Me propongo hablar de cosas alegres, hoy. No es que el Padrino II sea triste, le dije, pero ella dijo, corta y rema, que no va por ahí; explícate; como si no lo supieras, pasillos en el metro, la etiqueta de pringao, y no dices que estás toda la mañana tocando la zambomba, golfo. ¿Golfo? Alguien tiene que ignorar al cartero comercial. Mucho tiempo he estado levantándome pronto, nadie lo sabe mejor que tú. A otro perro con ese hueso, majo, que soy yo la que te prepara café. En eso llevas razón, además no hay que negar que es ecológico y sostenible. Además. Y la verdura que comemos está recién traída del huerto. Por ejemplo. Y tenemos un montón de libros, yo no los vendería por menos de doce mil euros. Pero un montón. Y nuestra vida sexual es bastante plena. Calla, no seas indiscreto. Digamos que nos lo pasamos bien. Y tanto. Vemos películas. Vamos a conciertos. Una cerveza. Palomitas caseras. Atún encebollado. Humus. Y… Creo que ya se hacen una idea.
¿Lo ves cómo cuando quiero soy un tipo alegre? Nena, pero es que me tengo que poner grave, ¿no ves que me han retirado de tertuliano? No me extiendo, que ya te veo, que vas a decir que vuelvo a las penas: desde el lado positivo, no me han retirado a mí sino que el proyecto se adelantó a su tiempo. ¿Crees que así está bien enfocado? Cuando seamos ricos añoraremos esta época. Nos habrá servido para aprender a hacer bricolaje y jabón casero. Esta época es maravillosa, nena. Cualquier pasillo se hace corto. Y los trabajos basura serán anécdotas, y la falta de fe en el futuro habrá sido eso falta de fe, nada más. Sin desesperación. Sin tristeza. Nos diremos ¡Mira que no haber confiado! Cuando todo pintaba estupendo, mira que no haber hecho caso de los mayores, y darle tiempo al tiempo, que mañana será otro día, ya lo decía Horacio, y que razón tenía… Pero será un recordar alegre; lo pasado, pasado, y no mueve molino.
En efecto hoy los pájaros cantan, ahora me voy a hacer un ragút, me he levantado cuando ya era de día, y tenía pocos cacharros que fregar, si me da tiempo cuelgo el post, y si puedo contesto a los comentaristas, picaré cebolla, cortaré la carne, en el autobús leeré algo, todavía no he decidido qué; iré con tiempo, no me quitarán el gesto de viandante; en el trabajo saludaré a los compañeros, hablaremos de la euro, y me pondré música hasta las seis. ¿Música alegre o triste? No me digas que eso importa:
Vemos el pasado, el futuro,
y anhelamos lo que no existe:
nuestra alegría más sincera
se mezcla con algún dolor;
nuestra canción más dulce narra el pesar más triste.
(De A una Alondra. Percy Bysshe Shelley. Trad. Abeleira / Valero).
Pesimista, me llamaste, y pensé que tenía que defenderme aunque lo fuera; ¿acaso un pesimista pica cebolla y pimiento? ¿un pesimista se pone los cascos o se lanza a interpretar el sentido de las películas? ¿es cenizo si sigue intentándolo? ¡Juzgas con demasiada severidad. Oh, tú! es sólo algún dolor no es el dolor; ¿no te dije, en su momento, que me tenía por un Lucio Voreno, un estoico, un chiflado estoico? no me dijiste luego ¿y cómo se come eso? Y yo te contesté, nena, ni yo mismo lo sé, pero trato de averiguarlo para ti. Creo recordar que sucedió exactamente como lo cuento. Las olas del mar arrullaban nuestros desnudos, el sol daba luz de plátano a nuestros cuerpos aún jóvenes, no por ello más hermosos, una brisa ligera ponía música a tus palabras y mejoraba las mías, torpes de amor, que balbuceaba en ese lenguaje que me demostraste verdadero; fue entonces, creo, no me engaño, cuando te hice esa pregunta, dime ¿en qué clase de necedad, de las varias que existen, radica mi locura? Porque yo me creo que estoy cuerdo. Corta y rema, contestaste: pasillos en el metro, la etiqueta de pringao, quejas, lamentos, ruegos y preguntas…
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