HUBERT
Un sueño… un sueño… eso es distinto. Soy muy partidario de los sueños aunque no los utilice nunca en mi producción literaria.
DOCTOR
Entonces échese y cuénteme uno.
HUBERT (incorporándose bruscamente)
La próxima vez. La próxima vez. Primero tendré que conseguir soñar. Si cree que es tan fácil…[1]
Esta noche he tenido un sueño coral, al estilo de una película americana, una como Ratas a la Carrera o Los Locos del Canonball. Había una casa enorme, tal vez un hotel y muchos personajes de los que no debía fiarme, algunos simpáticos y otros que estaban haciendo bulto. El final se ha embarullado, de hecho, ha habido varios, como en Un Cadáver a los Postres. Según tengo entendido, lo más importante para la interpretación de los sueños es cómo los cuenta uno después.
Un amigo me dijo que ha estado unas semanas sin poder dormir. Me pregunto si los ratos en los que están dormidos los insomnes son más parecidos a un trance. Dicen que, cuando caen en uno de esos nanosueños, aun creen que están despiertos, que tienen una conciencia de no poder dormir que sigue acompañándolos. A la vez, su realidad comienza a parecerse a ese otro mundo. Se llena de personajes sospechosos como los que había en esa casa. Vi una película sobre ese tema.
Esta mañana me he pasado a CD un disco de los Mars Volta titulado Deloused in comatoriun (Espulgado en la sala de coma ¿?). Al parecer cuenta la historia de un personaje que se mete morfina hasta que entra en coma, tiene visiones y cuando despierta, decide que quiere salir del mundo de piojos y pulgas, el mundo real, y regresar al sueño.
¿Qué quiere Segismundo? ¿Regresar al sueño o que se termine lo que considera vida, su cautiverio? Quizá desea tener otra oportunidad. No necesariamente es dios el que puede dársela:
Mas, sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos.
Un profesor fue el primero que me advirtió de que la verdad no aparece en la literatura tanto como creemos, que de hecho puede que no exista una vida real, con lo que lo real en la ficción no es más que otra de esas convenciones. Los sueños investigan la realidad fragmentada, más o menos como las novelas. He estado en esa casa o ese hotel, esta noche. Los personajes extravagantes que me han hablado pueden ser inmortales que saltan de la ficción a lo real y de nuevo a lo inexistente, que nos pasamos de unos a otros, igual que los de un relato:
A veces por la noche, tengo sueños que me predicen el porvenir, me advierten de peligros, me revelan secretos.[2]
En los sueños hay una intuición del drama y de la comedia que facilita las cosas. Es la muerte, que en muchos aparece como posibilidad, entonces somos capaces de afrontarla con menos miedo. La muerte es el cambio de sueño o la llamada telefónica que despierta; la desaparición en esa segunda vida es un final consensuado. En esa hora sólo sufren esos bebés que aun no se acostumbran a morir para resucitar por la mañana.
Quien no duerme está condenado a esperar una sola muerte después de la cual nada parece haber. Los que dejan ródalos en la almohada se aferran a las luchas con el Ángel, comprenden y añoran las sábanas y esperan su sesión, no desesperados como quienes no pegan ojo, sino con una impaciencia muy infantil. Decimos que alguien no puede dormir tranquilo cuando sospechamos que es una mala persona, pero si un amigo nos cuenta que no puede dormir, tratamos de mostrar lo mejor de nosotros; qué putada macho, ¿ahora ya estás bien? Duerme como un bendito. Nada le quita el sueño. Lo celestial, lo angélico, la bondad, la beatitud, todas las ideas sobre lo bueno se relacionan con el goce del sueño.
Mi amigo me había hablado de lo duro que es no dormir y tuve ese sueño en el que salía una joven Amparo Soler Leal. Me ha despertado una llamada telefónica precisamente de él. Estaba desnudo cuando he descolgado. Poco a poco las ideas del mundo se han posado una tras otra. Volvían también los piojos a mis cabellos. Eran nuevos bichos, me había espulgado de los viejos en presencia de la joven Soler Leal y del resto de inmortales que querían llevarme al huerto.
Ya he salido de allí, monstruos, guardad las escaleras y las caretas para el próximo asalto… Antes, dejad que me ocupe de lo que pasa de verdad. Esperad a que descanse para proponerme nuevos dilemas.
2 comentarios:
Toda una "experiencia religiosa" soñar con Amparo Soler Leal en sus tiempos mozos.
Los sueños, sueños son...
Me encanta que hayas puesto una cita de Strindberg.
Salu2!
Raro y extraño el mundo de los sueños en el cual todos entramos.Difcil el saberlos interpretar. Yo ultimamente no sueño tanto como antes, o no recuerdo lo que he soñado.
Publicar un comentario