7.8.08

Crítica es verdad y envidia

Por lo demás, he llegado a un extremo de rutina flagrante. Si el otro día hablé de que debía mantener alejada la imaginación, hoy debería decir que sólo la imaginación puede hacernos salir de este atolladero de correcciones e incorrecciones, aquello de lo que habla el último post de Gándara. La preocupación de Santa Teresa de que su literatura muestre siempre “la verdad” es el pequeño motor de esta historia, una vez me he convencido de que redacto bastante bien. Si eso implica darle un viaje a alguien, he de seguir haciéndolo.

En el último comentario, en el post sobre la música, una pariente lejana, mujerconpiernas, pide con cariño que deje que cada uno escriba de lo que le dé la gana y le contesto que lleva razón: si los del Canto del Loco quieren entrar en un garito con zapatillas están en su pleno derecho de expresarlo, faltaría más (por mi parte tengo faltas de ortografía). Creo simplemente que deberíamos hacer una lucha de todos contra todos. Coincidirás conmigo que es más divertido y poco saludable, como fumar o beber, y que también es horizontal. Interpreto que la última frase del comentario iba por ahí: hay que darles caña. Aunque alguno no se la merezca.

Por eso, propongo una reciclada colectiva de libros en la Carrera de San Jerónimo, el viernes a las ocho de la tarde. Aviso que arderían libros fabulosos, pero la planteo como catarsis para las librerías, los académicos y los lectores: ¿Qué tal si juntamos los de los Hermanos Reverte y los que Marías saca, y los Grandes, y los de Dragó y los de Atxaga y los de Montalbán -esos los primeros- y hacemos una hoguera de adjetivos y nombres? Repito que habría bellas historias que desaparecerían –hay que entender que no íbamos a echar todos los ejemplares, sólo unos cuantos, en plan simbólico-. De algún modo, el acto pondría fin a toda una época, y quizá estos talentosos consagrados recobrasen bríos. Yo por mi parte me comprometo a llevar una copia de lo mío para que arda.

Ecológicamente la acción sería un desastre y ése es el principal factor en contra. No digamos si se hiciera con cedés, deuvedés y audio-libros, que dejan nube tóxica. La solución que veo es proponerlo y desconvocarlo por motivos medioambientales. Para que vean que los radicales somos sensibles al cambio climático. Se pierde el aura de Troll si anuncias que los vas a quemar y luego das marcha atrás porque no te los has leído/igual están bien. La catarsis, que no joda el Medio Ambiente, se hace internamente, como meditar u orar.

Cedo en que no hay que considerar que el crítico es buena persona, ni siquiera buen bloguero. Vapulea a gente sin motivos y no ha ofrecido un producto que se pueda comparar; como mucho un texto tortuoso, la mayor parte del tiempo, paja. Es fácil entender que hay un Por Qué Yo No implícito cada vez que uno dice es que son muchos años de tomarnos el pelo. Tienes que haber estado ahí, harto de aguantar, para poner buena cara a los dos o tres eco-terroristas que van diciendo majaderías acerca de tus novelas o que gritan que van a echar un tordo encima de tu disco.

Ayer pensaba en la otra parte del asunto mientras veía el programa de entrevistas de B. Fíjate las comidas de sable que tiene que hacer sólo porque es del PP (o porque es así, de natural). ¿Es posible envidiarle, por mucha pasta que cobre? No, salvo que seas tan rastrero como él. Queda entonces la crítica, y afinando más, la sátira: ya que hay que aceptar que estén ahí, lo mínimo es reírse un poco de ellos, por higiene, porque son cuatro días.

3 comentarios:

odradek dijo...

quemarlos está muy trillado, igual.
mejor reciclarlos con ocurrencias naïf. con los de unamuno se pueden hacer pajaritas y barquitos, como es obvio. pero también figuras de pasta de papel cuanto más horteras mejor. o tirárselos a la gente a la cabeza para provocar disturbios.

la pena es que todo está muy visto, ay.

Ten con Ten dijo...

¿Cómo se llamaba eso del Pressing Catch cuando luchaban todos contra todos? Pues lo mismo.

Pablo Elorduy dijo...

De hecho pensé poner una foto de la royal rumble, tortu.

Lo de tirárselos, sin duda.