¿Qué sucede con los años que pasan igual que los días? ¿tuvo alguna vez veintidós? Podría acordarse pero no le merecía la pena. Miraba hacia delante, se quejaba, encontraba en la irrelevancia de sus propios recuerdos el paroxismo de la experiencia vital; si omite que antes fue, encuentra un contacto más intimo con la realidad; de alguna forma anhela el primer contacto, lo busca, lo recrea, y alguna vez, durante unos pocos segundos, siente de nuevo ese vértigo amnésico, ciertamente peligroso si fuera duradero, grato cuando es como una pompa en el cerebro que estalla para dejarlo todo igual.
En la cena del instituto, cantaron. Fue agradable con la camarera antes de golpear la mesa al ritmo de los himnos. Sonrió aliviado cuando se acabaron los postres y las botellas. Hubiera querido que aquello no tuviera que ver con lo ritual. Saludar, cantar, repetir sus chistes a una manada de extraños, no a los mismos personajes que veía desde los catorce (naturalmente cambiados, pero iguales); la limpieza -pensó- es imposible cuando tu patrimonio no sólo te pertenece a ti. El drama de los amnésicos es más social que individual: "si nadie les dijera que tienen que recuperar algo"
Llegó el último a la cena. No había espacio para él. Se pudo colocar en una esquina, enfrente de los que mejor aprobaban (quizá disfrutaran) con ese catastro de sus recuerdos. La sensación de que se había quedado fuera hubiera sido más grata si no hubiera asistido. Allí lo interpretó con un penoso significado: fue como si fingiese reconocer a alguien que le había saludado en la calle. Sentado de lado, a medio metro de la mesa, esperó que los brindis y el barullo le sumergieran otra vez en los años.
Se despertó con resaca. ¿Qué había pasado los últimos trescientos y pico días? ¿Por qué no habían cambiado los himnos, ni el restaurante, ni el sabor del orujo de hierbas? ¿Qué clase de vida sin ciclos practicaba? Paladeó la necesidad de dejarlo todo como lo encontró. Se puso a contar uvas.
31.12.07
27.12.07
¡QUÉ POCA PICARESCA!
Puedo decir que he elegido la precariedad. No acumulo méritos, es cierto. Al menos ya no me levanto ni a las seis ni a las siete; no me pego grandes viajes y mira que lo siento, pero a la gente que cobra de mil para arriba tampoco les veo moverse mucho. Algunos compañeros de curro hablan de otros países como si fueran material de novelas. Creo que he viajado bastante, pero ahora mi mundo se extiende a la zona B2. Debí haber puesto empeño en hacerme ingeniero, así podría haber sido cualquier cosa, con la partícula adherida a una tarjeta: Ingeniero P. E. Me podía haber comprado o vendido mejor, sin embargo me pudo… (...) ¿Qué me pudo? ¿La pereza, la abulia, el interés, el desinterés, la sinvergonzonería, la situación? ¿me pudieron las ganas? (...) Y ahora escojo un trabajo de maneja-ratones por que puedo (de momento).
Si cuando queden diez años para mi jubilación suscribo estas palabras en este orden, habré completado la cuadratura del pentágono liberal. Pero lo dudo. Imagino que terminaré en una oficina, en el caso de que para entonces exista tal cosa, pegado a un contrato indefinido como una lapa. O en algún sitio peor.
Todos los días, alguien se va del sótano que frecuento. No se ve a ningún anciano picando datos, hay un grupo de mujeres de cuarenta a cincuenta, tienen horarios especiales, y entre los jovenzuelos yo tiro a veterano. A una chica le han llamado hoy y se va a currar a un periódico gratuito, otra se fue el lunes a hacerle revistas a siete empresas. Por si les dice algo, las dos son periodistas (ver Manuel Ortiz). El almanaque de la precariedad en la que se está convirtiendo esta vida laboral es, en sí mismo, una estadística. Sin embargo (supongo que gracias a la carrera: historia del arte) he podido escoger hasta ahora la clase de menoscabo que estoy dispuesto a admitir en un curro. Por eso creo que irme de Güater Inc. fue un acierto. Un acierto dentro de un largo listado de golfas decisiones.
Si cuando queden diez años para mi jubilación suscribo estas palabras en este orden, habré completado la cuadratura del pentágono liberal. Pero lo dudo. Imagino que terminaré en una oficina, en el caso de que para entonces exista tal cosa, pegado a un contrato indefinido como una lapa. O en algún sitio peor.
Todos los días, alguien se va del sótano que frecuento. No se ve a ningún anciano picando datos, hay un grupo de mujeres de cuarenta a cincuenta, tienen horarios especiales, y entre los jovenzuelos yo tiro a veterano. A una chica le han llamado hoy y se va a currar a un periódico gratuito, otra se fue el lunes a hacerle revistas a siete empresas. Por si les dice algo, las dos son periodistas (ver Manuel Ortiz). El almanaque de la precariedad en la que se está convirtiendo esta vida laboral es, en sí mismo, una estadística. Sin embargo (supongo que gracias a la carrera: historia del arte) he podido escoger hasta ahora la clase de menoscabo que estoy dispuesto a admitir en un curro. Por eso creo que irme de Güater Inc. fue un acierto. Un acierto dentro de un largo listado de golfas decisiones.
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20.12.07
ÁNDE SA´BRÁ METÍO EL LUGAR PLÁCIDO
Mientras me pisaba el bajo del pantalón, sujetando la presilla con el índice y una cesta con champán, entre los charcos de la ciudad universitaria, que aún no reflejaban la luna, estaba escuchando que Arauco tiene una pena y pensaba en que mi Locus amoenus deja mucho que desear.
Si digo que pasé la mañana entre Gonzalo de Berceo y Violeta Parra, que comí de canapés, y que a los jefes les dio vergüenza que les viésemos pelar la pava y nos dejaron marcharnos a casa, resumo el día y creo que el párrafo es lo bastante corto, de manera que nadie tiene que exprimirse las meninges para entenderlo.
El horóscopo ha dicho que hoy iba a estar a lo que no he estado. Sueña la margarita con ser romero, cantaban los jefes, así los he conocido, bailando (ellos), yo pensaba que la romería simboliza la vida en la lírica medieval. Con aguafiestas que piensan en símbolos, es normal que los jefes nos mandaran a casa. Como seguía lloviendo, he renunciado a buscar otro Locus amoenus. Cargado con la cesta, he vuelto al coche, que se parece.
La romería ha derivado en un atasco, pero, con estos lugares portátiles y esa música de luna en los charcos y ritmo en las caderas, se ha llevado mejor (si es que antes lo había llevado mal, sinceramente no lo sé).
De vuelta al apartamento he puesto el piloto automático que me llevará hasta las seis de la mañana. En mis planes no está volver a salir a la búsqueda de aquél paraje donde me tumbaré para rasguear mi canción.
Si digo que pasé la mañana entre Gonzalo de Berceo y Violeta Parra, que comí de canapés, y que a los jefes les dio vergüenza que les viésemos pelar la pava y nos dejaron marcharnos a casa, resumo el día y creo que el párrafo es lo bastante corto, de manera que nadie tiene que exprimirse las meninges para entenderlo.
El horóscopo ha dicho que hoy iba a estar a lo que no he estado. Sueña la margarita con ser romero, cantaban los jefes, así los he conocido, bailando (ellos), yo pensaba que la romería simboliza la vida en la lírica medieval. Con aguafiestas que piensan en símbolos, es normal que los jefes nos mandaran a casa. Como seguía lloviendo, he renunciado a buscar otro Locus amoenus. Cargado con la cesta, he vuelto al coche, que se parece.
La romería ha derivado en un atasco, pero, con estos lugares portátiles y esa música de luna en los charcos y ritmo en las caderas, se ha llevado mejor (si es que antes lo había llevado mal, sinceramente no lo sé).
De vuelta al apartamento he puesto el piloto automático que me llevará hasta las seis de la mañana. En mis planes no está volver a salir a la búsqueda de aquél paraje donde me tumbaré para rasguear mi canción.
17.12.07
CICERÓN RESPONDE
Yo, persuadido por aquel verso que todos conocen y que prohíbe "avergonzarse del arte que se profesa", y obligado, además, por tu empeño en recibir este volumen, juzgué conveniente, sin embargo, defenderme de los que en algo pudieran acusarme.
Y si esto no fuera así, ¿quién habría de ánimo tan duro y agreste que no me concediera esta recreación y entretenimiento, ahora que no puedo dedicarme al foro ni a los negocios públicos? Yo no puedo entregarme al ocio, y temo más la tristeza que las letras. Lo que antes me aprovechaba para los juicios y la curia, ahora me deleita en casa. Y no sólo me ocupo en cosas tales como las que este libro contiene, sino en otras mucho más graves y mayores, y si logro verlas terminadas, pienso que mis ocios domésticos igualarán a mis defensas judiciales. (...)
Y si esto no fuera así, ¿quién habría de ánimo tan duro y agreste que no me concediera esta recreación y entretenimiento, ahora que no puedo dedicarme al foro ni a los negocios públicos? Yo no puedo entregarme al ocio, y temo más la tristeza que las letras. Lo que antes me aprovechaba para los juicios y la curia, ahora me deleita en casa. Y no sólo me ocupo en cosas tales como las que este libro contiene, sino en otras mucho más graves y mayores, y si logro verlas terminadas, pienso que mis ocios domésticos igualarán a mis defensas judiciales. (...)
Cicerón (El Orador) Traducción de Menéndez y Pelayo.
14.12.07
¿YA LES HE CONTADO LA HISTORIETA DE ALF?
Esta tarde estaba flojeando en el curro, los de al lado hablaban de los pantalones de uno que los lleva cagados, se le ven los gallobas (calzones), y le decía el otro, ¿te da el tiro? y el de los vaqueros le decía, son comodísimos, pero no cuela, y luego ha dicho, están a la moda, y después yo he contado esta historia, que no es una leyenda urbana (antes había contado la del perro rata de la india, porque el de los pantalones cagaos ha contado que una niña tenía una pitón desde que ambas eran pequeñas, y cuando estaba a punto de alcanzar el tamaño de la niña, la pitón había dejado de comer, y el veterinario le había dicho a la niña: “está esperando a ser tan grande como tú para comerte cuando estés dormida, soñando con pantalones que aprietan o con pañuelos demasiado anudados). La que he contado después de la del perro rata de la india no es una leyenda como la del perro rata, sucedió de verdad y lo sé por que me lo contó mi colega Ástor, y dos o tres más que estuvieron allí, y además fue una noticia que pusieron en el Telediario, y después de eso vi una vez al pibe al que le había pasado, yo le conocí siete o nueve días antes de que le pasara, y era un flipaó, el típico que habla tres horas seguidas sobre los Sepultura, y mi amigo Ástor que se había ido con él y con otros amigos (lugar común: no eran muy amigos y después lo fueron menos) luego siguió viéndole de vez en cuando, y eso es mucho porque el Máxtor no ve a casi nadie; así que doy fe de que Alfredo, en adelante le llamaré el loco de los Sepultura, se cayó en un río de Noruega –puede que fuera de Suecia- y estuvo a punto de morir porque el tiro del pantalón no le dio cuando quiso saltar tres baldosas de agua, un inofensivo metro y medio de cauce que decidió que era mejor pasar estirando la pierna, oh, qué paradoja, porque estuvo a punto de estirarla de verdad. Y lo que en un río de Rascafría hubiese sido una coña -yo me caí en Ávila a un lago y se rieron- estuvo a punto de matar al barbián, que se quedó enganchado a una roca, recibiendo hidromasaje brutal, congelándose, hablando con Ástor y con los demás colegas, el Perdi, la Six, el Pedro y el Alex, a saber qué diría, qué dirían ellos, te vamos a salvar, vienen para aquí los Geos, y Alfredo, agarrado, supongo que trataría de vivir si es que eso significa algo, (no vivir, tratar de) y el chorro, y los lloros, y las aristas de la piedra, y al fondo la cascada –o quizá no había cascada, pero al fondo la muerte, el fondo. Así que allí estaba, pensando en los discos de Sepultura que ya no oiría, entre otras cosas; hasta que aparecieron los héroes noruegos que convirtieron la tragedia en una historieta, y dejaron niquelado el comienzo de su fin de semana, tranquilos, que no se murió el chaval, ni la niña de la boa, ni la del perro rata (aunque de lo de ésta no estoy muy seguro, que igual se la comió el perro, tú).
11.12.07
COPIA DE SEGURIDAD
Esta clase de backup es ocasional. Considerando que no conozco Saba no debería inventarme los horarios de los barcos. Podría mirarlos. De momento, dejo que lo encuentren en otro sitio –no quiero reventar el globo por eso-. Así que toca amanecer, ensayar, un día más, hasta que alguien diga: te has equivocado. No era así.
Decía que la copia de seguridad, la autocopia, no la practico. Claro que, el silencio, eso es algo que también me cuesta. Comencé siendo un incontinente, y ahora apenas cuatro palabras son un templo. Sin embargo las traigo, como Numerobis.
Un ejemplo: lo de los horarios. Antes hubiera deshecho el jersey por el hilo. Bien pensado, creo que eso es lo que voy a hacer. Qué coño. Allá voy.
(Al fin y al cabo todo esto es provisional/ocasional).
Decía que la copia de seguridad, la autocopia, no la practico. Claro que, el silencio, eso es algo que también me cuesta. Comencé siendo un incontinente, y ahora apenas cuatro palabras son un templo. Sin embargo las traigo, como Numerobis.
Un ejemplo: lo de los horarios. Antes hubiera deshecho el jersey por el hilo. Bien pensado, creo que eso es lo que voy a hacer. Qué coño. Allá voy.
(Al fin y al cabo todo esto es provisional/ocasional).
5.12.07
MY TWO CENTS
Ayer en la tele vi que hay rankin de blogs y, madre mía, hay algunos que parten la pana. Yo no navego mucho, esa es la verdad, siempre se me ocurre lo que hay que ver en el youtube cuando no tengo internet y, por lo demás, visito unas pocas páginas que me gustan y tal. Pero esto del ranking me descubrió que hay un más allá, es decir que no vale lo que haces si lo que haces no le gusta a los demás, ellos dicen que vale menos, lo mismo da.
Luego hablando con Diego me ha dicho que ya no lee libros, dice que es porque ya se los ha leído todos y no le he querido llevar la contraria, supongo que quiere decir que a cierta edad la elocuencia es monótona. Pienso que el verdadero escritor es una persona que puede leer por lo menos dos horas sin interrupciones, más luego todo lo demás, pero primero eso.
El vanguardismo estuvo bien, pero ahora los laureados han vuelto a la elocuencia pura y dura, creo, la verdad es que no los leo. Instalados en el planteamiento correcto, la virtud es escoger temas guapos. Ya no se habla de la clase culta porque no se habla de clases y por que la cultura se le presupone a todo el que tiene hijos en la universidad, casa, y dos autos de Calderón o de los otros; el mercado es imprevisible y aquí no escribe el que lo necesita sino el que quiere y puede. No recuerdo bien de qué estaba hablando. La elocuencia, decía, vaya truco barato. Puede que ellos –si es que son tan panolis como para formar parte de un ellos- y ellas, idem., crean que les echo en cara que ganen pasta , pero no va por ahí, no es su forma de pasar el rato lo que criticó, es la vanidad, el ranking; es en definitiva, la parafernalia.
Luego hablando con Diego me ha dicho que ya no lee libros, dice que es porque ya se los ha leído todos y no le he querido llevar la contraria, supongo que quiere decir que a cierta edad la elocuencia es monótona. Pienso que el verdadero escritor es una persona que puede leer por lo menos dos horas sin interrupciones, más luego todo lo demás, pero primero eso.
El vanguardismo estuvo bien, pero ahora los laureados han vuelto a la elocuencia pura y dura, creo, la verdad es que no los leo. Instalados en el planteamiento correcto, la virtud es escoger temas guapos. Ya no se habla de la clase culta porque no se habla de clases y por que la cultura se le presupone a todo el que tiene hijos en la universidad, casa, y dos autos de Calderón o de los otros; el mercado es imprevisible y aquí no escribe el que lo necesita sino el que quiere y puede. No recuerdo bien de qué estaba hablando. La elocuencia, decía, vaya truco barato. Puede que ellos –si es que son tan panolis como para formar parte de un ellos- y ellas, idem., crean que les echo en cara que ganen pasta , pero no va por ahí, no es su forma de pasar el rato lo que criticó, es la vanidad, el ranking; es en definitiva, la parafernalia.
3.12.07
MUÑECAS
Charles Laughton con cara triste
Este fin de semana he visto tres películas. En dos de ellas aparece una muñeca. En “Centauros del desierto” John Wayne, que hace de fascista, busca a una tribu de indios (el malo se llama Cicatriz), que secuestra a su sobrina en el minuto diecisiete de película. Lleva la muñeca por si acaso sirve para que la muchacha se acuerde de su rancho perdido pero, media hora antes del final, se la dejan a otra que fue secuestrada por los indios y que se ha vuelto loca –la pobre-; digamos que pasa tanto tiempo, que hasta el tío Ethan (Wayne en la peli) se da cuenta de que una muñeca ya no significa el hogar, que el hogar de la chica son los indios, que ha crecido.
La otra muñeca sale en “La Noche del Cazador” y tiene valor aparte del sentimental. Es una gruesa burla de Charles Laughton (es que a mí este tío me parece que siempre está de coña), ya que el juguete se convierte en el símbolo de la pérdida de la infancia para los niños Harper.
Le contaba hace poco que yo me pedí juguetes hasta tarde, iba por rachas, pero creo que con los últimos clicks que me echaron los reyes tenía yo quince años –diré catorce para salvar los muebles. En lo que tardó en crecerme el bigote pasé del fuerte Randall a Venus in furs, y la lié. Así que la vida es una mierda, vaya, vaya: no era eso lo que decían los playmobil. Claro, que a los playmobil les ponía voz yo.
Con los años me he dado cuenta de que, a menos que te persiga un predicador o un tío fascista que quieren matarte, la vida no está tan mal. Es que se pasa a la realidad de una forma muy brusca ¿no creen? La adolescencia tendría más sentido a los setenta años. Bueno no lo sé. Joder, qué difícil. Ahora me parece que los juguetes, como le pasa a la cría aindiada, no significan nada; ni los símbolos, ni los recuerdos: quieras o no, tanto tiempo huyendo con los indios te convierten en uno.
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