15.5.09

Quien provoca

Digamos que la corrección política se ha desviado completamente hacia un tipo de izquierda. A cierta izquierda acomodaticia, vale, pero es que la corrección política, al ser de consenso, debe de ser limitada, entendible por gran parte de la población, la misma parte que intenta no entender demasiado las cosas. Que las clases altas siguen tan preocupadas por los pobres que no tienen qué comer como en el XIX, era algo previsible; que hoy el discurso se haya sofisticado y se eche la culpa de esto a “la avaricia de los mercados” es una pírrica conquista de esa cierta izquierda que nombra y deja de preocuparse una vez que se ha encontrado un chivo que satisface a mucha gente a la que le gustaría ser “un poco más de izquierdas” en la medida en que así dejaría de haber avaricia en los mercados. Concretando, en los discursos hay un gran número de tópicos izquierdistas, y ahí es donde aparecen los provocadores.

Los que provocan con gracia tienen la virtud de que, es verdad, echan a la cara de uno tantos tenderetes creados por el consenso y el talante. Un ejemplo, alguien acostumbrado a provocar defenderá a los judíos israelíes, dirá que les estaban atacando, que es la única democracia homologable de la zona, que las mujeres judías pueden separarse, votar, mandarlo a la mierda todo igual que puede hacer un hombre. Dirá que el lobby antisemita nos ha enganchado al carro de los palestinos y se aprovecha del lugar común pobres-buenos, ricos-invasores. Si es hábil, desarrollará esa conversación con tanto ingenio y charme, que el interlocutor sabrá que, aunque bromea, su argumento es a todas luces más sólido que el de uno. Si su víctima no tiene demasiados datos y le pasa como a mí, que no discute bien, se mantendrá en sus trece, pero sintiéndose un gorila, a lo mejor alguien que conserva cierta pureza moral, a lo peor alguien que sólo se mueve por sentimentalismos, carne de rebaño.

Lo malo es que cuesta imaginárselos desarrollando tanto ingenio para desmontar a sus adversarios cuando estos sean sionistas o, por poner otro ejemplo, cuesta imaginarlos defendiendo a la república ante un coronel franquista del Ejército español.

Sé que cometo el error, constante, de asociar valores positivos a las ideologías si digo que los izquierdistas, hasta los más simplones, soportan mejor el diálogo, comprenden mejor argumentos que van en contra de sus creencias; por eso precisamente he comenzado diciendo que la corrección política se ha desviado a la izquierda. Porque al individuo de derechas convencional, en cierta forma, sólo le queda el exabrupto, cerrar filas en torno a la iglesia mientras ésta se sostenga. Les debe costar seguir a una mayoría que ya sólo existe como tal en algunas regiones de Francia y Alemania y en cuatro países católicos que son más islas que un frente; no en vano, la iglesia, a pesar de que está en todo el mundo, es una de las instituciones menos internacionalistas que se conocen, aunque esa es otra historia.

Y es que los provocadores, al final, encuentran que su propia forma de ser tiene más sentido en un escenario progresista, por patético e ingenuo que sea el discurso izquierdoso la mayoría de veces. De hecho, creo que el gran motivo de que esto sea así, en los casos que he conocido (dos o tres), es que ha faltado un freudiano ajuste de cuentas con algún familiar, aunque esa también es otra historia.

Así que mientras hablaba con él, impresionado por su dialéctica, no pude en cambio dejar de sentir lástima. Lo imaginé apocado y reverencial ante un cacique de gafas oscuras. Sólo podía hablar libremente con quienes estaban en su contra. Y supongo que eso es una paradoja triste o algo.

1 comentario:

odradek dijo...

eso de la corrección política es un neonasmo para referirse a lo que tradicionalmente se llamaba cortesía (viene del inglés polite: cívico), una mezcla de respeto y buenos modales, lástima que la mayoría de la gente lo interprete como la expresión de lo que políticamente se tiene por correcto.
no creo que los fachas por definición tengan que ser insultones, patanes y bordes, lo que pasa es que en la última década se puso de moda entre sus círculos actuar así. y es una lata, no porque delate el servil aspirante a cacique que la mayoría lleven dentro, sino porque se hace imposible cualquier diálogo sensato y te pasa como en la canción de kiko veneno: si ellos no fueran tan americanos, yo no sería tan ruso.