Hay un tipo que debe aparecer en Mihura que es el del Endeudado. Los endeudados hacen cosas como jugar en Bolsa y pedir créditos, montan empresas que desaparecen y se compran esos aparatos para hacer gimnasia que anuncian en el catálogo de American Express. Si no, no me explico en qué se gastan tanta pasta. Nuestro Endeudado tipo debe Cien mil euros y tiene treinta años. “Pero si es un chaval de nuestra edad ¿cómo le vas a hacer eso?” dice ella compasiva. A mí se me ocurre responder un pequeño hayku:
Los primeros quinientos en bolsa.
¡En qué hora metió!
Y no supo salir del Fondo.
Vamos a comenzar suponiendo que él ha oído hablar del Crack del 29, porque en el colegio se escucha de todo, y que olvidó la sabiduría de la película Quicksilver de que montar en bici mola más que ser un piernas. Cualquiera de sus hobbies, incluida su vida afectiva, depende de cómo esté la liquidez. La Familia del Endeudado suele ser la última en enterarse de que tiene uno en casa aunque quizá alguno lo acompañó a pedir aquel crédito que el chaval invirtió . Cualquiera puede tener un Endeudado cerca y no saberlo todavía. Si la familia y allegados tienen un poco de pasta, se le presentarán tres salidas a corto plazo, prestarle dinero, decirle que no, y evitar cualquier entrevista en la que quiera contraer nuevas deudas. Quizá por eso, todos los endeudados pasan una época de reacople social y familiar que a veces termina a navajazos.
La lógica del Endeudado, llegamos a un tema fundamental, no es ni siquiera vivir sin trabajar –pudo serlo alguna vez- sino vivir bajo la asistencia de un tercero, ya sea el banco o un jugoso testamento que no se ha hecho efectivo. Estos son al principio amigos y más tarde amos del individuo que contempla en ellos su riqueza. El pacto elemental con el diablo, el primero, es entrar por la puerta de una sucursal y repetir su eslogan: Mi banco de confianza. Hay que tener en cuenta que, para el Endeudado, ése es el comercio en el que se vende la pasta.
El endeudado tipo, que terminó la carrera después de tres avisos, un espabilado de las cosas de la vida, encontró el reverso de aquel sistema llamado El Único; no sabía que se había convertido en un personaje de Jardiel, en un Endeudado o Tramposo, quizá supuso que el éxito, que con sus padres se había portado bien, le sonreiría por ser quien era. No se percató del escaso riesgo que tiene nacer moderadamente rico.
No hay porqué hacer un juicio al Endeudado, bastante tiene ya; cabe preguntarles qué opinión tienen sobre su suerte y por qué piensan –si lo piensan- que tendrían que tener mejor fortuna que los demás, si han tenido un sueño o una visión, si piensan que fueron demasiados mimos, por qué creyeron que iban a ganar siempre.
Mi tío Vilos, que ha pasado por eso, dice que la sensación de meter la pata tiene algo agridulce que no repele por completo. Habla de que cuando el infierno son los otros (y dice que las deudas siempre son otros) es más fácil encontrarse a gusto con un pequeño detalle que nos demuestre otra vez que somos mortales. El detalle demuestra que el día que uno se muera se acabaron las deudas. Permite seguir la huida hacia delante.
2 comentarios:
La cuestión es: qué pasa con los lectores de blogs cuando están de vacaciones. pues que no hay manera de estar al día y leer y comentar, mayormente porque no en todas partes hay internet. Y cuando lo hay, a veces tampoco se puede. Ahora mismo, por ejemplo, con el ruido que hacen tus colegas y allegados tomando caipiriñas me es imposible concentrarme. Estamos en Iguazú. Turistas burgueses como todos. Como dice Ofelia: "sabemos lo que somos ahora, pero no lo que podemos llegar a ser".
En fin, ya te contaremos a la vuelta.
Saludos.
Ana.
Espero que os dé tiempo de poneros al día mientras estoy fuera. La cuestión es: cómo se recuperan blogueros después de quince días de vacaciones.
Nos vemos. Abrazo a tutti.
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