31.7.08

Los Ídolos en Albacete

Así que nos fuimos a mi pueblo.

Para pillar internet tendría que haber pedido algún favor. Por otro lado, no tengo tanto vicio; dije cuatro días puedo aguantar, beberé cerveza; dije intentaré escaquearme de los paseos y leeré, que lo tengo abandonado, y leí, una novela tan, tan buena, que me quedé en el sofá hasta que la terminé, con las moscas de testigos, Los Ídolos, de Manuel Mújica Láinez: qué escritor, madre mía -yo es que me he enterado hace poco, cuando leía Bomarzo- qué novelas, ¿deshago en elogios mi bullas o directamente transcribo algo?

Estaba en la edad en que el muchacho despierta azorado a la vida y en que, interpretando como puede la experiencia de los demás, valiéndose de fragmentos de frases, de cosas oídas o leídas sin comprenderlas totalmente, fabrica sus propios monstruos para poblar el mundo; en esa edad en la que nada le parece ni bastante dramático ni bastante obsceno.

He elegido este fragmento porque estoy en esa edad, por supuesto, en la que interpreto como puedo; en la que la mayor parte del cariño que recibo de los humanos –y esto no deberá sentar mal a los presentes- me lo dan a través de los libros y de lo que leo, como les sucede a los protagonistas de esa novela. ¿He dicho cariño? Tal vez debería apuntar más bien a la sabiduría. ¿He dicho me lo dan? Debería decir lo tomo o quizá, lo elaboro. Oí a Bryce Echenique asegurar que él escribía para que lo quisieran (no sé para qué plagiará), y me dan ganas de parafrasearlo y decir que leo para hacer amigos, aunque sé que tengo ganas porque aún tengo presente la novela de Mújica Láinez y porque la siguiente que he leído, Pomponio Flato de Eduardo Mendoza, ha reforzado este periodo de bonhomía que parezco atravesar. Hacer amigos es un asunto muy serio, además no sé si le caería bien a Mújica Láinez y estaréis de acuerdo en que caer bien al amigable es un requisito importante; sin embargo no se me ocurre otro modo de expresar la sensación a la que me refiero, en la que el agradecimiento ocupa un lugar preeminente. Bien pensado, es posible que sea sólo gozo y que quiera revestirlo de alguna característica un poco más interesante, no sé: hay quien se desmaya, pero yo no me considero capaz de tanta emoción estética. Agradezco pues. Le doy mi amistad a esas doscientas y pico páginas. Si es que eso tiene algún sentido.

Porque conseguí saltarme casi todos los paseos, una vez saciada el ansia novelesca, me dediqué a analizar el estado de mi familia: no es falta de cariño, como dice el bolero, pero hay aspectos que me perturban, aunque éste no es buen sitio para exponerlos. Llegado el momento debería hacer como Kafka, una Carta al Padre. Sin embargo sé que lo más fácil será dejarlo correr; dejar que todo pase, como te he dicho esta mañana. Lo de la carta al padre es bastante impúdico, me da la impresión: una cosa es que la literatura dé satisfacciones como aquélla y otra que le solucione a uno las papeletas más chungas, lo que no tiene remedio. En fin. Que fue mejor dejarlo y llevármela a beber cervezas.

En mi pueblo son típicos los caracoles hechos con un caldo de hierbabuena y Avecrem, a menudo repugnantes, pero típicos al fin y al cabo. Así que nos empachamos. Después repasamos, desde la oreja hasta la cola, todas las partes del cerdo que se comen fritas.


Chica, no es una gastronomía delicada. Pero lo pasamos bien; ya lo viste, terrazas, cervezas heladas, rabo de puerco, etc. Sé que no son las vacaciones de tu vida, aunque ésa no es razón para apuntarse a los paseos que dan las señoras por la carretera. Es mejor quedarse leyendo Los Ídolos.
Joder, es que ese libro es la hostia.

27.7.08

Aún tiene la vida

Hablábamos sobre la crisis de los músicos españoles y yo dije que el peor caso es el de Serrat. Porque en veinte años no ha sacado una canción ni siquiera regular y lo que es más grave, ha ido a disco cada dieciocho meses. Si al menos se hubiera retirado, si viviera aún de sus viejos temas, pero es que él lo intenta, sigue componiendo. Qué pena de Serrat, dije, a pesar de que tiene diez o doce canciones estupendas, qué pena haber tenido talento y haberlo perdido. Eso le puede pasar a cualquiera –contestaron- si admitimos que tuvo su gracia, considerando que fue un referente, no nos debe extrañar que hoy día siga dispuesto a explotar el filón; en todo artista que comienza hay un ímpetu que le hace llegar a su clímax con rapidez, y desde ahí se produce una caída más o menos vertiginosa (suele llegar con la publicación del primer disco de grandes éxitos).

El derrumbe de Joan Manuel es un aviso a navegantes, a los del Mediterráneo y a los de cualquier otro mar: si existe un no sé qué grandioso, creador, evocador, si alguna vez existió aquello que llaman talento, es susceptible de desaparecer sin transiciones, de la noche a la mañana, como le sucedió a Serrat: nada hay más efímero que el trabajar bien. Quedan sus canciones, esas diez o doce, sí, pero son esas canciones las que subrayan el fracaso último; si hubiese muerto, tal vez… Pero no, ha vivido para ver que la suya era una curva descendente. No le deseamos mal, aunque a veces una muerte soluciona los problemas, fíjense en el caso de Paul McCartney: en un momento dado la gente se hartó de su boca de esfínter; como sus viejas canciones seguían molando, se decidió que el verdadero Paul había muerto. Ése que apareció después era un gemelo, con la misma boca anal; el recuerdo del joven Paul permaneció incólume para los ingleses. Lo mataron para que permaneciera (como los de Queremos Tanto a Glenda).

Joan Manuel ha vivido y es una pena. Debería borrar eso. Ya digo que no le deseo ningún mal, es más, aun así, mediocre como es, me cae bien, por mí puede seguir haciendo esas canciones sobre la abuela de Kundera y la cintura de Kubala -quiero que quede claro que no tengo nada en contra de la persona. Joan Manuel ha vivido decreciendo y eso es algo que le puede pasar a cualquiera: nació, cogió la guitarra, compuso diez o doce canciones, se extirpó un lunar, compuso morralla, y esperó a que le hicieran discos homenaje. Con todo el cariño que merece.

Me estoy dando cuenta de que se puede llegar a la conclusión de que criticar a Serrat es como criticar a la transición política: un inicio esperanzador, un declive profundo. Aunque es injusto para el cantante.

Otro aspecto del tema –lo señaló uno de estos- es ese tópico que dice que en España no se valora a los viejos cantantes, nadie es profeta en su sierra, dicen. Mostré mi desacuerdo inmediatamente: fijaos en Serrat, por no decir en Víctor Manuel, se les valora demasiado, hay una desproporción evidente entre lo que han hecho y el éxito que han tenido: en un país serio Víctor Manuel hubiera tenido que presentarse a una oposición para bedel de la SGAE hace mucho tiempo y, sin embargo, sigue haciendo galas a pesar de que no ha compuesto una canción decente en su vida. Serrat viviría en un piso modesto y se iría de gira por los pubs de su barrio, en lugar de hacer el Mucho Más que Cinco. Se les respeta demasiado. Se les ha dado lo que han querido.

Otro apuntó que ése es el motivo de que no hayan vuelto a escribir ni una letra regular. Sostiene que el éxito atrofia los reflejos. Además, esa gente se aprovechó de que la producción de discos había cambiado en todo el mundo: "poco más que azar, apertura política (que les permitió musicar a Machado, Miguel Hernández, etc.) y cintura para llevarse lo que se repartía, que en aquel entonces era mucho".

Yo le dije que Serrat tuvo talento pero lo perdió, que por eso era un caso raro, que sería más fácil de juzgar si estuviese ya muerto, pero quise que constara, ante todo, que no le deseo ningún mal.

25.7.08

Productividad y desempleo

Yo no quería pero me arrastra.

Me he levantado a las diez y media. Trabajo una hora, hora y media, miro de nuevo las noticias, me ocupo de los frenos de la bici (me los arreglaron y ahora no sé cómo colocarlos para que no rocen) y ni siquiera preparo algo de comer porque nos han invitado a su casa; después veo el ciclismo (mientras coloco zapatas en posiciones variadas), son casi las seis y no he hecho nada, no he leído una sola línea, nada que pueda plantar en azul. Son menos diez y no tengo tema, salvo el de los frenos. Cuando se trabaja nuestros actos se encaminan sin necesidad de temas.

Si no sales a tomar algo es porque tenías que acostarte pronto, si no plantaste ese saúco, si no hiciste aquella obra que iba a dar sentido al resto de tu vida, fue porque el reloj no cedía más tiempo que el necesario para relajarse. Ese tiempo sacrosanto del trabajador se devalúa cuando estás en el desempleo. Ya no disfrutas del tiempo de descanso por la razón de que al final de la jornada la suma de los momentos productivos es siempre inferior a la que tenías cuando trabajabas; el tiempo de descanso es siempre un exceso para el hombre que se levanta a las diez y media.

Cuentan que el secreto está en la organización. Como dice el proverbio no hay peor trabajo que aquél que se tiene que hacer dos veces. Con los frenos es evidente. Con los posts, bueno, digamos que es un gaje del oficio, es imprescindible sisifear. En cambio, cuando se trabaja en un proyecto largo, la cosa se equipara más al trabajo con los frenos, cuantas menos visitas a la caja de herramientas, mejor. Llegado un punto tendría que actuar echando rápidas miradas a un programa de actos que podría haber elaborado si cada mañana me levantase a las cinco y compusiera esquemas al lucero del alba, como ese escritor tan famoso.

Le dije al Martín que el proyecto tenía diez partes y despreció tanto cálculo: tiene que fluir de forma natural, de lo contrario son historietas, igual que guiones. Retardatario, era la palabra que empleaban en mi carrera cuando hablaban de pintores que pasaban de novedades. Escribir algo con diez partes es retardatario, pensaría Martín. La organización es lo primero de lo que puede prescindir alguien que pretende epatar al personal, "Sin embargo, la fuerza del caos lanza a los frágiles esquifes hacia las olas, el trabajo deviene en chapuza. Nadie rechaza completamente algo en lo que se contempla cierta armonía". Sin darme cuenta acabé jurando que hubiera preferido escribir El Dinamitero de Stevenson antes que el Ulises. La gente me abucheó.

En el salvapantallas del ordenador tengo puesto un proverbio chino: Meditación, Organización, Esfuerzo; aparece si me levanto a revisar el cableado de la bici. Me tomo una taza de té de vez en cuando para seguir añadiendo minutos a la cuenta de la productividad. Al finalizar el día sumará tres horas, como mucho tres y media. Puedo echarle la culpa al calor o a los frenos, pero el mensaje es implacable en cuanto a mi papel. Más que un proverbio me he puesto uno de esos formularios que rellena el profesorado.

Meditación: confusa.

Organización: escasa.

Esfuerzo: baldío.

Ahora viene la parte confidencial, y es que yo, en La Compañía, me tocaba la polla.

Así que si quiero ser honrado debo restar minutos: hasta tres cuartos de hora en total de navegación por Internet, la media de los cafés convenidos, un par de excursiones al tigre y a la cocina, algo de charla, el escaqueo final, etc. Pongamos dos horas, dos horas y media del total de seis. Creo que no está mal. Hay que contar con que aquí de vez en cuando hago la comida y friego. Yo diría que hay empate entre el vago y el trabajador.

Ya son las siete. Voy a salir a ver si saco un post sobre el veranito, las terracitas, la prisa que mata o las chanclas. Voy a dejar sólo Meditación en el salvapantallas. Y cuando me ponga a buscar trabajo borraré esta entrada.

24.7.08

El viento de la Historia

Radovan se defenderá a sí mismo en La Haya, con su tupé, sin la jeta de santón, a ver qué carajo cuenta Karadzic cuando todo dé igual . Es sencillo: puede arrepentirse –decir que un genio malo le había comido el tarro-, o puede levantarse enfebrecido, llamar a las armas a los serbios contra Montenegro y contra los que hoy atacan el recuerdo del camarada Tito, el mismo que, no se olvide, luchó contra los Nazis en su día, el orgullo de su etnia.

Así termina el artículo de la Wikipedia dedicado a Tito: Por otro lado, fue un líder amante de los placeres (con una larga lista de amantes), que permitió el establecimiento de un culto a su personalidad en la sociedad yugoslava.

El culto a la personalidad aparece en las peores crónicas de la historia. Es el mismo culto que perdió a Alejandro, a Roma, a los cristianos (¿qué es sino madera, del mismo tronco que usan para quemar la grasa, lo que adoran los fieles del Nuevo Testamento?), que perdió a la Alemania industrial, a la Unión Soviética, que degradó la revolución francesa, el dos de mayo; el culto a la personalidad sustituye a todas las ideologías, acaba con la política o conforma ésta que tenemos ahora, la personalidad acaba con la palabra. La rebeldía -vuelta a Camus- consiste en suprimir ese culto, por eso, a menudo se identifica con una vuelta al punto de origen: las comunidades contra las ciudades, la gente de Tom Joad frente a las máquinas, lo colectivo frente a la jerarquía piramidal, humanos contra Dioses, una vuelta a lo común que choca y chocará contra el legítimo deseo del individuo de desmarcarse del grupo. La rebeldía es un movimiento de destrucción; pero los que fueron rebeldes suelen precipitarse a construir otra personalidad a la que rendir culto, otro concepto que parte de la grandeza de algo en relación a lo demás. Hay que dudar de los que buscan crear ese flamante espacio sagrado. La lección del siglo es que otro mundo no es posible.

Tenían ideas que les ayudaban a formar sectas, ideas que servían para justificar ejecuciones, razones de estado poderosas. Para crear qué. Un centro cochambroso en el que la Nomenklatura serbia tocaba todos los vicios que se pretendían abolir corrupción, tráfico de influencias, delación, manipulación, crimen. Los sistemas fallidos del siglo son tan imperfectos que nos resistimos a llamar fallido al último, la democracia. Por mi parte espero que la precariedad no sea provisional, es decir, si la crisis actual se extendiera, pongamos treinta años, si fracasaran todos los apuntalamientos, o incluso, aunque los gobiernos robasen y mintiesen hasta un punto insostenible, seguramente seguiría prefiriendo la democracia antes que cualquier receta desconocida. Una especie de superstición.

Acaba con la Paciencia Histórica la propia clase obrera, aquello que los romanos llamaban vulgo. Los jerarcas del Este optaron por dominarla entregándole un becerro de oro, el líder, y menos mejoras materiales de las que prometieron en los buenos tiempos. Es cierto que los países del Este alcanzaron un desarrollo importante, sobre todo la RDA, sin embargo, si tratamos de ser justos, no existirá el cielo en la tierra por más que se busque. Ni el cielo en el cielo.

En el debe está la siempre dudosa teoría de que las masas podían haberse levantado contra el engaño. ¿Tú que piensas, son culpables o no? Más difícil que destruir es la tarea de salvaguardar, es casi imposible que no se produzcan reconstrucciones. Los grandes seductores de masas de la historia, Octaviano, Jesucristo, Napoleón, etc. han destacado por su labor de reconstrucción o, más concretamente, por su habilidad para reelaborar a su favor los argumentos de la revolución a la que se apuntaron. Simple y llana manipulación.

Los líderes serbios han sido los últimos resistentes de la Europa de las personalidades que quedó tras la segunda guerra mundial. La entrega de los genocidas por parte de su gobierno cierra la era de la idolatría. El Euro ha levantado el vuelo y ha arrasado a los becerros: ningún oído escuchó, ningún ojo vio que un Dios, fuera de ti, obre así con quien espera en él[1]

Serbia, la pequeña Serbia; un país bravo a pesar de todo, con águilas como las estatuas de Juan de Ávalos metidas en la cabeza. La justicia internacional impondrá pronto su prescripción y erradicará el mal después de un juicio justo; Serbia será un socio más, sus ciudadanos, sus masas se rendirán a Él para pasar los avatares a su socaire. Ya hay unos cuantos pueblos que esperan a la crisis a merced del viento europeo.

La nave desanclada bajo funesto auspicio parte llevando al maloliente Mevio.

¡Acuérdate, Austro, de azotar sus dos flancos con las olas encrespadas; que el tenebroso Euro disperse los cables y remos rotos por el mar revuelto; levántese al Aquilón tan fiero como cuando en las altas montañas quiebra las encinas temblorosas; no aparezca constelación propicia en la negra noche, por donde declina el funesto Orión, ni haga la travesía por un mar más apacible que el que tuvo el ejército vendedor de los griegos, cuando Palas trasladó su cólera de la abrasada Ilio a la nave impía de Ayax![2]

Que nada tenga compasión de Karadzic, ni el viento ni la cólera de Palas.


[1] Isaías.

[2] Horacio. Epodo 10.

23.7.08

Ilegítimo e Ilegal

El penúltimo asesino de la limpieza étnica, Radovan Karadzic, ha sido detenido y se espera, en palabras de Solana, que tenga un juicio justo. Como sé gracias a Taibo, en su empeño por disfrutar de una gran Serbia, Karadzic pasó a cuchillo a sus convecinos; esta mañana (por ayer) salían imágenes de un escritor ruso y Karadzic vaciando un cargador de ametralladora contra Sarajevo. Tendrá que responder por doce mil muertos en esa ciudad y otros ocho mil en Srebrenica. Sus números serán material para el archivo de la infamia.

Según los usos establecidos, a pesar de ser terribles, algunos de estos números están fundados, es decir, son el precio por mantener la libertad (véase el trío de las Azores), los de Karadzic pertenecen a una segunda serie de crímenes mal gestionados, que encuentran en la Haya un juicio justo; es una ecuación sencilla que se puede explicar en base a la economía mundial y al equilibro demográfico: los musulmanes que asesinó Karadzic no debían haber muerto, en cambio la vida de civiles en otros países musulmanes es, según estos parámetros, un punto menos valiosa que la de los bosnios. Karadzic es un asesino vil, los demócratas sólo son unos mandados que atienden a otros criterios considerados más higiénicos.

¿No es cierto que la primera Guerra del Golfo fue la primera de la historia en respetar los mandamientos de la legalidad internacional? Qué lejos queda eso, y fue sólo cinco años antes que los crímenes de Karadzic. La legalidad internacional ha pasado a un segundo plano en Irak; en este tiempo se ha sumado Afganistán y el recrudecimiento del asunto entorno a Jerusalén. ¿Cuánto tiempo duró este intento? Solana y otros pueden decirlo, a mí se me escapa. El padre del Tijen apunta que Irán será peor que Irak, que hay cohetes y misiles preparados, ya desde que estaba él, y que Israel paseaba hace una semana sus cazas por el adriático: se avecina otro conflicto con legal apariencia. Esperemos que la sangre no llegue al río.

Hay que decir que Milosevic, Karadzic, Mladic, y los señores de la guerra balcánica formaban parte de la burocracia comunista; algunos camaradas consideran aun hoy, que eso les exime de algo. Lo que hay que lamentar es que el comunismo perdiera tanta legitimidad como para crear una clase dirigente asaz pervertida. Además de comunista, Karadzic era poeta, cargarle la responsabilidad al marxismo de los crímenes de Radovan sería algo así como echárselos en cuenta a la poesía. Alguna culpa tendrán Marx y los poetas, sin embargo. El mundo está loco.

No sabemos como reaccionará el individuo en mitad de su juicio justo. El de Milosevic se terminó antes del fallo, el expresidente tomó un medicamento contraindicado y privó al mundo de su último acto; entonces el diario Serbio “Polítika” tituló: "Un último saludo al compañero de armas de La Haya". El gobierno serbio ha cambiado y en un momento ha aparecido el Asesino, disfrazado de médico naturista. Se acabó la impunidad en la gran Serbia que aspira a la Gran Unión Europea.

El cuento sería totalmente feliz si no hubiera criminales en activo. Si todos ejercieran profesiones de gurú y tuvieran que esconder su cara. Como sabemos que no es así, es mejor alegrarnos por la detención de uno aunque ya estuviera desactivado, y nos alegramos. Los que exterminan en Irak, Afganistán, el Congo o Darfur no llevan más camuflaje que las ropas esas con las que se los ve en las películas, actúan a pelo sol, sin barbas postizas. Sin compasión. Así que el cuento no deja totalmente feliz.

21.7.08

Exhibicionismo nihilista

1) Sin embargo un blog no es para eso, le dije, hay que dosificar la acción, este tipo de entrevistas: despacio, y sólo una vez cada cierto tiempo; me parece lo más saludable. Los biógrafos tienen suficiente material. Hay mucha gente biografiable, más que biografílicos. Ese es el quid de los blogs, lo he descubierto, ejercer nuestro derecho a escribir nuestra propia biografía (entonces será una autobiografía), no, si creamos un personaje nuevo.

2) ¿Cuándo descubrió que era un capullo exhibicionista? Me alegro que me haga usted esa pregunta, mi infancia son recuerdos de esa clase. ¿Podríamos decir que desde niño? Y no nos equivocaríamos.

3) ¿Has visto el blog de tal? es un rollo metabiográfico, una pasada (o una rayada). Es Nueva Literatura Adolescente inteligente (–fabuloso-).

4) Cuenta su vida desde el punto de vista de alguien que no contaría su vida por nada del mundo si no se sintiera impelido por algo externo, en dos palabras: su vida es el manuscrito encontrado.

Me he perdido.

Empezando desde el principio. Me he levantado a las diez, he hecho un viaje relámpago a Madrid, más que nada porque me apetecía decir viaje relámpago; he leído una historia triple de Vila Matas, he recordado lo que ella dijo ayer después de que leyera “Por qué escribí”. He intentado relacionarlo todo. He llegado a mi destino, he firmado tres copias de la rescisión del contrato de alquiler de Puerto de Almansa, he seguido leyendo la historia de Vila Matas, he sentido mis pelos en el sobaco empapados por un sólido goterón al que han seguido varios y de nuevo he llegado a Conde de Casal donde he subrayado una frase en la que Vila Matas habla de Simone Weil: una escritora que la turbaba desde que se había enterado de que despreciaba las artes de la imaginación, pues le parecían un truco para disimular el inmenso vacío de nuestra mortalidad[1].

Luego hemos comido y hemos estado con Maia, una niña de un año, hija del hermano de Carmen y de su amiga Vanesa. Después me he puesto a trabajar y me he preguntado qué pasa con las metamemorias después de leer a E. P. Mesa. ¿Es lo mejor que se puede encontrar en el ciberespacio?

1) Algunos lo llaman diario y a tenor de sus visitas, no son mucho más interesantes que uno de estos, de hecho la gente se corta casi siempre de poner la carnaza que pondrían en un diario, usan trucos, como decir: aquel polvo con C. en el parque de S. fue realmente inolvidable.

Para los que somos recatados se ajusta mejor el título de Metamemorias. En unas Memorias se pueden incluir episodios que no se relacionan directamente con uno: el resultado de mi amarga decepción con el gobierno socialista, lo que escribí un día que esperé veinte minutos a que llegara el metro o el día que usé Internet para promocionar los embustes de mi amigo Carlos. Meta porque tienen algo de memorias de las memorias. Puestos a categorizar podríamos incluir un adjetivo concluyente: Metamemorias desfragmentadas, para no llamar a nadie a engaño. Ruego que los biógrafos posteriores lo tengan en cuenta como posible título.

2) He cometido el error de interesarme demasiado por la ficción. Vila Matas y Simone Weil me miran con desconfianza desde sus sentencias, temo que esa sospecha sea cierta e invalide todos los intentos, que no han sido tantos. El problema está en los que serán, ya que no me gustaría tener que contar mi vida para hacerlas interesantes, no quiero que ella piense que son tristes cuando, en realidad, las pretendo escribir alegres (como son).

Las ficciones que serán son sospechosas en este blog. Si me desconcierto y tiro por la historieta, les pido que me avisen, porque no quiero que por un cuentecín se deslegitime el intento de afrontar el vacío de la mortalidad.

3) A lo mejor no se puede permitir ser nihilista. Le dice Carmen a alguien por teléfono hablando de otro. Son las ocho menos cuarto y voy a repasar el texto. Ayer encontró una falta garrafal. Imaginaba a mis biógrafos ruborizados si la hubieran descubierto. Ruborizados y después ausentes.



[1] Porque ella no lo pidió. Exploradores del abismo.

20.7.08

Por qué escribí

Hay un tiempo para la alegría y otro para la alergia, piensan que estoy un poco bajo pero finalmente aparezco; suficiente, al menos para mí, que no me canso de reclamar el derecho a existir; sí me canso, incluso temo, que la reiteración transforme ese objetivo en puro ejercicio sin fondo. Y si de hecho no existiera, si se borrara todo esto, como cambian los sueños, tal vez aparecería en un frenopático, comprobando que la irrealidad ha vencido, que nunca hice nada que merezca la pena ser recordado; por pura probabilidad así será, nunca me dijeron el número de mi cociente intelectual, pertenezco a esa clase que desaparece desde el mismo momento en que sale del instituto, cuando se termina ese delirio de grandeza que es la infancia y que alcanza el clímax en lo que llaman el pavo, desde entonces no hubo noticias mías, y era lo más lógico, ya que ese cociente era regular y resultón, el número les decía que no resolvería grandes ecuaciones, sin embargo hubieran apostado que el muchacho iba a ser moderadamente feliz así que su trabajo terminaba con ese silencio.

Quién me hubiera dicho, aquel día en que mi amigo Echeve me soplaba el argumento de Miau, que yo alguna vez iba a tener esta clase de deseo, y sin embargo soñaba más entonces, y lo creía más fácil; pero no me había leído Miau, y la profesora lo notaba, a pesar de mis esfuerzos por evitar el negativo; veo aquello como una caída del caballo –o como se diga-, desde entonces, al menos en eso, me apliqué, leí Crimen y Castigo que era el libro que faltaba para terminar el curso, y hace unos años, unos seis, me leí por fin Miau en un viaje en tren desde Milán, llevaba una camisa, parecía un boy scout, estaba viajando con un interrail falsificado que me habían hecho los okupas, y parecía un tipo interesante, supongo, tal vez alguien con un cociente elevado, no sé.

Dice que en la biblioteca en la que trabaja viene la gente y le dice: a ver si gracias a vosotras leo; estás muy equivocado si piensas eso, quizá te tengas que plantear si de verdad quieres seguir manteniendo esa aspiración –convertirse en alguien que lee- y si no es más fácil renunciar, como se renuncia a tantas cosas, como yo renuncié, supongo, a hacer cuadros o a comprender las películas de Abel Ferrara; eso no quita que existas, y que tu vida pueda ser bastante feliz, es más sencillo aceptar que no se es guapo que darnos cuenta de que no somos tan listos como creíamos hace quince años, que una de las consecuencias del tiempo es que el ego se reduce a su justa medida, a la que permite sobrevivir y con todo, flaco y correoso, es nuestro ego y de vez en cuando se nos hincha, se viene para arriba, es en ese momento en el que consideramos que vale la pena ser nosotros, que no hay cociente que pueda medir la satisfacción de existir.

Me conformo con persistir que es otra forma de resistir. Otro de aquellos momentos fue una tarde de lluvia en la que estaba triste y entré en la biblioteca de Conde de Casal y cogí un libro fino de Ernesto Sábato que se llama precisamente La Resistencia, y me lo leí, mientras en la calle seguía cayendo la del calamar y era un mensaje tan ajustado a ese tiempo (me faltaban un par de años para terminar la carrera) que salí de allí resistiendo, con el firme propósito de perseverar, seguir el camino a pesar de las cuestas arriba, ¿qué es sino existir? Por entonces yo intuía que era agudo, pero no escribía una letra, es más, tampoco hablaba, pobres compañeros de carrera, yo no abría la boca, si comencé a escribir fue porque me aburría estar incomunicado, al fin y al cabo, y creo que lo sigo haciendo por eso; comencé porque me aburría y me asustaba volverme invisible del todo. Supongo que fue por eso.

17.7.08

Hoy es prescindible

Tengo una denuncia veraniega, sobre un peaje en el que te cobran dos euros por cien metros recorridos, pero me temo que es la historia del Tolay que sólo sabe llegar a los pueblos por la autovía. Me meto en los blogs a ver si encuentro temas que robar. La otra opción es hacer una entrada que sea una chorrada como un piano y hacerla pasar por honda reflexión. He seguido mi camino hacia la sabiduría, pero he de confesar que la inmortalidad me aburre.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?[1]

No siento surgir ningún lamento, hoy podría pasarme fácilmente sin escribir.

Pero la vanidad me lleva a persistir, no hay otro motivo. Comprobar que es un día cualquiera y las teclas caen como granos de arena.

Ayer en televisión había estas opciones:

En la uno un karaoke,
en la dos Mujeres desesperadas,
Antena 3, un programa en el que te ponen una keli,
en la Cuatro, Betty la fea,
Hospital Central en Telecinco
y Buruaga en la local.

Teníamos unas pipas excelentes, así que cambiamos de canal varias veces.

Esta noche veremos alguna serie en el ordenador.

Otra opción es contar que vamos a cenar gazpacho. Lo apunto nada más.

Beberemos una cerveza, hablaremos de su cumpleaños.

Hace poco presentaban un libro o un estudio, o simplemente fue noticia, en el que una piba parecida a Naomi Klein aseguraba que casi todo el mundo (en ese casi todo el mundo estamos incluidos casi todos), está convencido de que algunos actos son eternos y que, sin embargo, ocurren pocas veces: encontrarte a alguien que te caía bien, viajar en avión, etc. No sé si era un manual de autoayuda o si es que la chica había descubierto con ese libro que no era inmortal, el caso es que me llamó la atención que una chavala tan-llena-de-vida entonase un discurso de chivato y que lo sacasen en la tele, en la radio o donde fuera que lo oí.

Se puede optar o por multiplicar esos actos, buscar la casualidad, celebrar una especie de destino molón, o bien por sentarse y esperar. La chica norteamericana parecía más partidaria de lo primero. Reciclar una bolsa y llenarla de granos de arena, por seguirle el rollo a Poe.

Sosegado, (ya es extraño),
aguardo la noche clara;
y luces de nefasto hado
levantan la frente cana,
y el dulce espejo que ella dejó
me muestra los rastros de un perro,
bárbaro, que en cruel yerro
segó la vida de un viejo.

Sólo me quedaba intentarlo en verso. Ya ven que hoy la entrada era barata. Mañana no hay sesión.



[1] Un sueño dentro de un sueño. E.A. Poe. Trad. Ehrenhaus y Dobry.

16.7.08

Cuando ya está todo escrito

No encontré el libro de Anna Gavalda -resultó que a ella se los habían prestado- así que cogí Las Amistades Peligrosas, la historia de un night-hunter que pretende recuperar a una moza más lista que él a base de retórica; es entretenido aunque como ya había visto la película no ha tenido mucha emoción.

Claro que he vuelto y me he dado de bruces con el Eclesiastés:

Salió desnudo del seno de su madre y se marchará lo mismo que vino, sin sacar de su trabajo nada que pueda llevarse consigo (…) De cuanto existe ha sido ya pronunciado el nombre (…) Por más que el hombre se esfuerce en investigar, no comprende (…) El hombre que vive largos años disfrute de todos ellos, pero recuerde que los días sombríos serán muchos, y que cuanto sucede es vanidad.

No tiene desperdicio el librito.

La eternidad, el progreso… pura y simple vanidad. Cuántos autores han malgastado su vida tratando de atrapar el viento, cuántos han pensado que habían puesto un nuevo nombre a aquello que ya existía; en el mejor caso son ríos que van a dar al mar, y en los peores son estanques hediondos que, engañados, se consideran océano. Nada hay nuevo bajo el sol.

Otros aparecen en momentos en los que la Historia está en crisis, cuando no hay respuesta para la siguiente pregunta: ¿Qué ventaja tiene el sabio sobre el necio? (…) Entonces me dije: “¡Voy a probar la alegría, a buscar el placer!”. Pero también eso es vanidad. De la risa dije “¡Locura!”, y del placer “¿Para qué sirve?”. Son más certeros identificando problemas que imponiendo soluciones, para ésas ya están los nuevos testamentos. Es el Apocalipsis en la vida corriente. Es la misma pregunta que se planteaban los Clash, what are we gonna do now? Aparece cuando se vive el final de los buenos tiempos. Es la Historia cuando no hay buenos ni malos, necios ni sabios. Y todo es una mierda.

Hasta ahora se han encontrado sustitutivos, son duraderos pero ninguno es eterno. Después de que el libro de las Palabras de Qohélet tratase de poner paños calientes sobre la situación de Israel en el siglo III a.C. apareció una de estas soluciones universales, cuya premisa era la conquista, fagocitar, en lugar de censurar, las costumbres. Algo parecido pasa con Manrique, en este caso se trata de América. Me atrevo a emitir el juicio que haría el Eclesiastés sobre aquellas conquistas e incluso sobre la revitalización de las esperanzas, ya se saben la cantinela: vanidad.



El rococó fue otro periodo marcado por el Tedio Vital y la consiguiente reacción de la virtud. Los egos de la marquesa de Merteuil y del Vizconde de Valmont juegan una larga partida cuyo solo premio es una satisfacción perecedera; Las Amistades Peligrosas es una reflexión acerca del aburrimiento y del fin del Amor.

Miles de creencias son sustituidas traumáticamente desde el principio de la historia, desde que existe la conciencia de que, como todos los animales, también muere el ser humano. Los vivos saben al menos que han de morir, pero los muertos no saben nada; no perciben ya salario alguno, porque su memoria yace en el olvido. Perecieron sus amores, sus odios, sus envidias, jamás tomarán parte en cuanto acaece bajo el sol. Pocas épocas han perdurado desde que se llegara, por distintos caminos, a este tipo de conclusiones; ha hecho falta una sustitución, una revolución, en muchos casos. El mundo de la marquesa y del vizconde había llegado a su final. Siempre cabe imaginarse el rococó como una fiesta, en la que hay que gozar precisamente porque vamos a morir. Fiesta o drama, qué más da, si todo es atrapar viento. Aprovecha el instante, hermano.

Por lo que hemos visto, suponemos que el tipo del Eclesiastés no conocía a Platón. Se separa de las pamplinas del alma inmortal y va al meollo del cogollo montado en una filosofía pragmática que toma diversas posturas que en ocasiones se contradicen: a veces está bien poseer, a veces ser pobre es bueno y otras equivale a ser pobre de espíritu; no obstante hay principios de sentido unívoco, como que hay que obrar bien. Es lo que importa, dijo Segismundo.

(También obrar bien es vanidad).

¿También, Qohélet?

15.7.08

Uno y el sol

Han sido unas buenas vacaciones. La comida, el mar, el sol, incluso un día entero de lluvia. Recupero el ritmo del parado a partir de mañana durante, aproximadamente, doscientos cuarenta días. Un parado no debería estar obligado a contar cómo gasta el tiempo pero si no lo hace, corre el riesgo de que los pobres trabajadores le consideren un vago. De hecho, hasta los más cercanos olvidan a veces su intimidad y le consideran así.

La que más me sorprende es esa actividad que llevan a cabo los ingleses lechosos que consiste en achicharrarse al sol. Yo les veía ahí, debajo de mi sombrilla, cubierto de crema, consciente de que mi piel no necesita cambios o no tiene mucho arreglo; veía a esos camarones cociéndose unos metros más allá y a los que deben ser sus maestros, esos hombres y mujeres de mojama que mantienen un moreno nuclear a toda costa; pensaba en la dolorosa sensación de ponerse una camiseta cuando uno está quemado por el sol.

Aun recuerdo la mañana que me quemé las piernas de la rodilla hacia abajo, en Dominicana; aquella vez ni siquiera hacía sol. Alquilé una de esas tumbonas que cuentan con servicio de camarero, supongo que abrí un libro, ninguno memorable por lo que se ve, me defraudó un tanto el mar, había que andar (andar) un kilómetro para que el agua comenzase a mojar el bañador (había que llevar bañador), los barcos se situaban donde querían, a unos metros de ti, y podían poner las bachatas a volumen brutal; como no era una playa de hotel yo no estaba muy confiado de que mi cartera estuviese allí cuando volviera, nadé poco y a ras de suelo, vaya plan. Regresé a la tumbona con sombrilla y me puse a leer, tal vez a dormitar, con las piernas al aire. Ya digo que hacía mal día. Todo medio nublado y quizá yo también, si había bebido ron la noche anterior; el libro progresaba sin altibajos, se acercaron algunos vendedores cargados con pezuñas de buey de mar y es posible que en algún momento llegara uno de esos conseguidores, coca, marihuana, mujeres, a los que despachaba con modales de solitario. No estuve mucho tiempo bajo esa tumbona, a las cinco me levanté –ya había comprobado que mis huellas se volvían blancas en las pantorrillas- y me senté en un autobús que no salía sino veinte minutos después. Los días siguientes tenía escalofríos que tostaban los pelos, es posible que uno o dos mareos, y esa sensación de que el error que has cometido no tiene remedio. Veía a esas figuras sonrosadas recorrer la playa y recordaba aquella mañana en la que no se veía el sol y me quemé.

Ahora veo lo de trabajar de una manera parecida.

En la playa, en una conversación que no tenía que ver con el sol, las chicas utilizaban una palabra que tiene pinta de venir del análisis (lo que nosotros llamamos psicoanálisis) “eso tiene que elaborarlo” decían de alguien. Se refieren a que tiene que vivir después de que comprende lo que es el Edipo (os referíais a eso ¿no?). Lo del sol y lo de trabajar es otro asunto que habría que elaborar, les dije, porque yo una vez me quemé en Santo Domingo y desde entonces no me arrojo a las brasas como un imbecil sino que dosifico las exposiciones, no como ese inglés que tiene pinta de salmonete ¿lo veis?

Ellas observaron al inglés y estuvieron conmigo en que ese tipo tenía un problema o al menos no había elaborado bien su relación con el sol. Caía suave hasta la espalda de la montaña y en el agua, se reflejaba también amable.

Yo prefiero evitar su rigor y abandonarme después a su beneficio, formo parte de esa pandilla de guays que ponderan el solecito, las terrazas de verano, la playa, las bicicletas, la vagancia –o contemplación-, etc.

Supongo que el estado me favorecerá desde Agosto hasta Abril. Será un gran atardecer. No pensemos todavía en la noche oscura, el otoño, el invierno y todo eso.

8.7.08

Dialogo

Es verano, así que no te preocupes por lo que dice el presidente, procura disfrutar de las vacaciones, escribe alguna historia amena, algo refrescante, acerca de una isla en las Antillas holandesas.

En realidad no voy a viajar a las Antillas, le contesté, más bien puedo hablar de Kabila, próxima parada (y fonda).

Tampoco está mal. Procura llevar un libro ameno, deja la Biblia en casa. Vamos a ver qué opciones tienes:

Hay uno de Iris Murdoch y tal vez me lleve ése, porque en esa playa ya me leí uno suyo que me gustó bastante, se titulaba El Castillo de Arena. Tendría que rebuscar entre lo que hay por ahí. Quiero una novela con personajes que disfruten de unas vacaciones tranquilas, que se bañen lo justo, den paseos y acaben tal vez la jornada dándole unos tragos a un tinto de verano y comiendo aceitunas.

Un libro de conversaciones, por lo que veo. Supongo que ya habrás leído a Raymond Carver.

Es curioso, porque lo menciona Vila-Matas en su libro de cuentos. Sin embargo no creo que me lleve nada de Carver, me gusta pero es un tipo de literatura que no recrea un estado feliz, más bien terminal, y con esto no quiere decir que no sea un gran escritor.

Lo puedes decir, nadie te oye.

Ya pero es que es un gran escritor. Sólo que sé que al final me decantaré por una novela larga, de unas trescientas páginas, tendré que descartar el vino y las aceitunas, o sustituirlas por otra combinación, Martini, vodka, ya es raro que en una novela sobre el siglo XX no aparezca una gota de alcohol.

En ningún siglo ha faltado.

En fin, no es más que una particularidad. Como que los escritores americanos se fijan más en los modelos de coche que llevan los personajes. A mí me parecería impúdico comenzar a relatar algo diciendo que el protagonista conduce un Opel Astra. Pues impúdico porque es un tanto publicitario ¿no crees? Claro que si la historia lo justifica se podría meter.

Si la historia lo justifica, no; si hace falta.

Me olvidaba. La literatura cuenta lo que hace falta contar.

Todo trata de encontrar lo necesario. Literatura y vida.

¡Qué profundo! Y sin embargo ese es un axioma que se te acaba de ocurrir. ¿A que si alguien sustituye “lo necesario” por “la muerte” estarías también de acuerdo? Y sin embargo si dices Todo te contradices: ya has puesto dos cosas en el sujeto. Por otro lado, encontrar lo necesario es una expresión que no dice nada, ¿Quién puede decir qué es lo necesario?

Sólo uno mismo.

Conque, si para ti tomarte un tinto de verano ahora mismo es necesario, eso se convierte en un asunto primordial, incluso universal, ese tinto de verano, según tu sentencia, es necesario para todo el planeta.

Veo que lo has pillado.

Estás de broma. No quita que hayas ido a la nevera y te hayas puesto el cacharro. Con lo que tu principio sale reforzado. El tintorro era necesario al fin.

Te estás poniendo demasiado trágico, está muy rico. Hablábamos de que los escritores no deberían poner el nombre de los coches en sus novelas.

Salió el totalitario. Deja que pongan lo que quieran. Fíjate Bukowski, ¿no te divertía con su Camaro? En este mundo no deben contar tanto los detalles como que el resultado final sea digno.

Y sin faltas.

Dime de qué presumes… Puedes llevarte La Increíble Historia del Seat Ibiza.

He estado esta mañana en la ITV. Hasta que he llegado ha sido una partida de Out-Run.

Madrid es mastodóntica. Habérmelo dicho. Yo tengo un amiguete que trabaja en el CTM de Vallecas.

A ese he ido. Yo también conozco a alguien allí. Para ser mastodóntica es un pañuelo.

Tu conocido y el mío deben ser la misma persona.

Podría ver qué tienen los dueños de Kabila en sus estanterías… No obstante llevaré alguno por si acaso, uno de esos finos.

Tengo un amigo que dice que a los lectores se les reconoce en el metro por que llevan libros finos. Los libros gordos que se ven por las estaciones son Best Seller, paja mediática. Una o dos veces he visto a alguien leyendo a Stendhal, La Cartuja de Parma. Quizá la mejor obra que haya leído nunca.

Mañana dirás otra.

Y sin embargo no se me cae nunca. A pesar de todos sus padecimientos, quise ser como Fabricio del Dongo. Y ahora quisiera crear un personaje así.

No hay por qué obsesionarse. Lo que hagas tendrá buena voluntad.

No estoy particularmente obsesionado. He tardado año y pico en llenar una Moleskine. Eso no es de alguien al que le obsesione realmente el tema.

Has dicho Moleskine orgulloso, y antes bien que echabas pestes de los que metían a sus personajes en Astras. A saber si no son primos los dueños de Moleskine y los de Opel.

Era un ejemplo. Además es que se trata de una libreta real, el coche es tan ficción como quien lo conduce. En este año he abandonado una novela y he comenzado otra, en la libreta hay dos o tres más, entre ellas una juvenil de la que sólo tengo el título: Derrick Potas y las gafas del abuelo.

¿Esa es la que has dejado?

No, otra sobre un asesino cincuentón que se carga a uno en un crucero y tiene problemas con su mujer. Estaba regular pero faltaba un plan. Y sobraban cien páginas.

¡Tanto como sobrar! Pero prefiero que me hables de la novela que vas a llevarte a las vacaciones.

¿Qué tal algo de las Antillas?

Entonces beberán Ron.

Dicen que Paradiso está de puta madre.

En el fondo la novela da igual, mientras no haya mucho viento.

El tinto de verano os lo podéis tomar en un interior.

No, sí tienen un porche de puta madre. Tienen hasta futbolín.

5.7.08

Al menos cierta discreción

La conclusión del discurso de apertura de Zapatero. La tuve que oír dos veces, pensaba que estaba fumado, pero no, lo dijo bien claro, a consumir ¿drogas? Me imagino que también, puestos a consumir hay que probar cualquier receta (como dijo Tierno Galván: todo el mundo a colocarse). Aunque éste a consumir no iba por ahí, no le pillarán los dedos: a comprar móviles, TFT, cervecitas, libros, camisetas, coches, a gastar en lo que sea. Me hubiera parecido mejor que enviase el mensaje de que para pasar la crisis nada como un buen pedo, que dure dos o tres años, hasta las próximas elecciones; sin embargo él se refiere a ese tipo de consumo que nos ha traído hasta aquí, más madera, no tenemos y gastamos, nos hipotecamos.

Antes, Gabilondo prestaba su voz que clama para apuntar lo que tendrá que ser el Partido después de este congreso. Por lo que he leído esta mañana están siguiendo esa línea: el problema del aborto, la separación iglesia-estado, la eutanasia, son temas de portada. Hasta ahí estaba de acuerdo.

He leído una declaración de alguien del PSOE que me ha hecho gracia: “ya no tenemos que esconder que somos de izquierdas”, y otra de Caldera: “la culpa de la crisis la tiene Bush”.

Sobre la primera: será la izquierda la que tenga que esconderse de vosotros. Mutar, de algún modo, encontrar otro término.

Sobre la segunda: qué desfachatez. Puede que sea cierto, pero entonces la culpa de aquel “milagro económico” también es de los americanos, y no de esos esforzados héroes de la transición que llegaron a un acuerdo cívico para sacar a flote este proyecto llamado España. Eran las mismas reglas que ahora nos llevan a la bancarrota. Por otra parte, las lágrimas de Caldera no se corresponden con el mensaje de su jefe, precisamente porque ésa es la solución que Bush daría si se la pidieran.

La polémica del español: tan conveniente para unos y para otros, y tan irreal. ¿Qué es una lengua “acosada”? ¿Es que en Barcelona hay que comprar el Quijote de estraperlo? ¿Hacen falta manifiestos y visiones apocalípticas cuando el 80% de la televisión se emite en castellano en Cataluña, País Vasco, Galicia, etc.? Es como la economía de Bush: se da por hecho que es la que impera, aunque alrededor se celebren juegos florales. El castellano corre tanto peligro como los menús del día. Es cierto que el PP ha creado una polémica de la lengua con fines partidistas, como también el PSOE, CiU o ERC utilizan el argumento del peligro de disolución cultural en momentos dados; Zapatero le ha dado la vuelta a la tortilla y empieza a jugar el papel de perseguido, una actitud lamentable que ha aprendido del PP.

Sobre lo económico: en estos últimos meses se nos ha pedido que trabajemos más horas, ha desaparecido el discurso de que los emigrantes traen prosperidad, se los ha criminalizado (la famosa directiva) y se ha subvencionado la expatriación de aquellos que no encuentren un equipo de fútbol por el que fichar (por otro lado, se les dejará que voten en las municipales porque es un voto, tú); prosigue el desmantelamiento del estado de bienestar, sanidad, privatizaciones, cesta de la compra, etc. Un informe del Banco de España señala que los problemas no afectan a todos por igual: La crisis no logra frenar los beneficios de las empresas, aunque sí su actividad.

Ya podía haber dicho este Zapatero que hay que apretarse el cinturón. Apelar al sacrificio, vale que tampoco es una solución grandiosa, pero es que ponerse a bailar delante del becerro de oro es incluso obsceno. Hasta ahora suponía que había algo de cierto en conceptos como la responsabilidad o el sentido de estado, llámenme ingenuo, pero pensaba que el liberalismo afectaba a la economía antes que a la política. Cien veces ingenuo y sin haber votado al PSOE; imagínate si me hubiera creído el “No os voy a fallar”.

Ya digo que si no hubiera terminado así su discurso yo no estaría hablando del presidente. Me hubiera limitado a escuchar el resumen anticipado de Gabilondo, aborto, eutanasia, orgullo gay, votos para emigrantes, Rock in río, y la selección campeona, buenas noticias y proyectos de modernización, hasta ahí estaba conforme. Si al final del discurso hubiera pedido un esfuerzo yo no habría vertido aquí un par de horas. Sin embargo propuso que nadie se olvidara de que formamos parte de una sociedad de adictos y consumidores, porque hay que salvar, no ya el estado de bienestar que no tiene remedio, salvarle a él y salvaguardar los beneficios de las empresas, dos cosas que vienen a ser lo mismo.

4.7.08

Vázquez-Figueroa y el Coltan

Anoche, en Telemadrid, entrevistaban a Alberto Vázquez-Figueroa, que presentaba una nueva novela titulada Coltan que va sobre el tráfico de este mineral, “más importante que el petróleo” según el canario. Quien diga que Figueroa no se moja debería haberle visto ayer; al presentador le cambió la cara cuando empezó a hablar de la guerra de Irak, “¿quién juzga a los criminales electos?” le preguntó, y el hombre de Esperanza trataba de echar balones fuera y le preguntaba por qué razón regala sus novelas en Internet o qué fue de su desaladora (por lo visto Vázquez-F. ingenió una planta que le ha costado unos cuantos millones y el estado se la ha tirado para atrás). Teniendo en cuenta que ha vendido más de veinticinco millones de libros, siete minutos de entrevista son pocos. A otros autores que han vendido mucho, pero mucho menos, se les respeta más, se les deja programas enteros para que hablen de sus influencias literarias o expliquen un manifiesto: si lo firman porque lo firman, si no por qué no, etc. Vázquez Figueroa podría pagarse su propia cadena de televisión, pero lo justo sería que se le atendiera en la tele generalista como a uno de los diez escritores vivos más importantes del panorama nacional. Y más cuando lo que tiene que decir afecta a todo el mundo.

Al hombre de Telemadrid se le notaba la envidia, No pillé su nombre pero, por un comentario que hizo, supuse que es uno de tantos periodistas con novela, especie tan extendida como la de los camareros con cortometraje. Pelusa y cierta arrogancia intelectual de este personajillo; admitía que Figueroa vende como nadie pero no lo consideraba de élite, más bien un cabrón con suerte, y así lo trataba, el escritor de best sellers debía reírse en su fuero interno de este crecido suplente de verano, autor de una novela sobre el Madrid de los Austrias a la que no consigue dar salida. La venganza del gacetilla fue cortarle en lo más interesante de la entrevista. Figueroa, al que se veía acostumbrado a tratar con mediocres que no respetan sus cifras, aprovechó su porción de minutos para hablar sobre el Coltan, que era a lo que había ido.

Con Coltan se fabrican los móviles, los ordenadores, las pantallas TFT, los satélites, etc. El 80% se encuentra en África central, hay un 10% en Australia y otro 10% en Indonesia y alrededores. El control de ese 80% ha sido el germen de las guerras y limpiezas étnicas centroafricanas. Según la wikipedia, el Coltan ha financiado a varios bandos de la segunda guerra del Congo, un conflicto que ha resultado con un balance aproximado de unos 4 millones de muertos. Leo en otra página: «Con la venta de diamantes –ha declarado el mismo Adolphe Onusumba, presidente de la RCD [Reagrupación Congoleña para la democracia] – ganábamos unos 200.000 dólares al mes. Con el Coltan llegamos a ganar más de un millón de dólares al mes». Si los piratas ganan esas cifras el beneficio de los inversores debe ser mucho mayor. Vázquez-Figueroa apuntó a Halliburton (de nuevo Cheney) y otras transnacionales de “seguridad y servicios”, aunque en la página de Solidaridad.net hablan de empresas intermediarias de “riesgo compartido”, belgas, holandesas y estadounidenses, que pulverizan el mineral y se lo venden a las Majors del sector de las telecomunicaciones, Sony, Dell, Nokia, etc. Como es costumbre en estos tiempos, al genocidio se une la devastación medioambiental que amenaza a especies de gorilas y el ecosistema centroafricano, Uganda, Ruanda, República Democrática del Congo.

El asesino es el vicepresidente, es el presidente; los asesinos son los corsarios y los que lo pulverizan, hay una red tan vasta de criminales que la porción de responsabilidad que le toca al ciudadano de a pie es mínima, en el precio de un móvil nuevo hay una cuota que corresponde al pago de la indulgencia. Es como aquello que dijo Al Gore cuando le preguntaron si había dejado de viajar en avión para predicar con el ejemplo: No, el planeta se lo puede permitir porque lo hago por una buena causa.

Vázquez-Figueroa y el vicepresidente de Clinton son de esa clase de opositores al sistema que se han forrado en el sistema y pueden permitirse desvelar, a través de la ficción, parte de los manejos del aparato. La actitud de los medios más serviles es proclamar en estos casos la contradicción que hay entre que Figueroa denuncie las matanzas que provoca el Coltan y que sea un millonario que usa móviles y ordenadores como quien gasta calzoncillos. Miran al dedo que señala la luna.

Llegue como llegue, sobresale la verdad, que no tiene que ver con el negocio de la verdad. Una realidad de cifras, de guerra y terror, que a menudo se pierde de vista, la de los más de cuatro millones de muertos y la ingente cantidad de desplazados por el mineral; las cifras de Sudán y de otros conflictos invisibles. Las venas abiertas de África son las que surten a este progreso. Lo mínimo es que seamos conscientes de que ésa es la verdad. Vázquez-Figueroa se moja.

3.7.08

Se la llevó. El Tiburón.

Cada uno cuenta la feria a su gusto: en el cine sólo los profesores de letras tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Los físicos son feos y están locos. Lo dice un químico para el Público, en una entrevista que comienza con un: España es un país de letras; la ciencia está acosada. Más allá de que el hombre quiera pillar cacho y piense que los de letras lo tenemos más fácil, lo que viene a decir es que ellos también se sienten aislados del resto. Identifica las letras con el derecho y el periodismo; así, no se plantea que pueda haber filólogos o historiadores locos, sino sólo rutilantes estrellas de los juzgados, como ese abogado que lleva sombrero y un bigote con guías, gente que con 26 ya es abogada del estado –dice- cuando con esa edad un físico sólo puede haber llegado a becario.

Fíjese que yo ayer me quejaba de lo contrario, de que los químicos y los físicos nadan en la abundancia, tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Pues resulta que ellos también se quejan, ¿de quién es la culpa entonces?

La culpa fue del neocon.

He estado viendo esta mañana un trozo en el Youtube de la que para mi gusto es la mejor película de Tim Robbins, Ciudadano Bob Roberts, de 1992. Por si no la han visto, cuenta la historia de un cantante folkie que se presenta como candidato para senador. Recordaba una canción titulada Complain:

Some people will work
Some simply will not
But they'll complain and complain and complain and complain and complain

Hey bud, you're living in the land of the free
No one's going to hand you opportunity

Los neocon ¿nacen o se hacen? ¿Cómo se puede prevenir que en casa salga uno? ¿Hay que impedirles estudiar derecho o comunicación audiovisual? ¿Es preferible que se haga físico aunque luego no se coma un torrao? Ese es un tema para otro día.

Tradicionalmente, se ha considerado que las carreras de ciencias eran un refugio para los conservadores, de hecho, aunque sorprenda, una amplia mayoría de científicos se declaran creyentes –dice Carmen: porque la religión no tiene que ver con la razón sino con la obediencia. Sin embargo, tampoco se puede decir que la literatura española se haya significado en ese sentido, por cada Hernández hay un Menéndez que ha equilibrado la balanza.

Los neocon apuntan a la carrera de ganar dinero. Técnicamente no es un asunto de ciencias ni de letras y tampoco de religión aunque sí es político, en cuanto al cómo, que es de lo que se ocupa la política grosso modo. Para el neocon las posibilidades de intervención quedan restringidas a un campo limitado de carreras en el que hay empate entre ramas, derecho, empresariales, económicas, periodismo, tal vez ciencias políticas, tal vez el rock and roll; y un ingente número de masters, en los que debe quedar claro que lo importante no es lo que uno haya estudiado, sino la fe ciega en el éxito personal, eso que algunos confunden con la codicia, también llamada ambición.

La vertiente tradicional de las ciencias y las letras se enfrentan como en esos programas de verano, unos en una mesa y otros en la de enfrente, hay un premio o una subvención para repartir; pero los que se lo llevan crudo son acreditados vendedores de burras ajenos a las disputas entre esos equipos de segunda ¿Cuánto rasca el geólogo por cada barril de Brent?

La historia demuestra que la capacidad del conocimiento para generar riqueza no es ilimitada como se creía, de hecho me atrevería a decir que la razón abandonó esas aventuras cuando desarticuló a los alquimistas. Las ciencias nobles serán mucho más útiles de lo que imaginamos, pero sólo hacen inmensamente ricos a cuántos ¿a unos mil en todo el mundo? Lo mismo pasa con las letras: juntemos a todos los escritores, a los filósofos, a los historiadores, y el número de multimillonarios no superará en esa cifra. Se utiliza el nombre de las ciencias, las letras y las artes como barniz de prestigio. El éxito social de unos pocos científicos, escritores y artistas a menudo es visto con recelo por sus propios colegas, no tanto por envidia, que también, sino porque da la impresión de que se ha burlado de los puristas.

Todo debe de ser aplicado en estos tiempos, amigo químico, si se quiere vivir en la mansión de Playboy. El éxito financiero y los líos de faldas que sueña en el laboratorio no dependen de la elección de una carrera, ni siquiera de los Masters (también hay Masters para ligar) sino de la personalidad y de sus trastornos. Podemos estar años discutiendo lo que las letras quitan a las ciencias y viceversa; para la inmensa mayoría ese será un debate de frikis, como usted dice.

Según nos muestra la televisión y las encuestas, esa mayoría considera la elección de una carrera como un rasgo de la personalidad: los guapos van a letras, los feos a ciencias. Sucede que, mientras eso pasa para el folklore, se derrumba la demanda de conocimiento. Digamos que, aunque hay muchos recursos para sacar de la mina artículos y artículos, estos interesan a una minoría reducidísima. Sobrevive gracias a las revistas. Sus disciplinas y las nuestras tienen ese mercado y de momento una cuota de pantalla, pero son como lenguas muertas en el idioma de las transnacionales. Da la impresión de que se sigue investigando por puro historicismo.

2.7.08

Como en el siglo de oro

Pobre, lo que se dice pobre, no soy. Si vivo en eso que se llama el umbral o estoy en el vagón suelto de la clase media, eso sólo puede dirimirlo la crisis, lo que dure la crisis. Pero no, pobre no. Cuento con el apoyo de la familia. Mi casa está llena de cosas. Tampoco falta media docena de chuletas en el congelador. Los “hay que” los llevo grabados: hay que conformarse con poco, hay que consumir poco, hay que vivir conforme a las posibilidades de uno. Por eso rechazo que me incluyan esa estadística. Vivimos ajustados a nuestra posición, nada más. Qué manía tiene el personal de colgarnos etiquetas, ¿quieren vernos roer las cáscaras de los altramuces? No lo será pero parece, así enseñan sus cifras, esas tartas que hacen con excel, y nos dicen cuál es exactamente nuestro segmento, amarillo altramuz, amarillo fiebre, no tan amplio como el de ustedes, un buen trozo, sin embargo.

Por fortuna, esta mañana ha aparecido la vicepresidenta para decirnos que no estamos solos. ¿Por fin han aparecido seres del futuro como en el anuncio de Estrella? No, se refería a que no van a dejar a nadie en la cuneta. Con ese van entiendo que se refiere al gobierno. Me quedo más tranquilo: contigo me entierren que sabes de cuentas. Recuerdo haber tenido esa sensación antes. Justo cuando el profesor se plantaba delante de la clase antes de repartir los exámenes, con el taco en la mano, la mayoría se veían obligados a lanzar una filípica, cinco minutos de reprimendas a ese segmento imaginario en el que sospechabas que estarías, el grupo de los cateados. Durante esos cinco minutos te daba tiempo a pensar que no hablaba de ti, sino de tu compañero, podías imaginarte que eras una de las excepciones o al menos uno de los que aprobaban en vista de que el nivel general era tan pobre.

Pido disculpas a los superdotados por retrasarles el ritmo.

Por si hacía falta confirmación, ayer leí los resultados de un estudio y me asaltaron como una de esas verdades eternas e inmutables: El alumno de letras es sociable simpático y abierto, pero vago, incapaz, despreocupado e indeciso. El de ciencias es inteligente, serio y responsable, pero individualista, insociable, aburrido y materialista (El País).

Simpático no sé, sociable y abierto, no. Si lo fuera, este blog no se llamaría Tres visitas. Sobre lo malo no voy a pronunciarme no sea que el conductor del autobús decida que es preferible no parar en la cuneta.

Un momento; conozco a uno de letras que hoy se encarga de pasar el cazo en las fiestas del Círculo de Bellas Artes, en su tiempo libre le dedica poemas a Leonor Watling, su blog tiene visitas a cholón, y puedo decirles que era un vago porque se sentaba al lado mío y los discursos de la profesora De la Vega nos salpicaban a ambos. En fin, de nada sirve señalarle con el dedo si uno está rogando por lo bajo que le caigan sus cáscaras, ser el que guarda el sombrero de los hombres de cuentas en las fiestas del Círculo; componer tal vez unos versillos para la consejera de cultura o un cuento corto que agrade a la princesa Leonor.

Más daño hizo el oro que el hierro. Imposible conformarse, hidalguillo. Algunos, en tu posición se resisten a ser rescatados y prefieren salir campo a través. Quizá mejor solos que cobijados por sus caritativas intenciones. Y, en el caso de que se deje perfumar ¿no sería mejor devolverles mal por bien?




Pobretones de letras, por ser de algo, sin futuro y sin planes. A izquierda y derecha pasan coches tan veloces que no les dejan ni la sombra del viento. ¡Su compañía es la misma desde hace tantísimo tiempo! Una cuchara tan lamida que siempre está limpia y el sueño de una olla, generosa de garbanzos, con algún olvidado magro presto para saltar al buche. Encontré mi papel en ese arquetipo de criado, pícaro y simple al tiempo, comparsa de la época. No es el de los superdotados, tampoco el de los que hacen riqueza; me libra de la fatuidad, puede que también de la codicia, al menos eso decían los muchachos del País.

Sobre si se detendrán los gobiernos para incorporarme a su ritmo, ya me contesta mi igual:

Fernando— No creas en sueños.

Julio— No sé lo que te responda, pues siempre sueño que soy pobre y despierto y soy lo mismo.

(Acto I. La Dorotea. Lope de Vega)