Mientras me pisaba el bajo del pantalón, sujetando la presilla con el índice y una cesta con champán, entre los charcos de la ciudad universitaria, que aún no reflejaban la luna, estaba escuchando que Arauco tiene una pena y pensaba en que mi Locus amoenus deja mucho que desear.
Si digo que pasé la mañana entre Gonzalo de Berceo y Violeta Parra, que comí de canapés, y que a los jefes les dio vergüenza que les viésemos pelar la pava y nos dejaron marcharnos a casa, resumo el día y creo que el párrafo es lo bastante corto, de manera que nadie tiene que exprimirse las meninges para entenderlo.
El horóscopo ha dicho que hoy iba a estar a lo que no he estado. Sueña la margarita con ser romero, cantaban los jefes, así los he conocido, bailando (ellos), yo pensaba que la romería simboliza la vida en la lírica medieval. Con aguafiestas que piensan en símbolos, es normal que los jefes nos mandaran a casa. Como seguía lloviendo, he renunciado a buscar otro Locus amoenus. Cargado con la cesta, he vuelto al coche, que se parece.
La romería ha derivado en un atasco, pero, con estos lugares portátiles y esa música de luna en los charcos y ritmo en las caderas, se ha llevado mejor (si es que antes lo había llevado mal, sinceramente no lo sé).
De vuelta al apartamento he puesto el piloto automático que me llevará hasta las seis de la mañana. En mis planes no está volver a salir a la búsqueda de aquél paraje donde me tumbaré para rasguear mi canción.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario