30.11.07

EL CONDE DEL SOUL

Alguien hizo este logrado dibujo de Al Green




Una tarde, le conté a mi panadera que me habían propuesto entrar en un negocio del que mis conocidos sabían más que yo, y, como no estaba seguro de si me convenía entrar en él, quería recibir su consejo. Y ella, para mejor ilustrarme, me contó lo que pensó un incauto redactor cuando fue a ver a un nigromante que le dijo que iba a ganarse la vida como cantante de Soul.

“El zagal se puso dientes de oro, y sombreros de ala ancha para ir por el metro, y si los zapatos de piel de cocodrilo no se llevaban, él se los ponía igual ¿dónde quedó la humildad? No abría la boca entre conciertos, sólo para mostrar los dientes de tiburón afilados como chapas de Mahon clásica, ya no quería sarro, sólo ritmo, y con un dedo mover un rosario laico, la correa del micrófono. Y de devolver los favores, ni hablar.

Echaban de menos, sus amistades, la otra forma de ser, y él también (¿dónde la circunspección?) pero igual clamaba desde el palio con funk del que cada cuatro días fabrica una opinión distinta: hoy el profundo sur, mañana las nalgas de una algodonera. Su sombrero los hipnotizaba.

El nombre de los carteles los impresiona, Patronio.

La vanidad la satisfarán palmadas en la espalda.

Y al final, ni dientes de oro ni sombrero, el soñador despertó del sueño, y el nigromante no le quiso dar sus discos de Al Green, pensó que mejor estarían en la basura. Le quedaron los dientes, no eran de oro, pero les tenía cogido cariño a las manchas marrones y hasta al sarro.”

Llevé a cabo el consejo que me había dado la panadera, me fue bien con él, así que lo puse en este libro:

Deja que otros canten el soul que te gusta oír
si no quieres que tus cuerdas vocales pongan a parir.

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