Apropiada escena de perro antropomórfico
Mi carrera es como uno de esos perros que lloran o ladran indistintamente. Si alguien quisiera darle una oportunidad, el chucho lo arruinaría; pero eso no significa que no nos dé pena –a mí el primero- cuando lo vemos dar tumbos (es posible que lleve un clavo o una espina, en la pata) si llora, si ladra.
Yo le bajo huesos roídos y ella los roe, agradecida.
Hay amigos que me dicen que mi carrera y yo tenemos una relación descarnada, pero no es cierto. No nos llevamos bien, eso es todo.
Reconozco que la abandoné mucho tiempo.
Yo quiero reconciliarme. Quisiera subirla a casa, ahora que ponemos la calefacción, y restañar sus heridas, con gasas, con caricias. Reconstrucción y reconciliación son dos palabras parecidas, las usaría ambas en mi cálido gabinete. Primero la dormiría, luego examinaríamos nuestros traumas, la bañaría, bueno, ya saben... el proceso... es delicado ¿será duradero?
Debería hacerlo hoy, desde este momento; si silbo vendrá. No creo que quiera morderme, si lo hace, tengo que aguantar, por ella. Nunca me pidió nada, estuvo allí antes de que le hiciera caso, no impuso condiciones; se torció, sí, pero yo no intervine para ayudarla, no le dije “no sigas por ahí”, esa frase que alguien nos tiene que soltar alguna vez. Me callé y ahora la comparo con un chucho abandonado, la expongo a la compasión de los demás, como si fuera un perro, sin ningún pudor.
Yo le bajo huesos roídos y ella los roe, agradecida.
Hay amigos que me dicen que mi carrera y yo tenemos una relación descarnada, pero no es cierto. No nos llevamos bien, eso es todo.
Reconozco que la abandoné mucho tiempo.
Yo quiero reconciliarme. Quisiera subirla a casa, ahora que ponemos la calefacción, y restañar sus heridas, con gasas, con caricias. Reconstrucción y reconciliación son dos palabras parecidas, las usaría ambas en mi cálido gabinete. Primero la dormiría, luego examinaríamos nuestros traumas, la bañaría, bueno, ya saben... el proceso... es delicado ¿será duradero?
Debería hacerlo hoy, desde este momento; si silbo vendrá. No creo que quiera morderme, si lo hace, tengo que aguantar, por ella. Nunca me pidió nada, estuvo allí antes de que le hiciera caso, no impuso condiciones; se torció, sí, pero yo no intervine para ayudarla, no le dije “no sigas por ahí”, esa frase que alguien nos tiene que soltar alguna vez. Me callé y ahora la comparo con un chucho abandonado, la expongo a la compasión de los demás, como si fuera un perro, sin ningún pudor.

2 comentarios:
báñala..
es tan bonito eso que has dicho
joe, así da gusto empezar.
gracias
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