31.12.07

LA CENA DE NAVIDAD DE R.C.

¿Qué sucede con los años que pasan igual que los días? ¿tuvo alguna vez veintidós? Podría acordarse pero no le merecía la pena. Miraba hacia delante, se quejaba, encontraba en la irrelevancia de sus propios recuerdos el paroxismo de la experiencia vital; si omite que antes fue, encuentra un contacto más intimo con la realidad; de alguna forma anhela el primer contacto, lo busca, lo recrea, y alguna vez, durante unos pocos segundos, siente de nuevo ese vértigo amnésico, ciertamente peligroso si fuera duradero, grato cuando es como una pompa en el cerebro que estalla para dejarlo todo igual.

En la cena del instituto, cantaron. Fue agradable con la camarera antes de golpear la mesa al ritmo de los himnos. Sonrió aliviado cuando se acabaron los postres y las botellas. Hubiera querido que aquello no tuviera que ver con lo ritual. Saludar, cantar, repetir sus chistes a una manada de extraños, no a los mismos personajes que veía desde los catorce (naturalmente cambiados, pero iguales); la limpieza -pensó- es imposible cuando tu patrimonio no sólo te pertenece a ti. El drama de los amnésicos es más social que individual: "si nadie les dijera que tienen que recuperar algo"

Llegó el último a la cena. No había espacio para él. Se pudo colocar en una esquina, enfrente de los que mejor aprobaban (quizá disfrutaran) con ese catastro de sus recuerdos. La sensación de que se había quedado fuera hubiera sido más grata si no hubiera asistido. Allí lo interpretó con un penoso significado: fue como si fingiese reconocer a alguien que le había saludado en la calle. Sentado de lado, a medio metro de la mesa, esperó que los brindis y el barullo le sumergieran otra vez en los años.

Se despertó con resaca. ¿Qué había pasado los últimos trescientos y pico días? ¿Por qué no habían cambiado los himnos, ni el restaurante, ni el sabor del orujo de hierbas? ¿Qué clase de vida sin ciclos practicaba? Paladeó la necesidad de dejarlo todo como lo encontró. Se puso a contar uvas.

27.12.07

¡QUÉ POCA PICARESCA!

Puedo decir que he elegido la precariedad. No acumulo méritos, es cierto. Al menos ya no me levanto ni a las seis ni a las siete; no me pego grandes viajes y mira que lo siento, pero a la gente que cobra de mil para arriba tampoco les veo moverse mucho. Algunos compañeros de curro hablan de otros países como si fueran material de novelas. Creo que he viajado bastante, pero ahora mi mundo se extiende a la zona B2. Debí haber puesto empeño en hacerme ingeniero, así podría haber sido cualquier cosa, con la partícula adherida a una tarjeta: Ingeniero P. E. Me podía haber comprado o vendido mejor, sin embargo me pudo… (...) ¿Qué me pudo? ¿La pereza, la abulia, el interés, el desinterés, la sinvergonzonería, la situación? ¿me pudieron las ganas? (...) Y ahora escojo un trabajo de maneja-ratones por que puedo (de momento).

Si cuando queden diez años para mi jubilación suscribo estas palabras en este orden, habré completado la cuadratura del pentágono liberal. Pero lo dudo. Imagino que terminaré en una oficina, en el caso de que para entonces exista tal cosa, pegado a un contrato indefinido como una lapa. O en algún sitio peor.

Todos los días, alguien se va del sótano que frecuento. No se ve a ningún anciano picando datos, hay un grupo de mujeres de cuarenta a cincuenta, tienen horarios especiales, y entre los jovenzuelos yo tiro a veterano. A una chica le han llamado hoy y se va a currar a un periódico gratuito, otra se fue el lunes a hacerle revistas a siete empresas. Por si les dice algo, las dos son periodistas (ver Manuel Ortiz). El almanaque de la precariedad en la que se está convirtiendo esta vida laboral es, en sí mismo, una estadística. Sin embargo (supongo que gracias a la carrera: historia del arte) he podido escoger hasta ahora la clase de menoscabo que estoy dispuesto a admitir en un curro. Por eso creo que irme de Güater Inc. fue un acierto. Un acierto dentro de un largo listado de golfas decisiones.

20.12.07

ÁNDE SA´BRÁ METÍO EL LUGAR PLÁCIDO

Mientras me pisaba el bajo del pantalón, sujetando la presilla con el índice y una cesta con champán, entre los charcos de la ciudad universitaria, que aún no reflejaban la luna, estaba escuchando que Arauco tiene una pena y pensaba en que mi Locus amoenus deja mucho que desear.

Si digo que pasé la mañana entre Gonzalo de Berceo y Violeta Parra, que comí de canapés, y que a los jefes les dio vergüenza que les viésemos pelar la pava y nos dejaron marcharnos a casa, resumo el día y creo que el párrafo es lo bastante corto, de manera que nadie tiene que exprimirse las meninges para entenderlo.

El horóscopo ha dicho que hoy iba a estar a lo que no he estado. Sueña la margarita con ser romero, cantaban los jefes, así los he conocido, bailando (ellos), yo pensaba que la romería simboliza la vida en la lírica medieval. Con aguafiestas que piensan en símbolos, es normal que los jefes nos mandaran a casa. Como seguía lloviendo, he renunciado a buscar otro Locus amoenus. Cargado con la cesta, he vuelto al coche, que se parece.

La romería ha derivado en un atasco, pero, con estos lugares portátiles y esa música de luna en los charcos y ritmo en las caderas, se ha llevado mejor (si es que antes lo había llevado mal, sinceramente no lo sé).

De vuelta al apartamento he puesto el piloto automático que me llevará hasta las seis de la mañana. En mis planes no está volver a salir a la búsqueda de aquél paraje donde me tumbaré para rasguear mi canción.

17.12.07

CICERÓN RESPONDE

Yo, persuadido por aquel verso que todos conocen y que prohíbe "avergonzarse del arte que se profesa", y obligado, además, por tu empeño en recibir este volumen, juzgué conveniente, sin embargo, defenderme de los que en algo pudieran acusarme.

Y si esto no fuera así, ¿quién habría de ánimo tan duro y agreste que no me concediera esta recreación y entretenimiento, ahora que no puedo dedicarme al foro ni a los negocios públicos? Yo no puedo entregarme al ocio, y temo más la tristeza que las letras. Lo que antes me aprovechaba para los juicios y la curia, ahora me deleita en casa. Y no sólo me ocupo en cosas tales como las que este libro contiene, sino en otras mucho más graves y mayores, y si logro verlas terminadas, pienso que mis ocios domésticos igualarán a mis defensas judiciales. (...)

Cicerón (El Orador) Traducción de Menéndez y Pelayo.

14.12.07

¿YA LES HE CONTADO LA HISTORIETA DE ALF?

Esta tarde estaba flojeando en el curro, los de al lado hablaban de los pantalones de uno que los lleva cagados, se le ven los gallobas (calzones), y le decía el otro, ¿te da el tiro? y el de los vaqueros le decía, son comodísimos, pero no cuela, y luego ha dicho, están a la moda, y después yo he contado esta historia, que no es una leyenda urbana (antes había contado la del perro rata de la india, porque el de los pantalones cagaos ha contado que una niña tenía una pitón desde que ambas eran pequeñas, y cuando estaba a punto de alcanzar el tamaño de la niña, la pitón había dejado de comer, y el veterinario le había dicho a la niña: “está esperando a ser tan grande como tú para comerte cuando estés dormida, soñando con pantalones que aprietan o con pañuelos demasiado anudados). La que he contado después de la del perro rata de la india no es una leyenda como la del perro rata, sucedió de verdad y lo sé por que me lo contó mi colega Ástor, y dos o tres más que estuvieron allí, y además fue una noticia que pusieron en el Telediario, y después de eso vi una vez al pibe al que le había pasado, yo le conocí siete o nueve días antes de que le pasara, y era un flipaó, el típico que habla tres horas seguidas sobre los Sepultura, y mi amigo Ástor que se había ido con él y con otros amigos (lugar común: no eran muy amigos y después lo fueron menos) luego siguió viéndole de vez en cuando, y eso es mucho porque el Máxtor no ve a casi nadie; así que doy fe de que Alfredo, en adelante le llamaré el loco de los Sepultura, se cayó en un río de Noruega –puede que fuera de Suecia- y estuvo a punto de morir porque el tiro del pantalón no le dio cuando quiso saltar tres baldosas de agua, un inofensivo metro y medio de cauce que decidió que era mejor pasar estirando la pierna, oh, qué paradoja, porque estuvo a punto de estirarla de verdad. Y lo que en un río de Rascafría hubiese sido una coña -yo me caí en Ávila a un lago y se rieron- estuvo a punto de matar al barbián, que se quedó enganchado a una roca, recibiendo hidromasaje brutal, congelándose, hablando con Ástor y con los demás colegas, el Perdi, la Six, el Pedro y el Alex, a saber qué diría, qué dirían ellos, te vamos a salvar, vienen para aquí los Geos, y Alfredo, agarrado, supongo que trataría de vivir si es que eso significa algo, (no vivir, tratar de) y el chorro, y los lloros, y las aristas de la piedra, y al fondo la cascada –o quizá no había cascada, pero al fondo la muerte, el fondo. Así que allí estaba, pensando en los discos de Sepultura que ya no oiría, entre otras cosas; hasta que aparecieron los héroes noruegos que convirtieron la tragedia en una historieta, y dejaron niquelado el comienzo de su fin de semana, tranquilos, que no se murió el chaval, ni la niña de la boa, ni la del perro rata (aunque de lo de ésta no estoy muy seguro, que igual se la comió el perro, tú).

11.12.07

COPIA DE SEGURIDAD

Esta clase de backup es ocasional. Considerando que no conozco Saba no debería inventarme los horarios de los barcos. Podría mirarlos. De momento, dejo que lo encuentren en otro sitio –no quiero reventar el globo por eso-. Así que toca amanecer, ensayar, un día más, hasta que alguien diga: te has equivocado. No era así.

Decía que la copia de seguridad, la autocopia, no la practico. Claro que, el silencio, eso es algo que también me cuesta. Comencé siendo un incontinente, y ahora apenas cuatro palabras son un templo. Sin embargo las traigo, como Numerobis.

Un ejemplo: lo de los horarios. Antes hubiera deshecho el jersey por el hilo. Bien pensado, creo que eso es lo que voy a hacer. Qué coño. Allá voy.

(Al fin y al cabo todo esto es provisional/ocasional).

5.12.07

MY TWO CENTS

Ayer en la tele vi que hay rankin de blogs y, madre mía, hay algunos que parten la pana. Yo no navego mucho, esa es la verdad, siempre se me ocurre lo que hay que ver en el youtube cuando no tengo internet y, por lo demás, visito unas pocas páginas que me gustan y tal. Pero esto del ranking me descubrió que hay un más allá, es decir que no vale lo que haces si lo que haces no le gusta a los demás, ellos dicen que vale menos, lo mismo da.

Luego hablando con Diego me ha dicho que ya no lee libros, dice que es porque ya se los ha leído todos y no le he querido llevar la contraria, supongo que quiere decir que a cierta edad la elocuencia es monótona. Pienso que el verdadero escritor es una persona que puede leer por lo menos dos horas sin interrupciones, más luego todo lo demás, pero primero eso.

El vanguardismo estuvo bien, pero ahora los laureados han vuelto a la elocuencia pura y dura, creo, la verdad es que no los leo. Instalados en el planteamiento correcto, la virtud es escoger temas guapos. Ya no se habla de la clase culta porque no se habla de clases y por que la cultura se le presupone a todo el que tiene hijos en la universidad, casa, y dos autos de Calderón o de los otros; el mercado es imprevisible y aquí no escribe el que lo necesita sino el que quiere y puede. No recuerdo bien de qué estaba hablando. La elocuencia, decía, vaya truco barato. Puede que ellos –si es que son tan panolis como para formar parte de un ellos- y ellas, idem., crean que les echo en cara que ganen pasta , pero no va por ahí, no es su forma de pasar el rato lo que criticó, es la vanidad, el ranking; es en definitiva, la parafernalia.

3.12.07

MUÑECAS

Charles Laughton con cara triste




Este fin de semana he visto tres películas. En dos de ellas aparece una muñeca. En “Centauros del desierto” John Wayne, que hace de fascista, busca a una tribu de indios (el malo se llama Cicatriz), que secuestra a su sobrina en el minuto diecisiete de película. Lleva la muñeca por si acaso sirve para que la muchacha se acuerde de su rancho perdido pero, media hora antes del final, se la dejan a otra que fue secuestrada por los indios y que se ha vuelto loca –la pobre-; digamos que pasa tanto tiempo, que hasta el tío Ethan (Wayne en la peli) se da cuenta de que una muñeca ya no significa el hogar, que el hogar de la chica son los indios, que ha crecido.

La otra muñeca sale en “La Noche del Cazador” y tiene valor aparte del sentimental. Es una gruesa burla de Charles Laughton (es que a mí este tío me parece que siempre está de coña), ya que el juguete se convierte en el símbolo de la pérdida de la infancia para los niños Harper.

Le contaba hace poco que yo me pedí juguetes hasta tarde, iba por rachas, pero creo que con los últimos clicks que me echaron los reyes tenía yo quince años –diré catorce para salvar los muebles. En lo que tardó en crecerme el bigote pasé del fuerte Randall a Venus in furs, y la lié. Así que la vida es una mierda, vaya, vaya: no era eso lo que decían los playmobil. Claro, que a los playmobil les ponía voz yo.

Con los años me he dado cuenta de que, a menos que te persiga un predicador o un tío fascista que quieren matarte, la vida no está tan mal. Es que se pasa a la realidad de una forma muy brusca ¿no creen? La adolescencia tendría más sentido a los setenta años. Bueno no lo sé. Joder, qué difícil. Ahora me parece que los juguetes, como le pasa a la cría aindiada, no significan nada; ni los símbolos, ni los recuerdos: quieras o no, tanto tiempo huyendo con los indios te convierten en uno.

30.11.07

EL CONDE DEL SOUL

Alguien hizo este logrado dibujo de Al Green




Una tarde, le conté a mi panadera que me habían propuesto entrar en un negocio del que mis conocidos sabían más que yo, y, como no estaba seguro de si me convenía entrar en él, quería recibir su consejo. Y ella, para mejor ilustrarme, me contó lo que pensó un incauto redactor cuando fue a ver a un nigromante que le dijo que iba a ganarse la vida como cantante de Soul.

“El zagal se puso dientes de oro, y sombreros de ala ancha para ir por el metro, y si los zapatos de piel de cocodrilo no se llevaban, él se los ponía igual ¿dónde quedó la humildad? No abría la boca entre conciertos, sólo para mostrar los dientes de tiburón afilados como chapas de Mahon clásica, ya no quería sarro, sólo ritmo, y con un dedo mover un rosario laico, la correa del micrófono. Y de devolver los favores, ni hablar.

Echaban de menos, sus amistades, la otra forma de ser, y él también (¿dónde la circunspección?) pero igual clamaba desde el palio con funk del que cada cuatro días fabrica una opinión distinta: hoy el profundo sur, mañana las nalgas de una algodonera. Su sombrero los hipnotizaba.

El nombre de los carteles los impresiona, Patronio.

La vanidad la satisfarán palmadas en la espalda.

Y al final, ni dientes de oro ni sombrero, el soñador despertó del sueño, y el nigromante no le quiso dar sus discos de Al Green, pensó que mejor estarían en la basura. Le quedaron los dientes, no eran de oro, pero les tenía cogido cariño a las manchas marrones y hasta al sarro.”

Llevé a cabo el consejo que me había dado la panadera, me fue bien con él, así que lo puse en este libro:

Deja que otros canten el soul que te gusta oír
si no quieres que tus cuerdas vocales pongan a parir.

21.11.07

MANOS DE PICATEXTOS

La semana se me va de las manos y en realidad no hago nada, sostener el día, mirar por la ventana las veces que puedo, y esperar a que llueva o a que pare de llover; hasta que me llaman y me dicen: tiene usted que traer el dni y la cabecera de la nómina, o la cartilla –er, la perdí hace no sé, ¿veintinueve años?, o pierdo una cada año, ¿por qué no le doy el número?- Me sacan del exilio, vienen a por mí de nuevo; no sé cómo me encontraron, no salgo en las páginas amarillas.

Las bibliotecas están bien, las diez están bien, y construir el día con módulos pequeños y no con cargas de cemento (¿Cuántas veces comparo el trabajo con cemento, sisifeando? menuda lata, los mismos símiles, el mismo cantar de las hazañas del que en buena hora nació, el que ciñe espada para que el rey le absuelva -¡qué buen vasallo si tuviera buen rey!- ¡qué lata!; a ver si me animo a la vuelta de tuerca ¿Es eso el estilo?¿dar la vara?)

Me reincorporan la semana que viene, y pronto me pondrán el Adsl. Es difícil asilvestrarse. Yo me veía rebuscando alipendes en el contenedor y fíjense, me quieren convertir en un publicitario –de tornillos, no de postín. Mira que les quise advertir de que era un espíritu libre (aunque el pájaro en la mano se dejaba sobar); mira que había empezado a recortar cupones, y no han querido soltarme, o fui yo el que no se quiso soltar tan pronto. Da un poco igual.
El caso es que el lunes curro, y el martes, y así sucesivamente.

14.11.07

RIPIO

¿Qué ves?

La ventana, dos grúas excavadoras, una naranja al fondo y otra a la izquierda, amarilla. Se mueven como si las tocase un masajista, bajan la pala, ensanchan la zanja.

Me pregunto si existirá el rap del ripio, es posible que alguna vez alguien lo haya compuesto: el sol deslumbrante, el descampado solitario, el movimiento pendular de la excavadora, cortinas echadas, persianas bajadas. El rey del ripio aquí es Sabina, el Melendi no le llega a la suela de los zapatos. Si estoy en un avión y me toca aguantar la borrachera de alguien, prefiero la del de los cerros de Úbeda mil veces antes que las del progre pijo ese.

[Es posible que el avezado lector se pregunte que es un ripio, y puedo decirle, honestamente, que hasta donde yo sé, es el arroz del lenguaje, el almidón de las camisas, es la perdición de los bares de copas, algo inherente al proceso comunicativo]

Ah, ¿entonces te refieres a tópicos lingüísticos?

Sí y no, porque el lenguaje hace la realidad. Por tanto hay ripios que son rigurosamente ciertos, la catedral solemne, la valla metálica, el asesino cruel del vagón de metro. Hay ripios que la vida reproduce.

¿Tú has estado leyendo a Borges, no?

12.11.07

PACIENCIA

Mi colega Quique está haciendo uno de los cursos para escritores de fuentetaja. Cuando hablo con él del tema, me resisto a decirle que son una mierda, entre otras cosas porque yo hice uno y aún me cuesta reconocer que tiré doscientos pavos. Percibo, no obstante, que se me pone cara de enterado, y me descubro criticando al establishment literario, postura de fuste aunque completamente injustificada ya que ese mundillo ni siquiera se ha tomado la molestia de ignorarme.

En el anterior párrafo hablábamos del caso de un escritor ignorado que se comporta como el más rechazado de los narradores vivos. Es posible que, en el climax de su autocompasión, componga hipotéticas y líricas cartas de rechazo con el fin de pasar por salmón maldito, futuro escritor de culto. Un buen día, animado por sus allegados, que creen que las cartas las enviaron las editoriales (hecho que no les sorprende en absoluto), las incendia en una chasca, y así obtiene ante ellos (sus únicos amigos, sus únicos lectores) un triunfo similar al de esas señoras de sesenta que se visten con minifaldas y tops.

Por ahora no he llegado a ese punto. No invito a Quique a la pira, y si Carmen me pregunta por qué pienso que los escritores de Alfaguara son los que han pasado por el aro, disimulo mi jeta de pirómano y me limito a emitir abstrusas consideraciones sobre el mercado literario, hasta que se aburre. En el curso de Fuentetaja aprendí que no hay que hacerse el mártir, por lo menos antes de llegar a los cuarenta. A esa edad todo el mundo entiende que te preguntes por qué tú no. Hasta entonces, paciencia.

8.11.07

MODERNO SÍSIFO VAGO



Hay algo concreto que no me gusta de despertarme, la sensación de que, por bueno que sea el día, no merece la pena; y eso me lleva a levantarme (son ciclos, claro, pero llevo unas semanas así) con el pie derecho ¿o era el izquierdo? Con el morro apretado, las cejas tiesas, de mal café...

No me creo las notas mentales. Me dejo notas mentales para el resto del día, sofismas al estilo de Paulo Coelho, como: “el guerrero de la luz batalla con el yelmo resplandeciente” (si me ducho) o “el guerrero de la luz disfruta de la pitanza restauradora” (cuando desayuno), y si pienso en “Carpe diem”, me digo que hay que adaptarlo, “disfruta el día” a partir de las seis aprox.

El problema, lo dicen las tertulias, es que lo queremos todo y que somos la generación que puede lograrlo –hasta la inmortalidad, dice Houllebecq-. Y yo, por mucho que diga que me conformo con poco, puede que, si no todo, si que quiera bastantes cosas; en fin: no todos los días como arroz blanco, sueño con viajar a Brasil, y no dejo de emitir dióxido de carbono, oiga, que se nota que Al Gore no espera la Veloz.

Cuando entré a trabajar aquí, el jefe me dijo: no me gustan los vagos, y entonces pensé que era un ingenuo. No vio que soy un vago posmoderno, un ambicioso holgazán. Me despierto, desmotivado, pero vengo y hago el paripé; pongo mi ladrillo, no muy bien, ya ven, pero ¿qué me importa a mí que el edificio quede pintón?

Por las noches, en cambio, soy más optimista; pienso que Sísifo no tenía Ipod ni dos días y medio de vacaciones al mes. Sin embargo, esto no lo escribo por la noche, y aquí no hay música.

7.11.07

APROPIACIONES

Cuando estoy ocioso, o estoy escaqueándome, me meto en unas cuantas bitácoras (casi siempre las mismas); cuando directamente me estoy turrando, leo encuentros digitales antiguos, casi siempre de escritores, o en el caso de Vázquez Montalbán y Bolaño, que creo que no dejaron ninguno (bueno, Montalbán uno, en el país.com), me aprendo las pocas entrevistas que hay colgadas en la web.

Decía (creo que) T.S. Eliot, sobre William Blake, que leerlo era como meter a un tigre en casa; algo parecido pasa con Bolaño: es fantástico ver sus zarpazos, pero hay que tener mucha cintura (o ser muy idiota) para que ninguno te alcance.

Vázquez Montalbán tiene un sentido del humor diferente, quizá más flexible (aunque con Bolaño no se sabe), seguro menos hermético. Uno de los aspectos que me gustan de estas entrevistas –y de sus novelas- es la persistente burla de la nostalgia, la parodia del hombre agotado que despliega.

No hay que decir que los intento emular, aunque a mí me salen textos bastante deprimentes (no sería malo el autor que consiguiera deprimir a todos sus lectores, no tendría muchos por que se correría la voz, pero no sería malo). La entrevista como incierto género literario mejora mis horas delante del ordenador y me libra de la dinámica bloguera, que cansa al más entusiasta, no me lo nieguen. Les dejo los enlaces, que no soy un rácano, y pongo también una respuesta de cada uno, con el debido respeto.

Bolaño

Luis García. —Sus libros adolecen de cierto trasfondo político irrenunciable. (No podría ser de otro modo viniendo de alguien que fue acusado de terrorista en su país, y que se considera un exiliado). Pero, ¿a que se debe que no participe activamente en España en movimientos sociales como lo hace por ejemplo Luis Sepúlveda?

R.B. —Bueno, a mí cuando me detuvieron en Chile me acusaron de «terrorista extranjero», porque mi acento era mexicano. Lo sentí como una medalla. Lástima que esa medalla no duró demasiado tiempo. El teniente de carabineros que me detuvo, en un control de carretera, era claramente un esquizofrénico y probablemente nadie le hacía caso. En algunas publicaciones alemanas he leído, con estupor, que estuve medio año preso. En realidad sólo fueron ocho días. Con respecto a participar en movimientos sociales, no tengo idea en qué clase de movimientos sociales participa Luis Sepúlveda, pero seguro que a mí no me dejarían entrar a ese club. Ni a ese club ni a ningún otro. Así que podría decir que no participo por cortesía, por delicadeza, para evitarles el mal trago de mi más que segura expulsión. O dicho en otras palabras: que se ocupen ellos de esa política que yo ya tengo bastante trabajo con ocuparme de la literatura y de mi política. Una última puntualización: yo jamás me he sentido un exiliado en España, como tampoco me sentí un exiliado en México, ni en Centroamérica, ni en ningún otro lugar en donde se hablara español.


V. Montalbán:

Lucía Iglesias Kuntz: ¿A qué se debe el éxito de Carvalho, el detective privado que protagoniza sus novelas?

M. V. M.: Yo creo que ha tenido éxito internacional por un motivo, y es porque no solamente ha reflejado la transición española, sino una transición en un sentido más amplio. Es un hombre que reproduce la atmósfera de los años sesenta, que habían creado unas grandes expectativas de cambio ecológico, los hippies, la droga anticonceptiva, la libertad en todos los sentidos, revoluciones blandas, revoluciones líricas. Y esta especie de desesperanza finisecular, en la que todo el mundo tiene miedo a perder el trabajo, a enfermar de sida, ese miedo a la libertad que han sabido inculcar perfectamente mediante mecanismos de carácter represivo desde el Papa de Roma hasta los manipuladores de los mercados de trabajo. Carvalho ha reflejado todo eso en sus novelas, por eso yo creo que su discurso puede ser entendible en Atenas o en muchos otros lugares.


6.11.07

CIUDADANO

Una señora que siempre me pareció mayor pero ahora lo es más que cuando yo tenía siete años, me llamaba mi rey cuando me encontraba en el ascensor, pero se lo decía a todos los niños, incluso a los feos, así que no cuenta. No me llamo a engaño: a mí en Ceuta no me recibe nadie, y eso es un alivio, no crean, porque la turba que hoy agita la bandera colorada, puede que mañana te quiera ver empalado. Si no fuera así, no tendría ese nombre, turba.

Nunca he sido popular; creo que si hubiese estado en la luna no me hubiera venido a recoger ni mi madre. Me imagino esperando el bus en la puerta de Cabo Cañaveral, soportando el tembleque de piernas típico de los astronautas, pensando en los transbordos que hay que hacer hasta Moratalaz.

Aunque me llamaran rey (o prenda), con siete años ya sabía que ni confeti ni vítores, ni siquiera una triste entrevista en el periódico del barrio; y cuando llegan los catorce y te das cuenta de que a las chicas no les van los pringaos (salvo en las películas para pringaos), te olvidas de ser conocido o reconocido; sólo te obsesiona pillar cacho, y claro, así no hay manera.


Ejemplo de película para pringaos (Karate Kid)

Ahora bien, llega un momento en el que a las chicas les hacen algo de gracia los pringaos. No es que te llamen mi rey, de hecho, la mayoría te ignora, pero al menos no te quieren ver colgando de un palo, te dejan vivir. Igual que en Melilla: si me da por ir, no pasa nada, nadie se indigna. Puede que si me ven piensen que voy a traficar pero, si no me pillan, me dejan en paz. Es un alivio ser corrientito.

5.11.07

ADIÓS BLOGUEROS

Será, lo primero, una descortesía para los invitados. Les prometeré entradas, dos y tres de una tacada; ellos tendrán que comprenderme. Este diario será testigo de los sucesivos grados de reclusión que alcance. Para todos, menos para ti y tus sobrinas, pasaré a ser un espectro. No obstante, no todo es la web, me ocuparé de mi vida, etc.

Hoy me cuesta más escribir porque estoy griposo, creo, porque estoy nervioso, el jefe no ha dicho nada, el lunes que viene es el último día -diré algo aquí- luego llegaré a casa y me dolerá la espalda, la incertidumbre; mi cumpleaños será invisible. Esta vez no soplaré las velas, nadie dirá que tengo que pedir un deseo, por que a ellos les parecerá un sarcasmo y a mí una grosería. Si hablo con alguien de mis pírricas victorias, si me niego a llamarlo desempleo, lo haré tartamudeando y con gallos, nada que ver con esta postura.

Echaré de menos este escaqueo, a los lectores heredados del Jacho, pero no este sitio, ni esta cómoda mesa, ni el reposapies. Quizá quiera decir algo, y cuando pueda hacerlo quizá no tenga nada que decir. No todo es la web, digo, pero qué pena no tener otro foro, qué pena no poder charlar con los otros esclavos cuando el amo no se da cuenta. Es lo único que echaré de menos de este penoso ciclo.

2.11.07

PROBLEMAS CON MI CARRERA

Apropiada escena de perro antropomórfico

Mi carrera es como uno de esos perros que lloran o ladran indistintamente. Si alguien quisiera darle una oportunidad, el chucho lo arruinaría; pero eso no significa que no nos dé pena –a mí el primero- cuando lo vemos dar tumbos (es posible que lleve un clavo o una espina, en la pata) si llora, si ladra.

Yo le bajo huesos roídos y ella los roe, agradecida.

Hay amigos que me dicen que mi carrera y yo tenemos una relación descarnada, pero no es cierto. No nos llevamos bien, eso es todo.

Reconozco que la abandoné mucho tiempo.

Yo quiero reconciliarme. Quisiera subirla a casa, ahora que ponemos la calefacción, y restañar sus heridas, con gasas, con caricias. Reconstrucción y reconciliación son dos palabras parecidas, las usaría ambas en mi cálido gabinete. Primero la dormiría, luego examinaríamos nuestros traumas, la bañaría, bueno, ya saben... el proceso... es delicado ¿será duradero?

Debería hacerlo hoy, desde este momento; si silbo vendrá. No creo que quiera morderme, si lo hace, tengo que aguantar, por ella. Nunca me pidió nada, estuvo allí antes de que le hiciera caso, no impuso condiciones; se torció, sí, pero yo no intervine para ayudarla, no le dije “no sigas por ahí”, esa frase que alguien nos tiene que soltar alguna vez. Me callé y ahora la comparo con un chucho abandonado, la expongo a la compasión de los demás, como si fuera un perro, sin ningún pudor.

31.10.07

ES UN COMIENZO

Comienzo a escribir este diario el 31 de Octubre de 2007, día que será recordado por la sentencia del juicio del 11-M, o no será recordado en absoluto. Mi intención, más allá de que perdure en el tiempo, es ocupar mi espacio en la red como un buen ciudadano –uno que no utiliza seudónimo- para construir con ladrillos tolerantes y hormigón responsable, la sociedad que queremos para nuestros niños y niñas. Será por tanto un espacio real hasta lo intolerable, testimonial y a veces criticón; o ¿quién sabe?, lo mismo todo quedará en esta declaración de intenciones, ¿qué crédito merece un blog que sólo tiene una entrada?

A partir de este momento me someto al juicio de los ciudadanos del presente y el futuro. Un escalofrío recorre mi masajeada espina si pienso en esto como un reto. Lo hago sin comprender por qué lo hago, incluso (y esto es más grave), sin estar seguro de si me apetece, pero lo hago porque tengo la vaga idea de que si cada uno pone un ladrillo, una intención, un poema, llegará el día en que los pájaros del campo nos agradezcan con su hermoso piar el esfuerzo cívico que pondremos en defender sus árboles, y los niños sonreirán, y la armonía reinará entre los pueblos de la tierra.