14.5.08

Sobre Vilos

Se trataba del tiempo que pasaba delante de una pantalla parecida, con los ojos achinados, derivando hacia el anonimato, e inventaba, cuando no era posible derivar, y divagaba, si tampoco era posible inventar, y el rato se convertía, en los mejores casos, en un momento de isla, en una postal de Saba que era agradable mirar; no una de esas imágenes que reclaman una obsesión del receptor, una impresión en fuego, no, una de esas postales, en cambio, que pueden contemplarse tan sólo durante unos segundos y que jamás significarán nada, no cambiarán nada, quizá queden bien en un corcho, unidas a una chincheta unos años, eso será todo; una postal que amarilleará como otro papel, en la que hay una playa y unas cabañas pintorescas, en la que se intuye una puesta de sol, el aleteo de unos pájaros con nombres innecesarios y una estampa transparente de la brisa.

Para los que divagamos, el silencio viene como confirmación de que nunca hubo otra cosa; encontramos en el nunca, en el nada y en el jamás, la palabra correcta –la única- que nos saca de las divagaciones, que nos presenta al mundo antes de que este se marche de nuevo. Escribimos mientras el mundo está en otro mundo, y cuando retorna nos quedamos secos, hasta que se marcha e intentamos recuperar la derivación, lo que los optimistas (y mucho) llaman el Arte por el arte. Sólo es posible si el mundo se deja clavar con una chincheta, si no es necesario saber el nombre de los pájaros para que nos emocione verlos volar.

No pensó que la vida le buscaría en su parte del mundo. Vivía con puertas y ventanas abiertas, salvo si se levantaba viento. Delante del monitor, abogado-consejero de sus propias imaginaciones, correcto para pervivir, Vilos Cohaagen no vio que el mundo apareció en el umbral de una de aquellas puertas. Su saber-hacer diplomático buscó otra palabra, no lo nombró mundo, ni tampoco enfermedad, a decir verdad no recuerdo el nombre que le dio, podía haber sido muerte pero no fue; tal vez silencio se ajustaba mejor.

Y lo demás es esta postal que puedo mirar o no mirar.

Detrás está su firma, la de Carmen y la de Kate.

1 comentario:

RGAlmazán dijo...

Vaya, D. Pablo está usted hoy muy filósofo, se va pareciendo a su tío D. Vilos. Que conste que yo le hecho de menos. Allá usted y... su tío.

Salud y República