Puedo decir que he elegido la precariedad. No acumulo méritos, es cierto. Al menos ya no me levanto ni a las seis ni a las siete; no me pego grandes viajes y mira que lo siento, pero a la gente que cobra de mil para arriba tampoco les veo moverse mucho. Algunos compañeros de curro hablan de otros países como si fueran material de novelas. Creo que he viajado bastante, pero ahora mi mundo se extiende a la zona B2. Debí haber puesto empeño en hacerme ingeniero, así podría haber sido cualquier cosa, con la partícula adherida a una tarjeta: Ingeniero P. E. Me podía haber comprado o vendido mejor, sin embargo me pudo… (...) ¿Qué me pudo? ¿La pereza, la abulia, el interés, el desinterés, la sinvergonzonería, la situación? ¿me pudieron las ganas? (...) Y ahora escojo un trabajo de maneja-ratones por que puedo (de momento).
Si cuando queden diez años para mi jubilación suscribo estas palabras en este orden, habré completado la cuadratura del pentágono liberal. Pero lo dudo. Imagino que terminaré en una oficina, en el caso de que para entonces exista tal cosa, pegado a un contrato indefinido como una lapa. O en algún sitio peor.
Todos los días, alguien se va del sótano que frecuento. No se ve a ningún anciano picando datos, hay un grupo de mujeres de cuarenta a cincuenta, tienen horarios especiales, y entre los jovenzuelos yo tiro a veterano. A una chica le han llamado hoy y se va a currar a un periódico gratuito, otra se fue el lunes a hacerle revistas a siete empresas. Por si les dice algo, las dos son periodistas (ver Manuel Ortiz). El almanaque de la precariedad en la que se está convirtiendo esta vida laboral es, en sí mismo, una estadística. Sin embargo (supongo que gracias a la carrera: historia del arte) he podido escoger hasta ahora la clase de menoscabo que estoy dispuesto a admitir en un curro. Por eso creo que irme de Güater Inc. fue un acierto. Un acierto dentro de un largo listado de golfas decisiones.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Mire, D. Pablo, no sé cómo terminará Ud. pero sí se que tiene una gran ventaja. Sabe lo que quiere, otra cosa es que lo pueda conseguir. Camine por ahí sin frustrarse y lo de la oficina siempre estará esperando. Siga haciendo en sus horas libres lo que le gusta, que quién sabe si mañana su vocación será también su trabajo.
Mientras tanto, deleítenos con sus entradas, que no es poco para este pueblo que le espera.
Salud y República
Publicar un comentario