su deseo de vivir narcotizado, de dormir sin sueños, celebra que los autores hablen de él, vive para demostrarse que estamos obligados a ser espectadores de su neurosis… ¿Qué medicamento gastas? ¿Te hace flipar? ¿Tanto como para desnudarte en la calle principal? Seguro que sí… Da ese nombre y se te abrirán todas las puertas, un paso más: di lo que te carga las pilas, el mundo te querrá más cuando sepa qué es lo que te pasa el druida; arrancarás una sonrisa de la cara más amarga si revelas cuál es la fuente de donde mana tu (escasa) fuerza.

Dirán que surge de la mística de las drogas ilegales y las espirituosas, que es inútil diferenciar entre unas y otras: ahí está el ejemplo del vino, Céline no se hubiera enrolado, Martin Eden no terminaría como termina, sin vino. Opio, láudano, belladona, cocaína, heroína, éxtasis, hachis, la misma mitología, a fin de cuentas; quizá un poco más oscura que ésta que nos ocupa; tal vez la diferencia esté en la receta. Ya no la expende el diablo sino un médico que con cien de esas se gana un viaje, el yonki no recorre los tugurios, mirada vidriosa-candidatura a una paliza, el principal veneno es la vida y el Valium es sólo el pequeño ayudante que puede obtenerse poniendo cara de pena; nada en contra, pero prefería que me enseñaran cómo el hijo del diablo vagaba hacia el arroyo antes que ver a estos diletantes enarbolando medicamentos y cantando a la alegría de vivir sedado.

Son buenos tiempos para la química, un tiempo de prestigio. Hace poco más de un siglo todavía era el instrumento de los alquimistas, hoy parece que descubrieron el método para hacerse de oro. No faltan los que veneran su nombre como recurso estético; es una captación de benevolencia, propaganda del irremediable ascenso del laboratorio. Soportando la vida, vestidos con bata blanca, se les ocurre que en la pastilla azul hay un lugar para ellos, en el que los arroyos no arrastran cadáveres, ni les acompañan las sombras, el diablo no es guía, de hecho no existe; se pueden sentar en una alameda, instalar otra pastilla bajo la lengua, recordar vagamente a Huxley, instalados en una bruma casual, que se descubrió cuando se buscaba la fórmula del Opus Nigrum. Antes de que esa bruma se evapore dejarán testimonio de lo mucho que les encanta, tanto como un spoiler, mucho más que la victoria de Samotracia.