9.1.09

Despedida sin remedio a los españoles

Avanzamos por un puro camino de nieve porque, en efecto el camino, antes delimitado incluso pintado, ahora se ha vuelto igual, salvo por los coches que insisten y dejan surco y queman el motor debajo justo de tu ventana. Yo sigo con la mano así así. Subimos me siento y comienzo y vuelvo a sonreír si veo que los del coche no han terminado aún de dibujar el surco. A veces los coches son tan estúpidos como sus dueños y ambos nos reímos hasta que te tienes que ir porque inventaron los metros para días como éste, supongo, cuando nadie tenía que andar más de un cuarto de hora para llegar al curro.

Hoy me levanto y nieva, ladra el perro, escribo (lo que puedo) sobre Gaza, me pongo a hacer una fabada, ahora me levanto para hacerme un té. Veo que nadie ha dejado de intentarlo a pesar de la nieve y me siento vagamente culpable por un texto que he enviado antes de tiempo, fuera de plazo.

El teclado sugiere que ya he comido Fabada, ya me he tomado el té y, al margen de hacer el baño –cierto termómetro de mi grado de civilización y respeto hacia mí, hacia nosotros– la tarde aparece como un vergel de oportunidades en el que esto es probablemente no sólo prescindible sino discutible, algo parecido a hablar con una antigua novia y ya no digamos quedar. No será como antes (y eso que antes no era muy bueno).

Está nevando de nuevo. No les he dicho que hace unas horas habrá pasado un quitanieves ni que el perro sigue con sus ladridos, puede que lo sospecharan o que oyeran a otro perro, no importa.

También me meto en algunos blogs para ver si están tan secos como el mío y veo que no:

Me encantan las entradas que dicen que abandonan, son, sin duda, mis favoritas. Prefiero cuando quien sea dice que se ha dado cuenta de que todo se hace por ego, lo que –se trata de gente que tiene más de cien entradas– es de una hipocresía deliciosa (¿cuando comienza el ego a ser ego y deja de ser lo que la gente tiene que saber de uno mismo?). En la que he encontrado, entre muchos tópicos, había una frase que empezaba (y terminaba, porque no hace falta decir más) así: Los españoles no tenemos remedio.
¡Cómo he salivado al verlo…! En fin, casi tres años dando vueltas a las páginas personales de la gente son bastantes para ver muchos lugares comunes, prácticamente todos; pero que en la última entrada, crepuscular, melancólica, de día de nieve, una se eleve por encima de la vergüenza propia y concluya que lo que pasa es que con los españoles no hay manera, eso es de Premio (nacional, por supuesto).

Debería haber escrito diciendo que era mi entrada (suya) favorita, pero yo también paso de hacer comentarios en los blogs. A cambio me he puesto a mirar otro rato por la ventana. Con los índices apuntando a la nariz y los pulgares juntos y oblicuos –no sé si saben la postura. Hacía muchos años que no nevaba así, y ésa era toda la reflexión de que era capaz.

Bueno, no sólo, también creo que los españoles somos la pera. Y que debería ponerme a hacer otra cosa que no sea satisfacer el ego. O que debería satisfacerlo, que para eso tengo un blog, o dejarlo indemne dando un buen portazo (Pero para eso no estoy listo porque será un portazo preparado, no me conformaré con un gracias por venir y unas cuantas reconvenciones, además, un portazo se tiene que dar un día de lluvia, no uno de nieve, hay mucha diferencia; la heráldica de la despedida estrepitosa merece un poco más de planificación y alguna amenaza previa).

1 comentario:

RGAlmazán dijo...

Oiga, vaya nevada que les ha caído. Si me espero un día más no puedo salir de viaje.
Lleva usted razón en lo de las entradas póstumas. Conozco a la que se refiere y le puedo decir que ya se ha ido y ha vuelto tres veces. Lo mismo ha hecho con el carné de su partido, por lo menos dos veces lo ha roto y lo ha pegado con celo (de pegar, no de amor) otra vez.
Y es que el ego nos puede y no hacemos sino llamar la atención. Al menos algunos nos damos cuenta, que no sé si es mejor pero por lo menos disfrutamos con nuestra trasgresión.
Y que usted lo pase bien, con su pueblo nevado y su princesa en casa. Así cualquiera.

Salud y República