15.1.08

HUMOR DE REBAJAS

Esto lo he hecho para Diagonal pero el contrato no dice nada que me impida ponerlo aquí:

Especímenes autóctonos

La compradora compulsiva

Voraz mujer entre quince y sesenta años, que paga una hipoteca por un armario ropero de ciento veinte metros cuadrados con vistas al Factory de su pueblo. Habita en las puertas de los comercios y se alimenta de los ticket de parking del Corte inglés. Opera de la siguiente manera: avista a una de su misma especie, se prueba lo que la otra desecha; unos metros antes de la caja le clava la daga “Ana Rosa” para operaciones a corazón abierto y se hace con los saldos de la victima.

El Segurata proactivo

Preadolescente de gimnasio, entre quince y sesenta años. Apenas compra en las rebajas, si acaso los fascículos atrasados de la colección Karatekas visigodos extremos. Después de doscientas mil horas de vigilancia de una gallera de polígono, su empresa, Securipaf, le puso la chapa de sheriff del centro comercial H2pozo. Este año están siendo sus primeras rebajas: ya ha provocado seis comas y cuenta siete manguis muertos.

La Mangui escurridiza

Mujer de entre quince y sesenta años. Su bolso es como una pista de aterrizaje de productos de todo tipo, aunque muestra preferencia por objetos que representen lunas, soles, setas, hojas de marihuana, corazones, patos, gatas, duendes, flores, y motivos relacionados con los jardines Zen.

El comprador compulsivo

Preadolescente, entre quince y sesenta años. En sus comienzos fue fanático del aeromodelismo norcoreano del siglo IV, hoy divide su tiempo entre el Messenger y las páginas porno. Su habitat es el banco del centro comercial. Su modus operandi es parecido al de la compradora compulsiva: observa el percal desde el banco de enfrente del Springfield, espera a sus victimas en el parking, y les hace una llave tipo Zangief para desplumarlos.

El gacetilla avezado

Becario a cargo del adjunto del jefe de becarios de un periódico gratuito. Entre quince y sesenta años. Encargado de cubrir la apertura de puertas del Hipercal el primer día de rebajas. Lo mínimo que le puede pasar es que pierda tres dientes y le tengan que poner en decúbito supino mientras el segurata llama a los del Samur. El año que viene volverá a hacerlo por menos pasta.

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