30.4.08

El sótano de Fritzl

Era alguien seguro de sí mismo, extraordinariamente seguro; él era su sótano, allí no se permitían herejes. Cuando viajaba al sudeste asiático para tirarse a otras victimas dejaba a los suyos comida suficiente, dicen que tenía un cómplice, uno de los hijos, quizá la mujer; los amenazaba, tal vez no hiciera falta, tal vez todo empezó como una amenaza, la amenaza se hizo costumbre y lo perturbador pasó a ser la incertidumbre de vivir sin monstruo (que es lo que pasaba en La Noche del Cazador).

Que se fuera a Tailandia de vacaciones no es anécdota. El diablo necesitaba vacaciones, quería alejarse de su obra un tiempo. Es un monstruo moderno, si quieren, genuinamente europeo, centroeuropeo de clase media (aunque fuese millonario), no cómo esos pshychokillers de Arkansas que gastan todos sus días en la misma granja; un monstruo con doblez, distinto también en sus crímenes: los suyos son de dos tipos, morales y sexuales. Aparentemente no hay más sangre en el caso que la de uno de los hijos, muerto por causas naturales e incinerado por cuestiones prácticas. El fuego aparece en su lista de antecedentes, de joven provocó un incendio. A los demás les dejó la vida, puede que nunca pensase quitársela. Adoptó a los nietos/hijos que lloraban, los subió del sótano para que vivieran en la realidad de la abuela, dejó a los topos más fuertes en la realidad del sótano, la de la madre: una con tarima flotante, otra con suelos de tierra; de nuevo la dicotomía entre el crimen moral –simbolizado por la tapadera del hombre-abuelo– y el delito sexual llevado a cabo por el Dios padre. Su paraíso, en el que hasta había tiempo para el descanso, y su tierra, tierra-infierno en donde ejercía todos los papeles que se le conocen a los dioses.

Aunque se le juzgue como hombre, se considera a las victimas como a hijos de un Dios menor: no cabe explicarles que su padre era un ser humano más, mortal y débil, un turista cualquiera, un austriaco cualquiera, otro europeo. La victoria del monstruo es total, su labor profética es indeleble: la carne del hombre-abuelo pagará por el experimento, pero el sentido cósmico de la empresa seguirá ahí, defendiéndose de los intentos de desmantelarlo que lleven a cabo psicólogos, psiquiatras y filósofos. En la noticia que he leído uno de estos venía a decir que no hay que saturar a los habitantes del planeta Fritzl; según interpreto, el doctor advertía de que en este caso se debe retirar preventivamente el tabú del incesto. Imposible para la opinión pública, esto último, pero necesario, vital, para las criaturas del sótano, como único modo de que algún día se consideren víctimas de un delito común y no hijos de un Dios total.

A sus setenta y pico años coqueteaba con las mujeres de su empresa, cuidaba con esmero su jardín. Nos lo imaginamos comparando sus árboles con los de un edén, satisfecho y orgulloso de su dedicación. Dejaba la muerte al albur del destino, como los dioses paganos; el final de sus criaturas lo decidían las moiras o lo decidía la ciencia; lo terrible del caso es que se consideraba una divinidad creadora, no un Dios exterminador. Los matorrales de locura que no acertamos a desbrozar en este caso vienen de esa parte: el efecto de la sangre tapa a menudo el verdadero mal. Esta vez el horror viene desnudo y programático, es imposible enterrarlo. Por supuesto las palabras que lo designan: incesto, secuestro, amenazas, hacen lo que pueden para acotarlo, para desmantelar ese horror con mecanismos de relojero. Por supuesto las palabras son inútiles y tenues paños calientes. Para nosotros tienen propiedades curativas, pero para las victimas, ay.

29.4.08

Sombras en el aceite

Años después del conflicto, uno de los tripulantes del Playa de Bakio, que se ha hecho modestamente rico escribiendo una Noticia del Secuestro, contrata a un detective fatigoso, divorciado, que se alimenta de croquetas de La Cocinera. El detective acepta el caso por las dietas y, mientras espera a que le haga efecto la vacuna para viajar a África, revisa en las hemerotecas los periódicos de Abril de 2008. En las notas de sociedad le llama la atención una boda, celebrada unas semanas antes del secuestro en una quinta cerca de Andújar (Jaén): el hijo del máximo accionista de Koipe se casa con una princesa somalí, hija del vicepresidente de aquel país, una auténtica belleza –piensa el sabueso-. En la foto que acompaña la noticia el novio aparece con cara mareada, la novia, cumpliendo el tópico, parece una Diosa de ébano. La nota aclara que la fiesta duró “varios días con sus noches” y que “las autoridades de la zona respiraron aliviados cuando se marchó de allí el numeroso y alegre cortejo”.

Sólo unas horas antes de salga su vuelo para África consigue entrevistarse con el hijo del máximo accionista, convertido a la sazón en el máximo accionista de la empresa. Obtiene pocas respuestas acerca del conflicto del girasol: un asunto menor que no afectó a nuestro sector de mercado, le responde el nuevo dueño; persiste la cara mareada pero se le ha unido una expresión que quiere ser de autoridad y que también demuestra miedo. Cuando se marcha de su despacho se abre el ascensor y sale la mujer somalí, más bella que en las fotos, al parecer embarazada. El detective nota un leve mareo (puede ser un efecto de las vacunas) y cuando recupera su espacio-tiempo está en el aparcamiento de la aceitera. Un taxista le grita, confirma que él es quien tiene prisa por llegar al aeropuerto, y le premia con sus protestas durante las tres horas que dura el trayecto.

Casi un día después se encuentra en un hotel de Mogadisco. El ventilador de la habitación suena como si estuviese estropeado, pero aún se mueve, a un ritmo africano y lento. El detective sale a dar un paseo y hace un par de preguntas a los dueños de dos quioscos de pescado; le contestan que los piratas desaparecieron en el año 2015, después del tratado con EE.UU.; aseguran que la mayoría se ha reintegrado al ejército. Sube al hotel después de haber repartido todos los bolígrafos que llevaba. El siguiente paso es ir a la zona costera, preguntar qué fue del barco, quizá encontrar algún tripulante o un falso tripulante que invente una historia que satisfaga al marinero vasco. Pone la cabeza bajo un fino chorro que adelgaza cuando alguien de su planta tira de la cadena.

Según el recepcionista, a las ocho de la tarde sale de la habitación. Unos turistas ingleses le ven doblar hacia una calle poco recomendable del centro de Mogadisco; le avisan de que es peligroso andar por allí sin un factótum local, pero él ni siquiera les mira. Está grogui, “borracho o drogado”, afirma uno de los ingleses. La policía somalí informa de que entró en tres bares de esa calle. En contra de lo que se puede pensar no hizo preguntas, tampoco bebió en exceso: tres o cuatro cervezas y una copa de un licor local a la que le invitó un camarero. Éste cuenta que cuando salió del local le dijo en mal francés que iba a vomitar. Pasaron unos minutos y en el antro se oyeron gritos de pelea. El camarero salió, acompañado de varios clientes, y vieron al detective en un charco de sangre. Tenía la mirada perdida, sin embargo aún estaba vivo. Dicen que dijo algo acerca de las virtudes de la cocina española, o de las facultades curativas del aceite, pero en esas condiciones su francés debía de sonar pésimo, así que pudo decir cualquier otra cosa antes de ser trasladado al hospital en el que murió esa misma noche. El gobierno español se encargó de repatriar el cuerpo. El marinero del Playa de Bakio costeó un entierro bastante decente.

28.4.08

Realismo

Me temo que si se trata del principal sospechoso no se resolverá el Cluedo, así que seguiré a mi bola y si vuelve a aparecer eso que nos llevamos. Tal vez rozara el melodrama el sábado, analizando el mensaje. Borro cualquier consideración personal, quiero eliminar el yo de este blog, la sombra que pueda proyectar sobre lo que escribo, y dejarlo en ejercicio, ficción o reflejo, una ficción tan descarada como la de Vilos Cohaagen (por cierto, Vilos hubiera puesto Mycroft en vez de Shylock), un reflejo al que asocié un nombre por convención, al que cedí mi nombre a regañadientes, para alejarme de la ficción banal y meterme en esa ficción, la que prefieren en la blogosfera, esa en la que creamos un personaje ideal cortado con los mejores remiendos de nuestra personalidad, un superyo en busca de espejos y espejo a la vez de los demás. Esa idealización particular lleva a la idealización de comunidades bastante amplias en las que se juntan cientos, miles, de internautas. El requisito es que el superyo sea verosímil, se acompaña de una fotografía, de un extenso perfil, las películas que me gustan son las Tavernier, etc. Nada en contra, ya ven que participo, mis películas favoritas son las de Tavernier, actualmente estoy leyendo La Muerte de Virgilio; siempre se nota lo que estoy leyendo y eso es un síntoma de que no tengo estilo –por lo menos eso me dijeron en el curso de los cuatrocientos-.


Cuadro de Ernesto de la Cárcova (1867-1927)

Hoy he escaneado una de las fotos que tengo en el sitio donde hago esto. Es un cuadro de un argentino, pintado en un estilo realista-socialista, se titula Sin Pan y Sin Trabajo. No sé si en la foto se aprecia bien lo que pasa: un hombre, sano y fuerte, con los aperos dispuestos, ve por la ventana de casa cómo otros hombres se dirigen a la fábrica, su mujer, flaca, coloreada de amarillo, le oye quejarse mientras amamanta a un crío que ya necesita otro tipo de alimento. El hombre cierra el puño, está inclinado sobre la mesa. El interior oscuro de la casa contrasta con el color paradisíaco del exterior, las torres de la fábrica aparecen difusas y prometedoras, en cambio el cajón abierto, probablemente vacío, es un presagio de muerte, tal vez un símbolo del ataúd en el que pronto guardarán al niño.

Sobre el estilo realista-socialista no hay mucho que decir. Su potencia es mucho mayor en un contexto capitalista que en otra realidad social; es un modo de hacer las cosas que funciona únicamente para la protesta, que cobra su sentido en el drama, y se convierte en catarsis con el melodrama. Ay, cuánto disfrutarían muchos internautas si el pequeño Oliver Twist subiese a un blog las perrerías a las que se ve sometido, quién no se solidarizaría con el desarrapado pequeñuelo; yo les digo que se convertiría pronto en el rey de los ranking, en el más querido de la comunidad. Su modesto blog –escrito quizá desde la biblioteca en la que se mete para calentarse los pies los duros días de invierno- sería el culmen de lo que se puede esperar de un diario: desesperación, injusticia, denuncia y sobre todo esperanza, una infundada esperanza coloreada con los verdes y azules del cuadro, esperanza que es a la vez puño cerrado y teta caída.

Me he ido del tema. El dandy que se mofa del realismo socialista es seguramente el peor de todos. Vive del reflejo y a la vez cuestiona la cara que ofrecen los demás. Si se topa con el blog del moderno Oliver Twist se retira diciendo “tiene que ser mentira”. Mira el cuadro escaneado con ironía. Cuánta ficción encuentra en esa pobre escena, él ve toneladas de artificio donde los demás vemos una escena conmovedora. Pobre, pobrecillo.

26.4.08

Al anónimo

Qué sorpresa cuando mi amigo me dijo que no era él el anónimo, que de hecho no sabía que tengo un blog así que difícilmente podía haber escrito aquí. No cambia en nada mi opinión sobre la amistad, pero ahora se me hace mucho más interesante saber quién lo escribió, para eso, traigo de nuevo el texto:

D. Pablo has escogido el refuiarte en los bares. Abogado-consejero de borrachos y de mantenidos. Has escogido ese lugar de exilio, ese reverso de un mundo burgués y de la buena conciencia después de hacer un descubrimiento esencial: tu cobardía.
No viene a cuento de tu texto, pero me apetecía hablar como Camus.

En primer lugar comprobamos que me llama Don Pablo, esto indica que quiere ser respetuoso pero a la vez cercano; lo más probable es que me conozca (me trata en segunda persona y parece saber algo de mi vida por cómo repite “has escogido”). La segunda parte es la más incomprensible. Según el o la anónima, yo soy un abogado-consejero de borrachos y de mantenidos; quizá sea consejero, no lo niego, pero lo de abogado me parece un poco traído por los pelos, tal vez se refiera con ello a mi espíritu conciliador; en cualquier caso esa línea parece un elogio hacia mi persona ya que frente a los borrachos y los mantenidos se me presenta como consejero y abogado, mi troll distingue entre los alcohólicos y yo. El elogio parece continuar al principio de la siguiente línea, auténtico clímax del comentario; de nuevo me dice que he escogido algo, en este caso el reverso del mundo burgués y de la buena conciencia, pero esta elección como ya saben no ha sido hecha por la plena libertad de mis actos sino por lo contrario: es una decisión cobarde, “tu cobardía” dice donde podría decir, para seguir con el elogio, “la cobardía” o incluso “el miedo”. Aunque parezca que la segunda persona manda también en esta oración, hay un “Yo acuso” implícito, una presencia en lo alto que cree conocerme o que me conoce bien, y que puede juzgarme con benevolencia sin renunciar a su análisis implacable. La última frase del comentario nos presenta a un juez con dudas. Utiliza la captación de benevolencia asegurando que lo que ha escrito “no viene a cuento” y finaliza con sorna; él o ella sabe que no escribimos ni hablamos como Camus y que si lo imitamos es porque nos apetece, con su frase demuestra que es consciente de que todo esto de los blogs es una apetencia, más allá, que lo de escribir es una apetencia para aquellos que no saben hacerlo, una cosa fútil, un intento risible. El final abrupto puede indicar: a) que tenía una vaga mala conciencia y decidió retirarse a meditar b) que se le estaba enfriando la sopa y c) que consideraba que ya había gastado demasiado tiempo en Tres visitas.

No me extenderé más sobre el texto. Tengo mis sospechas acerca de quién puede haberlo escrito pero no voy a precipitarme. De momento descarto en primer lugar a mis padres, a los que creo incapaces de llamarme cobarde; luego a los comentaristas habituales de este blog, almazan y tortu, porque sé que les mueven motivos nobles, descarto a la misteriosa Señora de Jarl por causas que deben permanecer ocultas y a mi hermana, capaz de sobrarse, pero incapaz de dejar una palabra sin consonante (“refuiarte”) y de sobrarse sin decírmelo. En cuanto a otros próximos, descartado Diego, están el dueño del perro Afro –principal sospechoso-, Ana, que un par de días antes dio muestra de haber estado en el blog, y algún amigo que se haya mantenido resguardado en la sombra. En su momento pude tener algún enemigo político, pero no creo que nadie se tomara la molestia de rebatirme por alguna opinión que haya emitido aquí o en otro sitio. Enemigos literarios no tengo; es cierto que hace ya algún tiempo alguien, con razón, me anunció que iba a dejar de leer mi blog porque soy un gilipollas, y puede que este sea un caso similar, pero me temo que eso no tiene nada que ver con la literatura. Lo que también descarto es que sea yo mismo el autor del anónimo; me parecen divertidos esos juegos pero esta vez no lo he propuesto. ¿Quién, entonces? ¿Algún blogosfero imparcial? Demasiadas confianzas ¿Un conocido del pasado? Improbable ¿Una némesis abstracta? Excesivamente sobrenatural.

En cualquier caso preguntaré a los conocidos pero no haré nada más. Quizá se descubra si es Shylock o Moriarty en las próximas entregas. Sé que no viene al caso pero me apetecía ponerme en plan Conan Doyle.

24.4.08

Dandy por el barrio de Salamanca

En el barrio de Salamanca se vive el genocidio de un modo natural, el lujo es la despreocupación y es el ocio (el matar el tiempo), y hay un odio llevadero, indiferente, y por eso la muerte de los demás es preciosa, entre la calle Ayala y Conde de Peñalver. La humanidad parece desvivirse para que dos niños gemelos vistan con ropa simétrica de austriacos protonazis; mientras paseaba, he visto el jamón de las boutiques –allí no son charcuterías-, he olido la chocolatosa disculpa del genocidio, he imitado a Umbral y me he sentido un poco dandy, porque el dandy puede acusar y sentirse culpable al mismo tiempo. Desprecia al que le da trabajo y al que se lo niega. El drama del dandy es que cuando está solo sólo puede despreciarse a sí mismo. Pero basta de imitaciones.

Hablaba de imperativos y ponía ejemplos de futuros. Son verbos que mandan a largo plazo, disfrutarás, recordarás, revivirás, largo me lo fiais, dan ganas de decir. Recordaré porqué me gusta leer gracias a Zafón; es futuro pero lleva el mandato puesto, el día que no sepa porqué me gusta, una fuerza dolorosa me impelerá a tomar ese best seller en mis manos. Puede que lo recuerde cuando sienta arcadas, sobre eso el anuncio no se moja.

Los gemelos del barrio Salamanca, vestidos con su ropa de corte exclusivo, admitirán otro genocidio –incluso más de uno- para mantenerse alejados de la nausea, a miles de kilómetros del tedio y del olor a quemado de las afueras (para ellos las afueras son cuatro paradas de metro). Son niños y es difícil despreciar a un niño por lo que es, y es injusto atacar lo que serán, y sin embargo, el siniestro corte de sus chaquetas, la incipiente arrogancia de sus gestos, los señala ya como verdugos, de forma que se subvierten las esperanzas y ya no queremos tanto que los niños pobres devengan en burgueses como que los aristócratas de la calle Ayala terminen viajando en el camión que recoge los cartones de la ciudad.

El dandy desprecia el futuro, sus esperanzas y los fracasos que vendrán, y se ríe -si alguien le escucha- de los imperativos y de los tiernos mandatos que hay en el futuro simple. Mis amigos dicen que los adjetivos son la basura del lenguaje (ellos dicen del lenguaje periodístico pero sé que en realidad se refieren a todo el lenguaje), y en el curso de los 400 euros la profesora dijo que la mierda eran los adverbios y los gerundios. Todo el mundo parece de acuerdo en que al idioma le sobra algo. Yo pienso que igual soy el que sobra y en el día del libro creo que hay muchos otros que deberían renunciar antes, algunos que nunca ponen acentos, aquellos que ya han ganado suficiente para retirarse.

He salido echando patas del barrio de Salamanca, a la una y cuarto estaba en Cuzco.

Sé que muchos pensarán que apenas hay diferencias entre el Sánchez Romero de un sitio y el Sánchez Romero de otro, pero hay algo modesto y provisional en el hormigón puro del norte de Madrid. El barrio de Salamanca ya existía con sus zipis y zapes germanófilos en el 36, ya existían los genocidios convenientes, de hecho sus piedras se movieron.

He comido en un parque poco frondoso comparado con el Retiro. El Retiro no está en el barrio de Salamanca. Di que no.

23.4.08

Día del libro

Antes de anoche estábamos viendo Roma, la serie. Julio César decía que, bajo su mandato, Roma volvería ser como en la edad de oro. De hecho la edad de oro de Roma vino con el mandato de su sucesor, Octavio; fue la época más gazmoña del tiempo antiguo. Como diría un historiador normal, en la época de Octavio Augusto se pusieron las bases para el matrimonio entre cristianismo e imperio, estas bases fueron la familia, la paz militar y la prosperidad agrícola. Eso no viene a cuento ahora. Lo traía a colación por lo de la edad de oro: crecimos con estilo, envejecemos patéticamente.

Hoy es el día del libro o la noche de los libros, no estoy seguro de si es lo mismo. En fin, hoy se forran a vender en Barcelona y en Madrid también. Es un buen día para que los escritores hablen por la televisión y por la radio. Entre programa y programa firman ejemplares. Yo tengo poquísimos libros firmados, creo que sólo uno de Carlos Fuentes que me pareció un tostón.

Me pregunto cómo envejecerán tantos libros que se han publicado en los últimos treinta años. Como todos, supongo. Se llenarán de polvo, las hojas se pondrán amarillas y en algún momento un bicho se los acabará –tal vez sea el único que lo haga- y el montón de letras se convertirá en un puñado de migas de algo en el suelo de un desván; o puede que se quemen, como trastos, o bien como espectadores de un incendio más global. Deberían reciclarse. Así, la primera edición del libro de José Ramón de la Morena podría servir para la segunda edición del libro de José María García y viceversa. En ese continuo, Carlos Zafón haría un descuento si llevases su Sombra del Viento vieja: antes de firmarte la nueva edición para coleccionistas exquisitos, metería el libro viejo es una máquina para hacer pasta de papel sin trampa ni cartón. De la pasta de papel quizá brote una rosa, si es San Jordi; y si brota la rosa a nadie le extrañará, porque el libro de Zafón es tan bonito que el papel quiere dejar de serlo, quiere convertirse en Hortensia o Rosa.

Me han llamado la atención dos anuncios de dos libros distintos. El del libro de Zafón que dice “recordarás porqué te gusta leer” y otro, aún mejor, que dice “Si la vida escribiese una novela sería el Castillo del Aire”, del título no estoy muy seguro, pero el anuncio es tal cual. Si la vida escribiera una novela, la novela probablemente sería muy aburrida. Hay quien piensa que mientras escribiese la novela, la vida no nos estaría jodiendo ni pasando recibos, pero por eso los publicistas han puesto el condicional, para eso vale el Si: la vida está demasiado ocupada siendo vida y siendo muerte como para ponerse a rellenar páginas, ya lo hace por ella un escritor de Best Sellers. Así que ni siquiera queda el consuelo de que nos deje en paz una temporada.

El anuncio de Zafón va dirigido descaradamente a los que leen entre uno y tres libros al año. La industria cree necesario generar un complejo de inferioridad entre los no lectores para involucrarlos en el consumo de algo que realmente no necesitan. Que lea sólo el que quiera. Si realmente la vida escribiera una novela ¿no estaríamos demasiado agotados para hacerle caso? Piénsenlo: la casa, los hijos, el coche. No está uno para novelas experimentales.

Hay otras cosas que no necesitan lemas. No he visto ningún anuncio que diga: “recordarás porqué necesitas una culata nueva” y sin embargo yo la tengo que comprar igual. Hay imperativos que no suenan mal, recordarás, por ejemplo, o disfrutarás. Pasada la historia cualquier imperativo nos parece mejor, incluso los de Octavio Augusto.

Crecimos con estilo

En el bus de vuelta a casa no podía concentrarme en el libro de Umbral porque pensaba en este post escribiéndolo en mi mente a la manera de Umbral. Aún recuerdo una de las frases lapidarias que pensaba poner: crecimos con estilo, envejecemos patéticamente, pero ahora me niego a contemplarla, no sé cómo crecimos, no sé cómo envejecemos. No pienso que sea de manera cobarde, aunque supongo que ahí está el miedo, en efecto; espero que al menos funcione como motor. Es un tiempo de motores jodidos y no me creo la metáfora, he llevado el coche al taller y me han dicho exactamente eso, chaval esto no es una jodida metáfora, de seiscientos a mil.

La revolución comentada en los bares deberá mantenerse fría o comenzar sin mí. Vuelvo al autoexilio, me mudo fuera del epicentro, y no sé cuándo volveré, ¡que sigan los tangos flotando arrastrados en los cafetines; chau, señori, hasta más ver, se despide el humilde siervo!

Si han leído el comentario que ha escrito en uno de los últimos posts el anónimo con pinta amistosa comprenderán que lo que se gana en Internet se pierde en los bares. En cada amigo hay una parte que quiere salir en la nota de suicidio del amigo, que quiere enterrarlo. En la época de Don Juan Manuel los amigos se probaban metiendo a un cerdo muerto en un saco y yendo para su casa: si el amigo te ayudaba a tapar el cadáver y después se confesaba culpable por una sutil insinuación de la autoridad, ése era de los verdaderos, pero el que te ayuda a esconder el falso cadáver y luego te vende es sólo medio amigo. Como no tengo acceso a cerdos muertos yo confío en los amigos.

Con ése crecí yo. Se ha hecho abogado para no mojarse demasiado si alguno de sus amigos le lleva un cadáver a casa. Conmigo discute, allí donde hay una arena y un reloj. Yo me traigo a los trolls desde la infancia.

En este libro Umbral escribe mucho sobre sus manos, su hijo, y de una tía con la que no debió estar mucho tiempo. En el bus estaba leyendo una parte en la que describe a un pintor amigo suyo, pero a la altura de Valdemingómez me he perdido. El otro libro que estoy leyendo es también de pensamiento, no estoy rápido para el pensamiento. Ayer el coche aparcó echando humo; hoy, en el taller casi nos hemos tomado un té con el agua de la bomba pero no lo hemos querido porque no pegaba con el Ducados. El motor está roto de verdad, no piensen que es ninguna gracia de escritor. La junta de la culata. Vengan los pésames.

21.4.08

Recomendaciones

Desde luego joven no me hago. Me dijeron que era saludable esperar a los treinta para vender la moto de la edad y sin embargo aquí estoy, adelantándome, y no por precoz, sino lo contrario (lo contrario de precoz, a falta de un término mejor, es derrotado). No puedo ponerme a defender la salud de mi joven cuerpo después de las copas de garrafón que me doblé el viernes; ayer todavía notaba unos picores extraños que provenían del hígado o que imagino que provenían de ahí, tal vez por el remordimiento de haberlo sometido a esas pruebas. No obstante, tampoco voy a empezar a lamentarme por la edad hasta los treinta, lo que quiere decir que hasta los treinta apenas voy a escribir, al menos no voy a escribir un diario lastimero, ni voy a retomar las aventuras de mi personaje más célebre.

Eso de tener una fecha como objetivo ya me pasó antes de los dieciocho. Quería cumplir dieciocho años como fuera, para que me dejaran entrar en los bares, y sobre todo –así de obseso soy- para que me dejaran entrar en los sex shops. Pueden creerme si les digo que cuando llegaron los dieciocho no fui a un sex shop; de hecho la única vez que he entrado en uno fue hace dos o tres años para acompañar a un verdadero obseso y me aburrí y me quedé esperándole fuera.

Una vez, cuando tenía menos de trece años, estaba leyendo la cartelera en el periódico. Al picar una de las películas, el becario se había equivocado y había puesto que no era recomendable para menores de 33 años. Recuerdo que pensé que aquélla debía de ser una película realmente salvaje; no sólo había que esperar a que transcurriese toda la adolescencia antes de verla sino que había que tener la edad de Cristo: era necesario haber sufrido un calvario para comprender esa película. Yo ya había oído que cuando se estrenó el Padrino a la gente le dio por pegarse tiros y creí que la recomendación iba por ahí: sería una película tan sumamente violenta que sólo alguien maduro de verdad debía verla. Creo que se llamaba En Pie de Guerra. En un pueblo del medio oeste se celebraba una recreación de las batallas entre nativos y conquistadores, alguien mataba a alguien y la recreación se consumaba; los indios, que ya se habían comprado un pick up, volvían al monte y los blancos a perseguirlos como en los tiempos de Gerónimo. El resumen era que nada cambiaría hasta que la integración fuera fraternal y genética. No hace falta tener treinta tacos para comprenderlo.

Quiero decir que si lo piensas es una tontería sentarte a desear que pasen los años, aunque tengas la esperanza de que con los años todo vaya a ir mejor y de que podrás irte de vacaciones al sudeste asiático. A las malas será como lo del Sex Shop; lo mismo cuando llegue lo que esperas ya no te apetece ir a pasar calor o a que te agobien masas de vietnamitas hambrientos.

No obstante, voy a dejar este comentario en cuarentena: lo revisaré cuando tenga treinta –al fin y al cabo no queda nada- y lo revisaré de nuevo cuando tenga treinta y tres; puede que esté pasando por alto algo muy importante, algo crucial, que sólo se comprende con esa edad. Puede que, definitivamente, en la recomendación de la cartelera no hubiese ninguna errata y que haya películas que sólo deben verse a cierta edad; es posible que no exista ni la precocidad ni la derrota y que eso de las edades del hombre no sea una pura fórmula, que haya una escalera casi física por la que subimos todos sin excepción.

20.4.08

Esto es todo

Las curdas interrumpen el discurrir natural de los días y los pensamientos, por eso cada vez cuesta más recuperarse de una resaca. Tan importante como la resaca del alcohol es la resaca de la sociabilidad. Leí la crítica del Tentaciones al último disco del Canto del Loco y me pareció bastante cañera a pesar de que le ponían dos estrellas. Una de las cosas de las que se burlaba era del tópico de “cada vez salgo menos” al que los del Canto del loco se han sumado, porque lo que es cool es cool, y ahora mola decir “cada vez salgo menos” aunque sea verdad.

Otro tópico es que los bares en Madrid son una mierda. Y la verdad es que cierran pronto, están llenos hasta el techo, son pequeños, algunos parecen ratoneras, jamás pasarían una inspección de sanidad (si es que se hacen inspecciones de sanidad); pero los baretos se mantienen abiertos unas horas más, le pese a quien le pese, probablemente porque tienen alguna componenda con algún particular. Así que entramos al garito para que nos dieran unas últimas cañas de ron y se nos cayeron unos cuantos vasos al suelo y se despejó la barra, se oyeron los últimos gritos y salimos a la calle de nuevo.

Antes habíamos visto la obra de teatro de un amigo “Ángeles resisten al atardecer”. Yo al teatro voy poco, no es que cada vez vaya menos, es que apenas voy una vez al año.

La obra estaba bien, era de unos tipos que un día se van de excursión y charlan. A veces charlan demasiado, pero dicen muchas cosas interesantes acerca de la vida, de la emigración, de la infancia; lo que dicen sobre la muerte yo no lo entendí, es decir, no todo. Mi amigo Quique estuvo estupendo, se veía que se divertía interpretando a su personaje. El otro tío actuaba bien y pintó con carboncillo un mural de puta madre en sólo cinco minutos. A la chica casi no la oía; estoy un poco sordo desde que me pongo los cascos.

Ayer estuvo aquí la familia, tomándose un mosto y unas cervezas. El mosto es para Martina que tiene dos años y dice que tiene tres. La cerveza va bien para la resaca, eso se ha dicho siempre. Anoche empecé un nuevo libro, después de verme Spiderman con anuncios. Hay días que tengo la tendencia de acabar las frases –o los párrafos- como las acaban los judíos de Nueva York “y eso fue todo”, y ellos se quedan tan anchos y tú, por más que la hayas visto cien veces antes, vuelves a pensar que en ese momento eso es todo otra vez, vuelves a agradecer un necesario punto y aparte con comienzo limpio de párrafo, sin relación aparente con lo que hasta ese momento ha sido todo.

Claro que son días complicados, porque al cuerpo le cuesta cogerle otra vez el pulso a la situación, ya que has bebido, has comido y te has olvidado de lavarte los dientes, que es un poco como un punto y seguido. Una vez puesto el punto y soltada la sangre de las encías, el día se encamina hacia la pura tranquilidad efímera de los domingos. Creo que hasta este año, nunca había trabajado un domingo. A menudo los pasaba de resaca, organizando la recogida de los restos de la semana anterior, o no lo recuerdo, y me ponía a estudiar como si tal cosa o simplemente pasaba la tarde comiendo pipas. Pero no, los domingos de abril los pasaba de resaca casi seguro. Ahora es que salgo menos.

18.4.08

O una noche

Me iba a inventar una historia sobre una estrafalaria profesora de riesgos laborales pero ha sido como siempre, ha salido una chica simpática y el curso le ha quedado realmente mono. A mitad de charla ha habido unas bromas cogidas de la página del gremio de los riesgos, una de ellas muy graciosa sobre un tipo que se hostiaba mientras colocaba un cuadro del jefe (también ya le vale); pero luego ha puesto el final de Capitanes intrépidos, cuando Spencer Tracy se pone a cantar lo del pescadito. Cualquier persona -incluso los que trabajamos en la Compa- quedaría sensibilizada ante un accidente de tamaña crueldad. Todos, sin excepción nos hemos comprometido a colocar la pantalla a la altura adecuada, como modesto homenaje al personaje de ¿Verne?

Nunca consideré que Verne fuera un escritor de los llamados “serios”, su nombre me recordaba a mi tía Berni, una mujer a la que siempre veía de parranda. En mi familia por parte de padre les encanta la parranda y lo que Galdós llamaba el suponer. Suponer hoy es otra cosa distinta, pero me gusta esa vieja acepción. Supongo que mi tía Berni no está de fiesta permanentemente, pero lo parece; no doy detalles de cómo llegaba a ponerse cuando estaba de fiesta, pero sí diré que siempre va pintada, lleva colores y formas en su cara que después únicamente he visto en los collages de las sobrinas. Mi tía, que no era tía sino tía abuela, Berni, nunca me regaló las obras de Verne.

La semana que comenzó con el rollo de Q ha terminado con una reflexión sobre la niñez y con la lectura ayer (esto parece un festival), del cuento De Los Apeninos a los Andes que aparece en el blog de Edmundo D’Amicis, titulado Corazón, y también la de otro libro de John Irving. Amicis habla de la infancia como el territorio del descubrimiento y el corazón, en el de Irving hay muchas versiones sobre lo que es el corazón y un número parejo de descubrimientos y desgracias.

Las casualidades de la vida han hecho que esta semana casi terminase con el clip del marinero moribundo y el niño repipi de las lágrimas de cocodrilo. Ahora que lo pienso, es bastante extraño que pusiese ese vídeo para ilustrarnos sobre los accidentes de trabajo. Aquí tenemos a una lírica, debía estar pensando el jefe. Desde luego no llevaba maquillajes y, si bien no era lánguida, había en ella una mirada soñadora, tal vez la de alguien que hubiera devorado las obras de Verne con nueve, diez, once años, una niña que después se hubiera metido en el gremio de los riesgos para salvar a los marineros portugueses de la realidad.

Cuando he encontrado en el Diagonal la entrevista a los sucesores de Luther Blisset (al fin y al cabo no eran tan vendidos) se ha caído definitivamente el ejercicio de esta semana y hemos vuelto al de la semana anterior. Un día ha durado la infancia.

17.4.08

Prevención

Hoy tenemos curso de prevención de riesgos en el curro. Ya he pasado por eso. Viene una señora de recursos humanos con un Powerpoint y empieza a pasar gráficas de lo que habría que hacer si hubiese un incendio. Si se quemara algo, aunque fueran las tostadas, no lograríamos salir vivos del sótano en el que estamos. Nos golpearíamos con la máquina de Nestle, con las cajas de papel que hay justo a la entrada y el tufo embriagador del humo nos asfixiaría, nos metería en un dulce sueño en el que quizá viésemos a esa mujer de recursos humanos vestida de hada, señalando la ruta hacia la salvación con una varita o con un puntero láser a guisa de.


Cuando termine con los incendios lo más probable es que explique las tres formas como se tronza una espalda. Es muy sencillo: por arriba –cervicales-, por en medio –no sé cuál es- y por abajo –lumbares-. En el curro compraron unos bancos en los chinos y quieren hacerlos pasar por reposapiés. Cuando plantas la peana en el banco, la rodilla te da contra el tablero de la mesa, salvo si dejas que el culo resbale en el asiento y acabas apoyándote en la rabadilla. Casi nadie utiliza los reposapiés, aunque hay que decir que la mayoría –excepto los becarios- son más jóvenes que yo, y hay que suponer que como son más jóvenes tienen la espalda mejor, de hecho podrían trabajar de pie, siempre que les dejaran hablar de fútbol y canturrear temas de Estopa que tratan sobre ciegos de porros.

El último rato del cursillo lo dedicará a hablar de cómo tienen que colocarse las pantallas de ordenador. Verá que las nuestras están mal colocadas, que hay que ponerse en posición de recibir collejas para leer lo que escribimos; pero la mujer se tendrá que hacer la sueca “no he venido aquí para salvar el mundo”, pensará, “total, son chicos jóvenes (excepto los meritorios) no les puede pasar nada malo, unas cuántas dioptrías que se curan con un láser, un pinzamiento, bah, ¿qué es eso?”.

Hace poco nos subieron a la parte VIP de la oficina para anunciarnos que nos rebajaban la nómina por un tema de convenios y porque la mujer del jefe no se conformaba con un solo visón. Lo típico. El caso es que el discurso comenzó igual que esta vez: “La ley nos obliga a…”. Les obliga a dar el curso de prevención de riesgos. Pierden dos horas de producción pero lo cumplen. En fin, creo que la ley no aprobaría el sótano, pero la que nos dé el curso dirá que tenemos que poner una buena postura y si vemos llamas, correr, correr hacia la luz.

16.4.08

Blogueros y trascendentes

Acabo de leer una frase del surrealismo (creo que es de Aragon): “cada persona tiene una frase que puede destruir el mundo”. Tiene más mérito porque cuando lo dijo no existían los blogs: su frase se pintaba en la puerta de la Sorbona, pero la del resto del mundo pasaba desapercibida, en el murmullo del mercado, en la soledad de la celda, en el pasillo del ministerio. Un ejemplo de estas frases (que llevan a una destrucción más moral, por tanto simbólica, que real), es ésta que leí en un blog, o en unos comentarios: “moriremos de intrascendencia” dijo un notas.

Con una oración, cada persona puede poner en juicio el sistema de valores. Pero eso, que en realidad no afecta tanto al sistema, perjudica a quienes las toman a pies juntillas. Las retóricas de guerra y el “hacer frases” suele comenzar como pasatiempo y puede terminar en guerra o en un “contigo no se puede” que conlleva un gigantesco fracaso.

Los blogs como parte de un nuevo género literario, libres de compromisos como cualquier género que nace, se mueven naturalmente por estas retóricas, arrojan estas frases, que han perdido, quizá, parte del poder que Aragon les daba. “Moriremos de intrascendencia” alcanza esa potencia porque en la comunicación escrita está despojada de cualquier tipo de humor. En la vida, sin embargo, el que lo dice puede haber presumido unos segundos antes de su móvil de novena generación, o puede que diga: “moriremos de intrascendencia ¿sabes? O sea…”, o bien “moriremos de intrascendencia y tal”, o bien “moriremos de intrascendencia y me voy a pedir otra caña”.

Les mandé a mis amigos el post anterior y afortunadamente uno me ha contestado que no entendía nada: traté de explicarle que al hablar de las revoluciones y de los jueces de lo revolucionario quise trasladar la idea que me quedó del libro de Camus (Ed. Alianza) de que el verdadero hombre rebelde es el que se juzga a sí mismo de idéntica forma cómo juzga a los demás.

A lo largo de la historia ha habido dos grandes clases de actitudes, la de aquellos que juzgan a sus vecinos con mayor benevolencia de la que aplican para sí, a saber, los mártires; y la de la mayoría que es más dura con los actos de los demás de lo que lo es con los propios. El ejemplo extremo de esto es la pena de muerte: rara vez el verdugo paga el mismo precio que su victima. Casos como el de Saint Just son una excepción. Convendrán conmigo en que uno de los dramas es que el que manda a la gente a la guerra no va a la guerra. Lo más probable es que Agamenón pasase los diez años en su tienda, divirtiéndose rijosamente con Briseida, mientras griegos sin nombre se batían el cobre sin el auxilio de Marte ni de ningún otro Dios. Pensar que otros merecen morir por nuestras ideas es tan perverso como el siglo XX.

Las frases incendiarias, y aquellas que favorecen una destrucción más sutil del universo han encontrado en los blogs su contenedor justo. Algunos fingimos trascendencia, pero el envase es de usar y tirar. Se ha perfeccionado o democratizado el valor pasajero de los periódicos, se han multiplicado los titulares, las opiniones, los ademanes. Un bloguero no tiene sólo una frase que pueda destruir el mundo, tiene un arsenal de frases de fogueo. Estén atentos, si no.

13.4.08

La Revolución, desde mi sillón

Ayer me enteré que estos de Luther Blisset escriben para Berlusconi (en un medio suyo) y la verdad es que bastantes aspectos del libro lo justifican. Sin destriparlo, digamos que los medios de la revolución van siendo cada vez menos expeditivos hasta que se renuncia completamente a aquélla. Por eso algunos prefieren llamarla desde el principio utopía y se quedan tan anchos. Sobre los medios de la revolución he estado leyendo un libro que también recomiendo aunque no me acuerdo ni de la mitad. No le echen la culpa a El Hombre rebelde de Camus porque es un libro sensacional y celebérrimo. La revolución pone a muchos inocentes entre el martillo y el yunque. Que se renuncie a ella no significa que uno pueda ponerse a escribir para Berlusconi con la misma cara.

Leí eso antes de ayer en los comentarios de un blog que han hecho y que se llama Quién está detrás de Diagonal.


Diagonal es un periódico rojeras que dice que se financia con las suscripciones. Yo veo a los que trabajan en él y creo que dicen la verdad, pero váyase a saber, lo mismo tienen una cuenta abierta en Suiza o hay algún topo de la CIA metido, o todos son topos de la CIA y tienen a uno de los movimientos sociales moliendo café.

En el foro hay comentarios que asustan al miedo. Uno en concreto les pide que se autodisuelvan porque van en contra de los Movimientos Que Se Lo Curran De Verdad. Esta serie de Movimientos se caracterizan por que están llenos de reformistas que perjudican el trabajo de los que Se Lo Curran de Verdad, quienes pierden demasiado tiempo discutiendo con ellos sobre el Trabajo Que Se Podría Estar Haciendo. Uno de los que más se lo curra estaba sinceramente indignado con los del Diagonal, que no es que no se lo curren, es que directamente insultan a los que tienen claras las nociones de Trabajo y Movimiento Social. La conclusión de ese comentarista es que la única salida digna de los periodistas enemigos es el Harakiri: político para la mayoría, físico, en el caso de los reformistas más recalcitrantes.

Uno de los momentos históricos que analiza Camus en su libro es el auge y el tajo de la carrera política del francés Saint Just, cabecilla junto a Robespierre de los de la montaña. Camus reconocía en el primero el sentido de la justicia con que recibió su sentencia de muerte: quien a hierro mata a hierro termina. Otro de los personajes de Q marcha solo hacia las filas enemigas cuando considera que su Trabajo ya está hecho. Hay que agradecer que existan personas dispuestas a quitarse de en medio, da igual que sea de una conversación que de una revolución.

Sería importante ver lo que harán los que Se Lo Curran De Verdad cuando se les aclame como jueces de un tribunal revolucionario; sin embargo nada señala que se vaya a convocar de nuevo un tribunal revolucionario. ¿O es que alguien sabe más de lo que dice? Hay que preguntarle al topo.

11.4.08

Era de las malas

La grandeza malvada de la Celestina es que es la más astuta entre otros personajes mezquinos, ridículamente perversos. La muerte de Celestina es la más tabernaria, la más pasional, menos literaria que el suicidio de Melibea, tampoco infantil como la de Calisto.

Uno de los autores a los que he leído, creo que Maravall, apunta la importancia del salario, práctica que se extendió en el periodo en el que vivió Rojas. Suena el tintineo de las monedas y se derrama el vino en la mesa de la vieja alcahueta, los criados se reúnen con las prostitutas para poner verde al patrón, la gerente de la empresa se distrae escuchando los groseros lamentos de Sempronio, Areusa, Elicia, Pármeno. No tarda en sentenciar su voz: Quando seays aparte, no quiero poner tassa, pues que el rey no la pone.

Quinientos años después nada ha cambiado (Risas y aplausos).

Se me ocurre -así por ciencia infusa- que uno de los factores que más ha evolucionado es la noción del amor libre. El mercado planea por encima, pero nos gusta creer que a eso no se le debe llamar amor. Como dijo algún bolerotango: es vano resistirse a su inocente llamado.

Es bonito el amor. Sí al amor.

¿Por qué no era libre Calisto? Ahí es donde el sagaz autor mete su libro en la Alta Literatura Pero De Verdad. Hay quien opina que la imposibilidad es, ante todo política: según ellos, la familia de Melibea representaría a los cristianos nuevos burgueses con gorilas profesionales frente a los más divididos que débiles corros de castillo e iglesia.

Para la historiografía oficial la solución es que no hay impedimentos para el bodorrio. Las miradas de los tres jurados se vuelven hacia Calisto, y este las desvía hacia Celestina, y la vieja lanza una mirada significativa a la joven. El amor loco de Melibea sería incompatible con el matrimonio, se ha dicho. La tercera apaga un tanto la lumbre de Calisto y aviva las del amor verdadero por una cadena de oro.

Otro malo que acojona es el que no tiene cejas de Perdidos.

10.4.08

Tangos

Me apena comprobar que el gris chirría. Tengan por cierto que hice los cambios en el blog para que se sintiesen más cómodos. En fin, no sabe uno cómo acertar.

Como decía la canción: el recuerdo que tendrás de mí será horroroso.

Hay espacios indefinidos en las nostalgias, pero suelen ser en blanco y negro, y más en las nostalgias de tango, tan crueles que hasta el perro compañero las siente y nos abandona. Mi vecino dice que la clave es perdurar: "de aquí no se va ni dios" dice en las reuniones, y como es grande todos nos quedamos sentados hasta que acaba su discurso. Luego, de vuelta, se confiesa: “En algunos momentos no sé ni lo que digo. Pero qué coño”.

Yo tenía una compañera en la facultad que levantaba la mano sin saber lo que iba a decir. Mañana será directora de museo. Con el tiempo nadie se burla, ni siquiera en privado, se deja que hablen (se puede decir más alto pero no más claro). No nos sorprenderá cuando lo nombren presidente de la comunidad.

Sin novedad con respecto a los nuevos becarios. Definitivamente parecen veteranos de varias crisis. A estas alturas hay caras que ya me resultan familiares, de gente que ha podido hacer algún curso de la Tripartita. El símbolo de la Fundación Tripartita es como la cinta de Moebius, y no parece casualidad. Hay un eterno retorno, muchos barcos que hacen idéntico recorrido. La Fundación Tripartita sería entonces como el proyecto Dharma. Estaríamos recorriendo esa cinta constantemente, sólo cambiaría el ademán, dependiendo de si pasamos por la parte interior o exterior del bucle. Por el lado soleado o el oscuro.

Afortunadamente he podido utilizar la palabra paquebote. Comprendo que puede parecer forzado pero, por si no lo han notado, mi cambio de actitud con respecto al blog me está trayendo sinsabores.

Ha surgido de un consejo que leí que daba Tom Wolfe a los escritores jóvenes. Me gusta que los escritores den consejos que no sean de perogrullo. Wolfe dijo que había que olvidarse de la ficción en los primeros años. Va muy bien vestido como para no hacerle caso.

Hay un tipo de consejo de escritor que odio, que suelen soltar los escritores a los que más odio. Son esos consejos que empiezan de diferentes formas pero que siempre acaban con la ecuación: “si el escritor joven no hace tal es mejor que se dedique a otra cosa”. No creo que se pueda ser más mezquino. La clave es permanecer, perdurar, como dice el futuro presidente del bloque.

En algunos momentos no sé ni lo que digo. Pero qué coño.

No me van a echar unos cuántos tipos sólo porque tengan más de tres visitas. De momento hay que abstraerse, recorrer el camino sin percatarse de los pliegues que lo convierten en bucle. Quizá la Fundación tenga otros planes para mí.

9.4.08

Los espacios intermedios

Hablaba de Chandler pero creo que iba más por Pepe Carvalho. A los italianos les pirra. Les encanta dar recetas. Yo creo que para cualquier lector es importante Montalbán. Igual que de otros –quizá mejores- se puede prescindir, es una gran pérdida huir de su interpretación de la realidad. Es mi opinión. Y sin embargo dije Chandler para internacionalizar mi alabanza: dos referencias, dos anglosajones, un problema de albionismo galopante.

Por el momento dejo la religión. Pasemos a otros temas.

La crisis así en crudo la he visto esta semana en mi puesto de trabajo. Han entrado veinte becarios del tirón. Ayer les estaban enseñando Photoshop. Los llaman becarios pero son talludos, seguro que alguno ha hecho la mili. Los que no somos becarios cobramos entre 607 y 810 euros al mes (depende de las horas que le eches), ¿cuánto cobrarán estos? Los veinte vienen por ETT.

En una de mis más lamentables intervenciones políticas, en los tiempos de la intemerata, me subí al estrado con una serie de ejemplos y escasos recursos para ilustrarlos ante un nutrido grupo de camaradas. Se me ocurrió decir que debíamos seguir considerando que las ETT eran el ariete del enemigo, sí, pero que en ningún caso podríamos juzgar al trabajador que buscase en ellas su pan. El ejemplo pasó desapercibido entonces, lo suelto ahora a ver qué pasa.

“Viajero, cuando tu cuenta lleva el número de un Peugeot de gama baja
y te encuentres abatido,
confía en la palabra, viajero”

(A. Cohaagen. La Haya. 1997)

Por otro lado, estoy haciendo un artículo sobre la edad de oro para los cien números de la revista. En cuanto echo la vista atrás el oro vuelve a parecerme latón. Me da que la edad de oro es esta. Ahora no trabajo por ETT. Quizá sea el momento de ponerse a escribir recetas (¿O es que no he dejado de hacerlo nunca?) Para esta crisis, sin embargo, me parece una receta mejor la que dejó Montalbán: quien calcula compra en Sepu.

Contesta a estas preguntas ¿se puede pagar una hipoteca con un contrato de becario? ¿quién quiere vivir en Seseña? ¿cuánto ha durado esta vez el engaño de los buenos tiempos?

Entre los grumetes hay emigrantes y españoles que frisan los treinta y cinco. Cuando entré en este sitio yo también pedí que me amarraran a la proa, para no moverme. Ahora me da un poco igual. Un asunto de conformismo. Si avisto otro barco me cambio y luego ya veremos. Hay un montón de paquebotes malayos. En todos se las gastan de formas parecidas. Estoy pensando en taladrarme la oreja otra vez.

8.4.08

Tiene que llover



Y sin embargo me parece bien que los franceses hayan intentado apagar la antorcha con Pastís, o lo que sea que le echaran. Hacen falta estos detalles.

Tiene que llover le dije a la vecina. Hostia que sí, contestó. Los dos salimos del ascensor convencidos de que el chaparrón duraría por lo menos un par de días, pero hoy me he levantado y el cielo estaba hecho de retales, había un dorado en los marcos de la ventana de enfrente, el dorado familiar, y esos pájaros que cantan solo a veces.

No es que el tiempo me importe mucho, me importa más que la antorcha olímpica, pero me gusta que cambie. Ayer me terminé Q. El otro día dije Matthys y Rothman, aunque también me refería a Jan de Leiden, que estuvo expuesto en una de las jaulas que hay en la foto que he colgado. Es una novela parecida a las de Robert Graves protagonizada por un personaje parecido a los de Chandler (así se la vendería al productor que quisiera hacer la película). Ya digo que ésta no es especialmente brillante, no llega a Opus Nigrum ni a las de aquellos dos; sin embargo, con cuánto gusto he pasado las páginas.

Hay unas novelas que están destinadas a acabarse, otras, en cambio, deben ser releídas. Acabarlas es un paso intermedio. Esas novelas ya encierran una parte nuestra. A veces podemos renunciar a ese trozo, dejarlo ahí, como una medalla de la infancia; sin embargo otros libros nos llamarán de nuevo con ese reclamo y veremos que esa piel que dejamos en Ana Karenina o en Rojo y Negro ha podido envejecer, quizá esté podrida.

Qué absurdo es creer que hay un mercado que pueda regular eso. Anda que pensar en que si hay dios se le puede comprar pagando a los curas. Y aunque sea absurdo y ridículo, es así. Es más verdad que los términos absurdo y ridículo. La compra de indulgencias, de prebendas, de imperios, de secretos, tan actual hoy como en el imperio de Carlos V. Y la iglesia no ha cambiado, sólo que el mercado ha crecido.

Ha cambiado más el clima que el tiempo. La técnica que la estrategia.

Anda sí, lo que tú digas. Mandan igual que en el siglo XVI.

¿Seguirán las tres jaulas colgadas de la catedral de Münster?

6.4.08

El problema está en China

Aquí la cosa va así: ponen a Pepe Bono de presidente del congreso; hacen una película sobre un barman judío que sobrevive en Mauthausen preparando daiquiris para los reyes del campo; compran cien vagones último modelo a una empresa alemana mientras en Alemania se siguen usando vagones de hace veinte años; suman redes de alta velocidad que no le compensan a ningún otro país; omiten cualquier alusión a las plagas de crímenes más significativas; dejan que les critiquen otros que no hacen nada y no hay tertulias que radien las críticas de los que sí hacen; gastan millones en campañas que llaman al ahorro, hablan de crisis y quieren organizar olimpiadas y se sigue dando dinero a unos cuantos solterones que se visten de negro o de violeta para dar misa (y se sigue dando misa).

En “Callejeros”, el viernes, aparecieron dos señoras, la primera llevaba gafas de sol, hipotecó dos casas para montar un negocio, el negocio de hundió, pidió un préstamo a Mr. Scrooge para pagar la hipoteca y ahora debe hasta los tallarines que se come los viernes por la noche. La segunda señora quiso especular, montó una promotora, empezó a construir un edificio allí donde Cristo perdió el bonobús, nadie o casi nadie se dejó encandilar por el ladrillo visto, los albañiles se marcharon, las ventanas aún están sin marco, la señora dice que es la pescadilla que se muerde la cola, y la verdad es que el edificio parecía exactamente eso, una absurda redondez en medio de un páramo.

No sé dónde leí hace poco (¿fue en un blog?) que en China se mide la corrupción de las autoridades del barrio según el número de casas que se han quedado a media construcción. Pero aquí la corrupción no se mide así. Lo más probable es que esas señoras, en algún momento, le hayan echado la culpa al gobierno de sus desgracias. La broma del estado liberal es que cuando las cosas van mal la culpa la tienen los únicos a los que se elige. Y lo malo es que lo mismo los elegidos no tienen la culpa de que esa señora se arruine, pero cuando especulan a ellos no les pasa eso. A ellos los negocios les van bien.

La corrupción y los derechos humanos en China están hechos una pena. Alguien tendría que enseñarles a los chinos un par de cosillas.

3.4.08

ACERCA DE LA VOLUNTAD

Sigamos. Ayer hable de los clones y luego me desdije. No pienso que haya un patrón, la verdad, cada uno elige su camino, eso es lo que nos enseña Barack, el Martín Lutero de esta generación. La voluntad siempre galopa destacada en la carrera de la raza humana. El problema, en mi humilde opinión, es que, sobre todo en el siglo XX, el humano comenzó a preguntarse si ese galope no nos estaría conduciendo más rápido al quicio del precipicio; el fin de la historia, como lo interpreto, evidenciaría que la voluntad puede ser tomada como un valor relativo más. No sé qué pensaría Schopenhauer que escribió sobre el “Triunfo de la voluntad”, y supongo que Obama, como político, como americano, discrepará acerca de la rebaja del oro de esta medalla. En otro tiempo yo estaría ensalzando la voluntad, escribiría acerca del gran valor de meterse en el metro a respirar virus a cambio de un sueldo ajustadísimo pero después de ver a amigos míos en bata, haciendo masters en el solitario de Microsoft, no me siento con ánimo para convencer a nadie de que el empuje sirva de nada. Confían en el estado asistencial del futuro y me sumo a su afán, a pesar de que no me gustaría aparecer en el nihilismo –al menos no tan pronto-.

Yo de momento me pongo chandals y me siento delante del ordenador a cambiar el aspecto del blog y perder por tiempo en el ajedrez. El día que me traigan una cesta básica ya no tendré que salir a pillar virus. Es posible que entonces crea en el sistema; éste habrá cambiado de manera formidable. “Cuando los esclavos sustituyan el mono por el chándal, vivan con poco, apliquen la estática para calentarse el culo, tengan calambres en los dedos de coger el ratón, piensen y sigan comiendo únicamente arroz con sal, entonces, sólo entonces habremos aterrizado en el futuro. Nadie será igual a otro a pesar de que las variaciones materiales serán mínimas, casi imperceptibles para alguien que no viva en ese estado. La homogeneidad es y será una divisa señera del ser libre. Hasta que llegue ese día, los visionarios que lo hayan aceptado serán considerados vagos, nihilistas, incluso inútiles. Es su labor resistir con las batas puestas. Aún no comprendemos que esa resistencia es su tarea y al mismo tiempo su disfrute, y que eso es lo que dota de sentido a su empresa” (V.Cohaagen “El Amor nihilista” Haarlem. 1982).

2.4.08

Estoy pensando…

Que quizá alguien piense que estaba echando pestes del sistema editorial, y no, no era eso, el curro que perdí era del gremio de repartidores, estaba muy bien pagado. Lo del primo no iba por ahí, que parece que uno está siempre hablando de lo mismo.

En fin, picando no se está tan mal. Ahora ya no sé porque estaba hablando de clones. Ha sido esta mañana cuando me ha dado. Me refiero a las Maneras de vivir, claro, fuera de la ciencia ficción. Esta tarde me he puesto los cascos y p'alante. Como los Leño. O Ruth Brown, o como Maxine Brown. Haciendo Micras toda la tarde.

Nota: Las Micras son las inserciones mínimas en Páginas Amarillas. Si quisiera hacer ciencia ficción les diría que las Micras se atrincheraron en Münster y resistieron el ataque de los Plan Priority (que es una de las inserciones más caras). Pero el trabajo no hace que uno se vuelva tan especial como para componer relatos divertidos sobre la marcha. En el fondo se es un clon de todos y de nadie ¿no?

No creo que mañana piense lo mismo.

CLON CLON (DE CAMPANA)

El asunto me ha asaltado tan de pronto que no aspiro a dejarlo cerrado hoy, sólo lo apunto, mañana quizá, o pasado mañana, seguiré con ello, y al otro, y al otro; todo ha sucedido en la vida, no en esta vida de blog, sino en la mía, en la que busco un trabajo, voy a una entrevista, me quedo medio contento, y eso que sé que no me van a pillar porque cuando salgo por la puerta aparece un tipo que es como el primo perdido del entrevistador, que se parece hasta físicamente. Quién sería capaz de no darle trabajo a un familiar; hubiera sido inhumano que me contrataran a mí. Me habría puesto sobre aviso acerca de mis futuros jefes, alguien que me diera empleo antes que a su clon no iba a ser de fiar. La virtud no es eso. La justicia es que le hayan pillado a él: el puesto le iba como anillo al dedo gordo.

Pero claro, si el primo encuentra un puesto y todo va como la seda me asalta la duda de si encontraré a mis clones. Dónde empezar a buscar. Si son clones verdaderos no pondrán anuncios en infojobs –si son clones “clavados” lo más seguro es que no tengan trabajo para ofrecerme-. Dónde, digo, tengo que empezar la pesquisa ¿bajo el puente? ¿En las empresas para las que ya curré? ¿En la inclusa? ¿En Münster? Si alguno de ustedes tiene una idea, que la exponga, por favor. Como digo, tenemos tiempo: encontrar al otro yo no es cosa de un día. Y menos si aspiro a que sea una versión mejorada.

Nota: Como quizá recuerden, Münster fue la ciudad de los Anabaptistas (c. 1535). Allí se congregaron masas entorno a los predicadores más fogosos de la época, hombres como Rottman y Matthys, nombres relegados a la historia de categoría preferente. Normalmente la segunda o tercera oleada protestante aparece retratada por medio de lo esotérico y del fanatismo, sin embargo, su rabia tiene todas las trazas de una revolución contra los de siempre (revolución que por supuesto incluye y se desvirtúa en buena medida por el crimen). Todo esto viene a cuento de que me estoy leyendo Q, obra de unos autores misteriosos que firman bajo el seudónimo de Luther Blissett, aunque ese tema y la ciudad de Münster también aparecen en Opus Nigrum de Yorcenaur. Como ven la búsqueda del clon es poco activa: ayer, en el metro, no levanté la vista del libro.