14.12.07

¿YA LES HE CONTADO LA HISTORIETA DE ALF?

Esta tarde estaba flojeando en el curro, los de al lado hablaban de los pantalones de uno que los lleva cagados, se le ven los gallobas (calzones), y le decía el otro, ¿te da el tiro? y el de los vaqueros le decía, son comodísimos, pero no cuela, y luego ha dicho, están a la moda, y después yo he contado esta historia, que no es una leyenda urbana (antes había contado la del perro rata de la india, porque el de los pantalones cagaos ha contado que una niña tenía una pitón desde que ambas eran pequeñas, y cuando estaba a punto de alcanzar el tamaño de la niña, la pitón había dejado de comer, y el veterinario le había dicho a la niña: “está esperando a ser tan grande como tú para comerte cuando estés dormida, soñando con pantalones que aprietan o con pañuelos demasiado anudados). La que he contado después de la del perro rata de la india no es una leyenda como la del perro rata, sucedió de verdad y lo sé por que me lo contó mi colega Ástor, y dos o tres más que estuvieron allí, y además fue una noticia que pusieron en el Telediario, y después de eso vi una vez al pibe al que le había pasado, yo le conocí siete o nueve días antes de que le pasara, y era un flipaó, el típico que habla tres horas seguidas sobre los Sepultura, y mi amigo Ástor que se había ido con él y con otros amigos (lugar común: no eran muy amigos y después lo fueron menos) luego siguió viéndole de vez en cuando, y eso es mucho porque el Máxtor no ve a casi nadie; así que doy fe de que Alfredo, en adelante le llamaré el loco de los Sepultura, se cayó en un río de Noruega –puede que fuera de Suecia- y estuvo a punto de morir porque el tiro del pantalón no le dio cuando quiso saltar tres baldosas de agua, un inofensivo metro y medio de cauce que decidió que era mejor pasar estirando la pierna, oh, qué paradoja, porque estuvo a punto de estirarla de verdad. Y lo que en un río de Rascafría hubiese sido una coña -yo me caí en Ávila a un lago y se rieron- estuvo a punto de matar al barbián, que se quedó enganchado a una roca, recibiendo hidromasaje brutal, congelándose, hablando con Ástor y con los demás colegas, el Perdi, la Six, el Pedro y el Alex, a saber qué diría, qué dirían ellos, te vamos a salvar, vienen para aquí los Geos, y Alfredo, agarrado, supongo que trataría de vivir si es que eso significa algo, (no vivir, tratar de) y el chorro, y los lloros, y las aristas de la piedra, y al fondo la cascada –o quizá no había cascada, pero al fondo la muerte, el fondo. Así que allí estaba, pensando en los discos de Sepultura que ya no oiría, entre otras cosas; hasta que aparecieron los héroes noruegos que convirtieron la tragedia en una historieta, y dejaron niquelado el comienzo de su fin de semana, tranquilos, que no se murió el chaval, ni la niña de la boa, ni la del perro rata (aunque de lo de ésta no estoy muy seguro, que igual se la comió el perro, tú).

1 comentario:

RGAlmazán dijo...

Hay que tener mucho cuidado con el tiro del pantalón, te puede dar disgustos e incluso ahogarte por donde menos te esperas. Y no está demostrado, empíricamente, que marcar paquete sirva para algo más que para agrandar el ego del empaquetado.

SAlud y República