Menos mal que hay personas que no se toman en serio lo de la bondad. Una de ellas, la ex bakalera acomplejada que ayer me hizo dar un parte al seguro por un roce mínimo, menos llamativo que la línea negra que llevaba pintada bajo el labio. Ella no atendió cuando le dije, mira tronca, es navidad, ¿por qué no te piras y lo olvidas?
La etnia de las ex bakalaeras ruines es difícil de tragar, no sé si las controláis; desde luego es mucho peor que otra que se llevó una larga temporada y que hoy ha desaparecido casi por completo, la de las ex heavys, éstas, detrás de una capa de inadaptación que, por otra parte, las hacía apetecibles, eran mucho más simpáticas: les ponía el flamenquillo, eran no sé, buenas tías, de esas de Dolores se llamaba Lola. Pero las ex bakalas almacenan más resentimiento; una dureza exasperada que ya sufrí con una ex jefa (que además de ex bakala fue ex teddy girl) imposible de desmontar poniendo cara de bueno, de aquí no ha pasado nada –es la actitud que las sulibeya por completo (“te las das de majo ¿eh?... Pues te vas a joder”).
Por supuesto, no corresponde generalizar: no todas las ex bakalas viven como aquélla, entre episodios de depresión y resentimiento; las habrá que salieron, que disfrutan enchufándose a Amy Winehouse, las hay incluso que no echarán de menos la droga, ni al tipo que trasegaba a su lado batidos de gimnasio y les hablaba de válvulas como prolongación de sus conversaciones acerca de biceps. Creo en la redención de un 80% de las ex bakalaeras, punto más punto menos; lo que pasa que del resto sólo puedo hablar pestes y deseárselas también. Para ser más gráfico: que el labio se les pudra, el rimel se vuelva piedra, en fin, nada como una maldición gitana: “Ojalá acabes como una sartén, con el culo quemao y colgao de un ojo”.
Claro que, si me paran por la calle y me piden explicaciones diré que era todo una licencia, prefiero que piensen que sigo siendo un tío pacífico (¿Se imaginan que hubiera escrito todo esto en serio? ¿Acaso no me tomarían por loco?) Sólo otro retrato pelín satírico contra esa gente a la que se le cruzan las claymore: tuvo una mala nochebuena, pobrecita; recordó cuánto le gusta la farlopa y que poco le satisface su trabajo –y yo estaba allí, al día siguiente, en el momento adecuado y con el parachoques equivocado.
Que conste que no escurro el bulto, es mi responsabilidad y tal. Pringo una vez por todos los golpes nimios que he dado aparcando, es justo. Pago también porque no sé discutir ni plantarme: mi sentido del ridículo me impele a que firme los papeles y me largue.
Dirán que la música electrónica es un arte y que las raves son una cultura; ¿Lo son? Bah, qué tiene que ver, seguramente nunca le gustó el bakalao, es una buena chica que la noche anterior le regaló a sus sobrinos unos Madelman, y siente como nadie el espíritu navideño. Con eso y todo, espero que se pudra su labio subrayado y…
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