1.9.08

Entre cocaleros

En un camping de Conil, como veréis, en el epicentro del mundanal ruido, arena y viento de Levante, con una tienda minúscula para los dos, y aquello era la parte asalvajada del viaje; cenaríamos pasta a la carbonara, tal vez comprásemos una litrona y, con una frontal, acabaríamos yo el tomo, ella la novela. Cada cuál se siente impelido a compartir su música –para eso han pagado por meter el coche- y si no es su Radio Olé, es una mistificación flamenco dancehall o una mezcla de canciones de veranos pasados (Hey Boy, Hey Girl). Cuando pasas la zona de bungalows ya no hay civismo, deberíamos estar advertidos, uno sólo se acuerda del civismo y de la discreción cuando la echa de menos, sólo recuerda que la gente es lo peor cuando está rodeado.

El tema es que el segundo día llegaron unos bandarras de Madrid. Tres tipos, un radiocassete, tres gramos de Coca y una piedra de Hachis. Nos habíamos puesto en medio de una parcela en la que aún había espacio –puta tienda individual- y se colocaron detrás, en un iglú y una canadiense, y pusieron su aparato a funcionar, y repitieron el mismo disco varias veces (Here we go!). Aquello no era nada porque en cualquier lugar había música sonando y llegaba de tres en tres al oído de cualquiera que estuviese acampado, ya lo he dicho: lolailos, el Arrebato, y clones de Andy y Lucas pinchando a los auténticos Andy y Lucas. Una jodida tortura en la que sólo faltaba algún okupa poniendo canciones de Alaska.

A partir de las doce se exige silencio. Se apagan los cacharros. El lavabo deja de oler a perfume. Muchos se han ido a pelar la pava a una carpa a pie de playa. La primera noche los bandarras se quedan, como ellos dicen, “pintando”. Charlan.

A la una y media comienza este diálogo:

VOZ ESTRIDENTE (desde el iglú)
JODER, no me puedo dormir. Me he tumbado y es como si estuviese en un puto barco. Vamos a tomarnos un chupito, de Whisky o de ron, me la suda. Vamos.

VOZ DE LA RAZÓN (desde la canadiense)
Me estaba durmiendo, CABRÓN.

VOZ SECUAZ (desde el iglú)
HI HI HI HI

VOZ ESTRIDENTE
No me jodas, ¿cómo eres tan hijo de puta? Vamos a ponernos otras Claymore (sic.) QUE NO ME PUEDO DORMIR. Me he tumbado y es como si estuviese en un puto barco.

VOZ SECUAZ
Dice que es como si estuviera en un barco.

VOZ ESTRIDENTE
Vamos a tomarnos un chupito, NO SEAS MARICÓN.

VOZ DE LA RAZÓN
Yo no quiero pintar ahora. Hazte uno y duérmete.

VOZ ESTRIDENTE
Yo quiero que nos lo fumemos ahí fuera, LOS TRES JUNTOS. ¡AHHHHHHH!

VOZ DE LA RAZÓN
Vamos a dormir que si no en la playa vamos a estar muertos.

VOZ ESTRIDENTE
Me importa una mierda la puta playa yo he venido aquí de vacaciones. Aunque sea uno de whisky. Vamos.

VOZ SECUAZ
Se ha intentado dormir y estaba como mareado.

VOZ DE LA RAZÓN
(Murmullo inaudible)

VOZ ESTRIDENTE (con voz de hiena)
¡AHHHHHHH!

El diálogo se repite durante media hora. Supongo que en uno de los bucles me quedo dormido y lo integro en el sueño. Me vuelvo a despertar un par de veces; ya no los maldigo porque están dormidos (ojalá muertos, pienso).

Por la mañana, ella propone que nos cambiemos de sitio. En un alarde fatalista opino que no con razones optimistas: esta noche saldrán por ahí. Ojalá no vuelvan, dice. Pasa el día con viento de Levante. Nos vamos de la playa antes de tiempo. Cenamos la pasta, escuchamos, se pintan para irse. Vuelven antes de que amanezca:

VOZ CANTANTE (antes, voz de la razón)
HA HA HA (imitando a alguien) Me cago en todo, voy a llamar al vigilante.

VOZ SECUAZ
...El subnormal…

VIGILANTE DEL CAMPING
¡VOSOTROS, COMO TENGA QUE VOLVER OS PONGO EN LA CALLE!

VOZ CANTANTE
(…) Debería haberle abierto la cabeza.

VOZ ESTRIDENTE
JA JA JA

VOZ SECUAZ
HI HI HI

VOZ ESTRIDENTE
¿Nos enchufamos la última claymore antes de ir a dormir?

VOZ CANTANTE
Joder que sí. Pásame un filter que me voy a hacer uno. (Inaudible) El pibito y la pibita de al lado (…) Son las seis y media (…) Y ¿te has fijado en una cosa?

VOZ SECUAZ
¿En qué?

VOZ CANTANTE
Que mañana se acabó el Levante.

VOZ ESTRIDENTE
¡AHHHHHHH! Así me gusta, joder, ¡vamos a estar DE PUTA MADRE on the beach!

VOZ CANTANTE
Héctor. Héctor. Héctor. Héctor. Héctor. Héctor. Héctor. HÉCTOR. ¿Me oyes, Héctor?

VOZ ESTRIDENTE
¿Qué?

VOZ CANTANTE
¿Nos hacemos uno antes de dormirnos?

Otra vez resumo. Total, un hora hablando, y el vigilante no vuelve (ha gritado para que le escuchásemos los ciudadanos honrados y ya no va a hacer nada más). Puede que no consigamos dormir. Pero sí. Otra hora. Cuando nos despertamos, al parecer, cada uno por su cuenta pensamos en robarle las sillas de camping. Nos echamos para atrás porque debemos ser buena gente o porque somos buenos cobardes. Luego nos reímos y prometemos que no vamos a volver nunca más a un camping de la costa. A la maldita naturaleza.

4 comentarios:

Eloy Garavís dijo...

Albricias por su vuelta. Siempre sucede algo parecido en los campings de la costa, sí señor. Algo así viví hace dos años en el cabo de Trafalgar. Lo peor de todo es que dentro de ti se revuelve el asesino que todos tenemos escondido: las ganas de matar no son agradables, ni mucho menos.

Ten con Ten dijo...

"La felicidad de estar con la gente"

Kafka

Anónimo dijo...

Sobra gente en el mundo, está claro. Y los "claymours" son una forma tan efectiva como cualquier otra de ir haciendo limpieza demográfica. No tan rápida y espectacular como las bombas de Bush, pero un poco más limpia. Vosotros sufristeis los daños colaterales, qué le vamos a hacer.
A colocarse y al loro.
Ana.

Anónimo dijo...

(Murmullo inaudible)

Eso fue lo más inteligente que rebuznaron los angelitos...

A la maldita naturaleza

Lo malo de la misma es que está llena de animales...

:D