Pues aquí sucede día tras día. Levantes la piedra que levantes, siempre está la misma serpiente: hoy privatiza el Canal para desguazarlo y venderlo, mañana le quita a la Asociación de ayuda a víctimas de agresiones sexuales la subvención para dársela a una de esas empresas de servicios, que brotan como setas, y que han copiado con descaro el programa de las anteriores. Mires por donde mires ves a esa bestia que ingiere todo lo que funcionaba, se lo da a seis momias que apenas distinguen si hacen el mal para ganar dinero o si ganan dinero para comportarse inmoralmente (fíjense a qué grado de inocencia he de recurrir para explicar lo que ocurre, descendiendo hasta hablar del mal y la inmoralidad... Como un párvulo). Y la máquina sigue, acaso porque se ha propuesto ser bestia más que ningún otro, por pura aplicación o acaso porque su padre y su madre no le dieron todo el amor que etcétera. Ya digo que cuando se habla de ella uno siente la misma impotencia que cuando está a la mitad de una historia de Dickens.
Y luego está su cadena, su delirante órgano de expresión; es anecdótico pero ahí es donde conocemos lo que piensa sobre cualquier asunto, por doméstico o fútil que sea de lo que se hable. Antes de anoche estábamos viendo un reportaje sobre Barack Obama. Un reportaje comprado a algún medio extranjero. Tienen que fiarse, relativamente, de mí, porque no he buscado una copia literal de lo que decía; el caso es que hablaba de la adolescencia de Obama. El momento culminante llegó cuando el protagonista “se interesa por la cultura negra” lo que, para el guionista, consiste en que Obama “juega al baloncesto, comienza a hablar de forma chulesca, y consume drogas como la marihuana o la cocaína”[1].
La cultura negra, según Ella.
Detalles. Nimiedades. Claro. El documental era perfectamente laudatorio, al fin y al cabo se trata de un Presidente norteamericano: un tipo de personaje con los que esta depredadora se ha querido comparar últimamente. Detalles, sí, pero se subraya que Obama comienza a ser bueno cuando termina con la cultura negra; deja de decir "Hey Yo", deja de darle a los cigarros de la risa y se emplea en uno de los bufetes más prestigiosos de Chicago para empezar desde cero.
Seguramente la Señora no sabría ni de qué documental le estoy hablando; a ella le debió pillar en medio de una recepción de emprendedores, no tiene porqué revisar todo lo que ponen en su cadena (lo más tenebroso es que hay demasiada gente que adivina lo que le gusta y cómo tiene que hacerse). El problema lo tenemos yo. Porque sigo mirando y veo fantasmas y pienso que todo es como en funny games y que pase lo que pase voy a caer siempre en sus redes y que será aún peor de lo que me imagino. Me estoy empezando a cagar, esa es la verdad… Aquí donde vivo está muy oscuro. Sólo quería que quedara constancia.
[1] N. del T. “Cuando llegó a la adolescencia comenzó a interesarse por la cultura blanca: maltrató animales, exterminó etnias y esclavizó pueblos enteros y, por supuesto, consumió drogas como la marihuana y la cocaína”