4.8.08

El escritor cansado y el crítico feroz

Dice Alejandro Gándara en su blog: Como se observa, la experiencia que me espera, quién sabe si para el resto de la vida, consiste en corregirme, en repasar mis propios argumentos, en detectar errores y defectos en simples páginas escritas a partes iguales con ardor y cansancio. En una entrevista que leí en Público, Atxaga recuerda a muchos que lo intentaron y se aburrieron o se cansaron de que los ignoraran. A continuación, reconoce que encajó fatal la crítica que le hizo Ignacio Echeverría cuando escribía en el Babelia, “un crochet a la nasal”. Hay una página entera dedicada al Caso Echeverría. En otra página he leído la crítica de marras, que comienza así: Resulta difícil sobreponerse al estupor que suscita la lectura de esta novela. Cuesta creer que, a estas alturas, se pueda escribir así.

Cuando era pequeño leí Obabakoak y me entusiasmó, luego El Hombre Solo me gustó bastante menos (aunque había algún pasaje guarrindongo) y ésta del Hijo del Acordeonista, que me regalaron y me recomendó un colega, me pareció un poco floja. Cuando la leía me quedé convencido de que yo podía escribir algo como eso. Así que no me cuesta tanto creer que a estas alturas alguien lo haga y no me es difícil sobreponerme al estupor.

Me he reído bastante con la crítica de Echeverría, me ha recordado a las hostias que le pegaban los de Mondo Brutto a sus enemigos. Lo mejor, lo de los osos, y este párrafo en el que se resume todo el bofetón: (…) la novela sólo vale como documento acrítico de la inopia y de la bobería -de la atrofia moral, en definitiva- que no han dejado de consentir y de amparar, hoy lo mismo que ayer, de forma más o menos melindrosa, el desarrollo del terrorismo vasco, reducido aquí a un conflicto de lobos y pastores, un problema de ecología lingüística y sentimental, al margen de toda consideración ideológica. Ciertamente, los chicos de El País no defendían tanto a Alfaguara como a sus lectores buenrollistas del País Vasco y alrededores, quienes iban a alucinar con eso de la atrofia ecologista. Las visiones que se salen de lo consensuado, o las firma Goytisolo, o no sirven, debieron pensar los jefes.

Después de la crítica abortada, el libro salió bien parado porque es un producto digno, que, en efecto, no aporta nada nuevo al conflicto que pretende explicar y que, como demuestra Echeverría, tampoco aporta demasiado a la narrativa moderna; es un libro de escritor cansado –al margen de toda consideración ideológica-, de alguien que vuelve por los tópicos que le dieron alegrías. En cualquier caso, inofensivo y en muchos aspectos, reconciliador.

He perdido la pista del crítico. En Internet hay varias noticias atrasadas, casi todas referentes al caso; apenas he visto nada más que una entrevista que le hacen en La Página Definitiva donde aclara cuál es su lugar (o su no-lugar) en el panorama actual: No estoy seguro de entender plenamente la extensión que das al concepto de “Brunete Mediática”, pero en cualquier caso sirva el dato de que mi enfrentamiento a El País no me perfiló en absoluto como elemento susceptible de ser reclutado por la prensa de derechas. Lejos de eso, ante el ejercicio de una crítica insubordinada, todos los medios de prensa españoles cerraron filas y no dieron alas ni al caso en sí ni a quien lo provocó.

Los dos agentes de la movida, el escritor que repasa cansado sus viejos argumentos y esquiva los golpes, y el crítico feroz que un día despierta en un periódico de pastores, no tienen mucho que echarse en cara el uno al otro. Atxaga descubrió que tenía patente de corso, y eso le dejaría triste pero relajado en cuanto a su futuro en la élite. Todo lo que tenía que reprocharle Echeverría al autor ya lo puso en aquella crítica; gracias a eso alcanzó relevancia aunque, como explica, pronto le cortaron las alas.

En realidad, el caso sigue abierto. Por el bien de la literatura babélica -a la que buena falta le hacen esta clase de luchas- deberían encontrarse alguna vez, con o sin guantes, y explicarse el uno al otro qué posición es peor, si la de cansado o la de ignorado. En definitiva, quedó claro que el crítico tenía las de perder aunque también bastante ingenio para despacharse a gusto con un libro que le había causado tanto estupor y contra una manera de abordar El Conflicto excesivamente maniqueista. Después de la entrevista de Público, se confirma que Atxaga está cansado de todo, incluso de su tema estrella. La próxima novela creo que transcurre en el Congo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo me leí un cuento de Atxaga hace mucho y se me quitaron las ganas de leer nada más. Maniqueo, cursi, bobalicón y otras palabras por el estilo que salían en tu entrada, todo eso me pareció. Luego, cuando salió, mi tío le regaló a Diego El hijo del acordeonista. Ahí la tenemos en la estantería ocupando espacio. No se nos ha ocurrido ni abrirla. Sí se nos ha ocurrido regalarla, pero no queremos quedar mal.
No sabía nada de la polémica ni de las vergonzosas medidas de El País. Menos mal que hace mucho que ya no lo leo. Por lo menos no me siento cómplice.
Ya lo decían los Eskorbuto: Maldito País.
Ana (con la colaboración estelar de Diego)