Tampoco es fácil encontrar algo mejor que dormir, sobre todo si lo intentas. Piensas que te has pasado con la cafeína o que te han faltado canabáceas. Inicias textos que te aburre seguir, ves los errores, muchos más que si los plasmaras.
Me senté en el quicio y escribí que nunca escribiría la palabra vulgar, sólo esa vez, y sin embargo ahora lo repito y no sé muy bien qué significa, no se cuál es la palabra vulgar, que puede ser sonreír, tal día como hoy. Vulgar, puede ser vulgar, o complejo.
Me senté y encendí la luz. Eran las cuatro menos cuarto. No quise mirar los evangelios ni leer otra vez aquello de los siete hermanos que se casan con la misma mujer. Saduceos, que no creéis en la reencarnación: dejadme dormir.
Después comencé un resumen, bastante sincero, de lo que fue mi vida antes de venir a parar aquí, porque otras veces eso me ayudó. Sin detalles: era un tipo con bastantes dificultades de comprensión. Un zoquete. Mi madre dirá que con mucha vida interior. Eso de la vida interior es asimismo vulgar. Digamos que conforme crecí aumenté el recogimiento. En otras palabras, no evolucionaba. No lo digo por impostura: mis notas mejoraron. Quiero decir, si despiertas en los últimos años de la universidad, ya te da igual; salvo que te emplees a fondo en el mecanismo de adulación-hibernación. Es como la canción de Krahe, cuando todo da lo mismo, resulta que no eras tan lelo. Dices un par de frases acertadas en una clase en la que hay quince personas mirando por la ventana y al día siguiente te recibes (como dicen los sudacas). Tu frase: muy bien chaval. Podía habérsete ocurrido seis años antes, cuando mirabas a la puerta.
¿Es eso llorar? Bah, qué va. Era simplemente que no me podía dormir.
Encendí la luz otra vez y cogí el libro de Beevor sobre la Guerra Civil. Sobre Lerroux: Desde entonces, el viejo “emperador del paralelo” buscaría sólo alianzas a su derecha.
El sábado escuché lo que decía un neofalangista en el congreso del PP de Madrid. La guerra del abuelo, la llama. No sé dónde leí hace poco que cada generación quiere la suya. De eso va el chaval de las Nuevas Generaciones, puede que sea él quien no lo sabe. En fin, prefiero tomarme como algo personal la guerra vieja, cerrarla y catalogarla, que crear la retórica para una nueva (no como ponía en la chupa de aquel punkie: let´s start a war). Me leo y me parezco un reformista, tardo-reformista, concretamente. Tal vez sea mejor -como dice Ana- dejar que todo pete. Veremos cómo el moderno Casado se comporta a la antigua y se cobija en el ejército y en la guardia civil. Con toda su retórica bakalaera, y luego resulta que idolatra a los mártires. A ver quien es el moderno cuando todo se joda.
Me pregunto -ya clarea en la habitación- por qué últimamente no hago entradas homogéneas. Qué sucede para que todo derive. Como en ese instante en el que el cerebro hipervincula y no alcanza puerto (es ésa la frase vulgar que puede desencadenar el sueño).
Pruebo otra vez a cambiar la postura. Está lloviendo tanto que no merece la pena cortar ningún pensamiento, sólo escucho unas gotas en primer plano, las que caen de la caja de la persiana y una cortina (¡ésa es!) un manto de agua que estrena el insomnio, porque el insomnio siempre está de estreno, es una sorpresa desagradable que está durando ya demasiado.
Cuando me levanto es muy tarde. La autopista está cortada. La vía llena de barro. El mundo acaba con el mundo. Me toca narrar minuto de juego y resultado. Y no tengo ganas.
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1 comentario:
No es que sea ni mejor ni peor, es que es la única posibilidad. Se ve venir. Con tanto subnormal como anda suelto, estilo el tal Casado, ya me dirás. Y con la de miles de millones de seres humanos como hay sobre el planeta en estos momentos, la estadística no engaña.
Pero hombre, no pierdas el sueño por eso, que no merece la pena. Este comentario también deriva. Me voy a la cama.
Ana.
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