3.9.08

Nuevo empleo, entrada cien

Entre los micropropósitos de enmienda que brindo este año, tal vez el primero sea reconocer la inutilidad del tiempo empleado, plantear una discreta y lenta salida, en una palabra, desaparecer. No obstante, la propuesta es conseguirlo de un modo maximalista, seguramente ruidoso; de modo que, de una vez por todas, mis intenciones se colijan del texto y no sean necesarias las explicaciones, ni mucho menos las excusas.

De acuerdo, traté de que se rieran, intenté hablar, y después (después de todo) nada había cambiado salvo yo.

La despiadada alegría honrada de un fanático en plena atrocidad conserva no se sabe qué brillo lúgubremente venerable.[1]

Rutina, alegría u honradez, lo cierto es que no comprendía una semana sin un reflejo de la decadencia del alma (de la mía, de la suya, de la de todos). Podría haber utilizado como cobayas a los pobres de África o a las prostitutas hindúes, no obstante, la decadencia bien entendida comienza por uno mismo (convendrán en que es más elegante que echar balones fuera).

Quise, y aún trato, de defender la venerabilidad de lo inútil y de acusar a lo útil, tantas veces subterfugio, tantas veces vacío. Me pregunté si el último blasón no sería que pensasen: ¿de qué está hablando este tío? Por eso el maximalismo ¿Es explorar el abismo? Es parafrasear al personaje más recurrente en los blogs del mundo entero, el eterno Bartleby: preferiría no tener que explicarme. Atravesarlo con un discurso deleznable, levantar teorías que por fuerza tendrán que ser efímeras. Burlarse de que todo esté perdido. Inmóvil en un movedizo légamo, con tal de que el razonamiento dure más.

Por el contrario, me incluyo en la gacetilla para hacer reportajes sobre Memoria Histórica. García Márquez dice que sufre como un perro cuando lee los periódicos. Imaginen a uno que se levantase cada mañana pensando: “Quiero que Gabo lo pase mal con mis textos. Estoy decidido a defraudar uno tras otro a todos los maestros de este mundo”. No deja de ser un sacrificio punk hacerlo a expensas del propio ego: un ejercicio atroz y venerable.

El micropropósito de ocultarse en la niebla choca con este nuevo empleo de plumilla, de comunicador. Por un lado está el abismo, por otro, la posibilidad de roer un pan negro. Dejo esta fosa y camino hacia la luz de la verdad. No obstante aún mantengo que quiero seguir borrando lo que escribí antes y sólo conozco este lugar para hacerlo, aunque sea de forma intermitente, o bien, provisional.

Es posible que haya que explicar que este texto trata de la tensión entre la decadencia y el entusiasmo, motor de tipos dispuestos a abjurar hasta de las propias renuncias en cuanto se presente alguien con las llaves de un Jeep. Les iré contando en qué cae el nuevo macropropósito de ser periodista. Lo haré hasta el día en que tenga que renunciar al sarcasmo, a la decadencia y a la sombra. Si se hace la luz en mi cartilla, probablemente.



[1] Los Miserables. Víctor Hugo. Trad. de Aurora Alemany.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

en una palabra, desaparecer

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiih!!!!!!

preferiría no tener que explicarme

Hágalo, hágalooooo...
:[

Lo haré hasta el día en que tenga que renunciar al sarcasmo, a la decadencia y a la sombra

Espero que no llegue ese día fatal.

Un saludete que no sabía que ya había vuelto!

:]

Anónimo dijo...

Lo bueno de vernos de vez en cuando, entre otras cosas, es que la exégesis es más fácil, y la lectura se aligera.
Suerte.
Ana.