Eso pone si quieres entrar en algunos blogs. Dice material explícito, o ni siquiera. Yo me pregunto si no sería mejor que lo dijeran para hablar de la vida (Aplausos). Porque, en serio, ¿no os ha ocurrido que llega un momento en el que todo ha perdido pátina; no es cierto que, en esta sociedad, lo viejo, lo que una vez nos emocionó, no es sino una sombra, y entonces, en el momento de ese recuerdo, es cuando amamos por primera vez aquello que fue?. Burlas, paradojas... mierda (Murmullo). No, no soy tan acabado, ni tan optimista como para decir que con una tostadora y una bañera hasta el borde se soluciona ¡Ojalá! La vida es brega y es comprender. Lo comprendo y deseo continuar.
Deseo, al fin y al cabo. Continúo y olvido; y dejo de lado aquello tan hermoso, y (como por rabia) deja de parecerme bello. De hecho, lo viejo es lo que me parece bosta y la nostalgia una filfa. Lejos cualquier pasado. Por favor, no me cuenten cómo era yo ni lo que dije. Váyanse a la tumba si quieren hablar de recuerdos. Más que un estorbo, el pasado es un atentado contra la vida que vive uno. Olvídense de lo que dije como forma para que lo olvide yo, eso se lo ruego.
Y si exigen que tenga conciencia, requieren que no me contradiga, o que explicite lo que dije y no quedó claro, vayan pensando en las excusas que debería poner, porque mi intención es reparar todos los daños que pueda, pero sin perder un minuto en viejos asuntos que no tuvieron importancia entonces ni la tendrán si se vuelve a evidenciar –por puro gusto– mi ignorancia, mi maldad o mi infame verborrea (Toses).
Y todo esto porque, hace un par de semanas, entregué un texto sumamente descarnado, lo que equivale a bastante tramposo. No fue aquí, pero uso esto como ejercicio de Cartas al regidor (o como se diga). Era la forma de persuadir, creí (creí que convenía persuadir, ya ven). Al final, fue otro intento fallido, sin más importancia. No espero que nadie lo recoja y aguarde el momento en que blandirlo, pero, por si acaso, advierto que no lo reconoceré: yo, sin mi hijo. La responsabilidad, a paseo. Etcétera (Se levanta y se va).
(…)
Berton: Antes quisiera ver cómo interpretan mis declaraciones de hace un rato.
Pregunta: ¿Tiene importancia?
Berton: Para mí, una importancia capital. Ya he dicho que vi cosas que nunca olvidaré. Si la comisión reconoce, incluso con reservas, que mi testimonio es verosímil, y que conviene estudiar el océano –quiero decir, orientando las búsquedas de acuerdo con mis declaraciones–, entonces lo diré todo. Pero si la comisión estima que se trata de un delirio, no diré nada más.
Pregunta: ¿Por qué?
Berton: Porque el contenido de mis alucinaciones es cosa mía, y no tengo porque divulgarlo (…)