6.11.07

CIUDADANO

Una señora que siempre me pareció mayor pero ahora lo es más que cuando yo tenía siete años, me llamaba mi rey cuando me encontraba en el ascensor, pero se lo decía a todos los niños, incluso a los feos, así que no cuenta. No me llamo a engaño: a mí en Ceuta no me recibe nadie, y eso es un alivio, no crean, porque la turba que hoy agita la bandera colorada, puede que mañana te quiera ver empalado. Si no fuera así, no tendría ese nombre, turba.

Nunca he sido popular; creo que si hubiese estado en la luna no me hubiera venido a recoger ni mi madre. Me imagino esperando el bus en la puerta de Cabo Cañaveral, soportando el tembleque de piernas típico de los astronautas, pensando en los transbordos que hay que hacer hasta Moratalaz.

Aunque me llamaran rey (o prenda), con siete años ya sabía que ni confeti ni vítores, ni siquiera una triste entrevista en el periódico del barrio; y cuando llegan los catorce y te das cuenta de que a las chicas no les van los pringaos (salvo en las películas para pringaos), te olvidas de ser conocido o reconocido; sólo te obsesiona pillar cacho, y claro, así no hay manera.


Ejemplo de película para pringaos (Karate Kid)

Ahora bien, llega un momento en el que a las chicas les hacen algo de gracia los pringaos. No es que te llamen mi rey, de hecho, la mayoría te ignora, pero al menos no te quieren ver colgando de un palo, te dejan vivir. Igual que en Melilla: si me da por ir, no pasa nada, nadie se indigna. Puede que si me ven piensen que voy a traficar pero, si no me pillan, me dejan en paz. Es un alivio ser corrientito.

2 comentarios:

RGAlmazán dijo...

No creas los divos también tienen su punto. Creerse dios es un síntoma de locura y este mundo está fabricado por y para locos.

Salud y República

G.D. dijo...

Vaya, je, cómo me ha gustado este post.
Saluditos