27.9.08

Apuntes incomprensibles de lo que ayer hablaban

En el Bosque de la noche, de Djuna Barnes hay una barahúnda de bares metafóricos y de calles negras que al principio me recordaron a Gómez de la Serna y que me costó situar línea a línea (no puedo decir que lo haya logrado completamente). Hay, y por eso vale la pena el esfuerzo, una sublime descripción que dura varias páginas:

Tenía una constante rapacidad por los hechos históricos; era ávida y desordenada de corazón. Con su pasión por ser persona profanaba el sentido mismo de la personalidad (...) Quería ser la razón de todo y no era causa de nada (…) Era maestra de la frase melosa y del abrazo apretadísimo (…) Nadie podía ser un intruso con ella porque no había lugar para la intrusión[1].


He conocido a un par de Jennys Petherbridge que reparten, pródigas, abrazos y frases melosas. Las veo frecuentemente, en la puerta del metro, leo sus comentarios, en fin, es fácil que aparezcan a cada paso, aunque no con tanta precisión como en el libro de Djuna.


Anoche me tomé algo con los nuevos compañeros de curro, fuimos a un bar y nos pusimos a hablar de Facebook y después de Messenger, blogs, my space, etc. El Cheka decía aquello de donde-se-ponga-un-bar, y yo, que a esas alturas había pasado de la cerveza al tequila y al único ron (tenía que llegar pronto a casa), dije que lo mejor de la gente son sus caras de incomprensión “es algo que nunca podrá verse en Internet –lo más parecido es el silencio bloguero”. Logré que me miraran así durante unos segundos, señalé mi copa con el índice, dije no me hagáis caso, y siguió el tema.


El Lucas contó que hay una teoría sobre Lost in Traslation que dice que lo que le susurra Bill Murray a la churri al final de la película es su dirección de Messenger. El Cheka bufó y luego exclamó que era aberrante suplir la experiencia del mundo con una pantalla y un teclado. El problema es si no tienes experiencia del mundo que suplir. Hoy es más fácil vivir marginado y tener la sensación térmica de que se es un ser social incluso uno hipersocial. Hay quien tiene más de 500 amigos en su facebook. Hay quien tiene más de tres visitas en su blog.

El Lucas –que conoce datos de esa clase- dice que el 97% de los blogs no se han actualizado en los últimos seis meses. La conclusión es que, como sustitutivo de las relaciones, al 97% de la gente, Internet no le sirve. En ese tres por ciento de actualizadores hay muchos que con su pasión por ser persona profanan el sentido de la personalidad. Se conoce que el blog, la página, el my space, les sirve de altar dedicado a su yo –y en virtud de eso, lo utilizan como propaganda para el ligue y el pillar cacho- pero claro, aunque se trate sólo de un tres por ciento, no hay que generalizar: de hecho, creo que hay una mayoría de tímidos que procuran empequeñecer ese santuario. E incluso llegan a sentirse culpables de quemar incienso con fruición.

Hace tiempo se me ocurrió decir que en el campo no se liga y se chotearon. Tampoco se liga en las discotecas (aunque tú creas que sí), dijeron. "¿Ah no?" No, en las discotecas se le roba la novia a alguien, una novia que puede no saber que lo es, de alguien que puede no existir realmente, alguien que en ese momento puede estar enfrente de un teclado acordándose vagamente de la chica que baila para esquivar las miradas de vidrio de siete tipos.

Nadie podía ser un intruso con ella porque no había lugar para la intrusión.



[1] Trad. Ana María de la Fuente

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