Leo en el Diagonal un artículo de R. Fernández Durán que se llama “El crepúsculo de la era del petróleo”. En el primer párrafo hay un aviso muy serio: (…) Y se iniciará la Era del Decrecimiento, muy pronto, quizás antes de 2010 o entorno a esa fecha (…) La Era del Decrecimiento cambiará todo e implicará el colapso progresivo del actual modelo civilizatorio (…) Advierte también del fin de la “vida normal” y la verdad es que, al principio, acojona.
Luego, leo lo siguiente en la ponencia de Vidal Quadras para el congreso del PP:
La Era del Decrecimiento, tal y como la he entendido, supondrá una expansión del tercer mundo actual por las naciones que aún viven embelesadas por la tecnología: una forzosa vuelta a las malas tierras, el decaimiento de las comunicaciones, tal vez otra guerra, en definitiva, la rotura de las costuras que mantenían el mito de la globalización. Tiene su gracia que se use la palabra decrecimiento. Como saben, hasta hace bien poco, un par de siglos atrás, se consideraba que los griegos de la época clásica eran mucho más altos y fuertes, y que la raza humana había degenerado desde entonces; como consecuencia, los individuos se habían hecho más y más enjutos. Los propios griegos hablaban de las edades, y situaban el esplendor en el pasado. A partir del siglo XIX, en cambio, se depositaron en el porvenir las esperanzas que se habían puesto en el ser humano primordial y mítico.
El niño se sube en los hombros del padre, surgen los primeros cantautores, y a partir de 1975, primero de forma tímida y luego con ingenua arrogancia se desborda el entusiasmo: éxito de los artistas, de los tenistas, de los chefs, de los columnistas… La tardía Edad de Oro de lo español en el mundo, favoreció esa doble apoteosis, del progreso y de lo nuestro, porque, como dice Vidal Quadras en un pareado: Si el proyecto nacional es atractivo, las fuerzas centrífugas pierden su sentido.
¿Estoy diciendo que la Era del Decrecimiento sólo afectará a España o al estado español? No, rotundamente, no. Durán habla de la sociedad que hoy consideramos globalizada, de Algeciras a Estambul, de Oslo a San Diego; sin embargo, no me da reparo afirmar -creo que por ahí iba el texto de los ecologistas- que el Decrecimiento de la sociedad española será más rápido e implacable que el de otras sociedades que han tenido en cuenta parámetros menos esplendentes: el ladrillo es el principal síntoma de que la Era de los Fósiles ha aumentado de forma artificial la altura y la fama de España, la ilusión del éxito.
Si con el “fin de la vida normal”, el autor se refiere a la crisis del ahorro especulativo, de las empresas privadas, del mercado inmobiliario, del consumismo, si habla del bajón de los todoterrenos y el perreo municipal, no cabe más que esperar esa Era del Decrecimiento con los brazos abiertos. Con igual gusto renunciaré a un proyecto atractivo de vida en común, gritaré hurras a las fuerzas centrífugas, esperaré a la pesadilla de un mundo desfragmentado y paupérrimo. Yo, que nací en la Edad de Oro y puedo morir en la de Hierro, os aseguro, primates del futuro, que se ha mitificado el esplendor de aquella, que lo mejor que pudo pasar fue la decrecida, aunque os resulte difícil creerlo.
Pero si ese fin afecta sobre todo a lo obtenido, si se pierden derechos conquistados a base de sangre, si desaparece la educación y la sanidad pública, si se exterminan pueblos, si se bestializa a los emigrantes, si aumenta la precariedad, se sigue rindiendo culto a la riqueza particular y se multiplica el número de drogas y subterfugios para engañarnos; entonces, hombres del futuro, no me quedará más remedio que darle la razón a Manrique y a los griegos: incluso aquella época fue mejor.
Hasta el siglo XX será una Edad de Oro si se compara con el porvenir.
7 comentarios:
Chaval, te has salido. Me ha gustado. Plash, plash, plash.
Salud y República
Toda edad oscura parece, a priori, no deseable. La arcadia no resulta posible teniendo en cuenta que el ser humano es depredador, como ha demostrado nuestra historia desde los comienzos. Afortunadamente nos queda el pensamiento. Me apunto a tus dos reflexiones finales, aunque me parece más viable la segunda, por desgracia. Permíteme una autocita que incluye unos interesantes versos de Ángel González: http://eloygaravis.blogspot.com/2008/03/la-edad-de-oro.html
Plas, plas, plas yo también.
Puede que llegue la era del decrecimiento del petróleo ahora, pero hace mucho que se instauró la era del decrecimiento de los cerebros. Me parece que el problema está en que esas ilusiones de las que hablaba tu cita de ayer siempre fueron más grandes que nuestra inteligencia. Pero opino como Ángel González, que cuando el hombre se acabe, tampoco pasará nada. De hecho, nos está haciendo falta un buen Apocalipsis. Ya está tardando.
Ana.
esos flipadillos de la literatura para yuppies y maximalistas: la tercera hora, la fragmentación de las unidades geopolíticas.
mientras los exterroristas neonazis venden sus libracos a los jubiletas. éstos se los venden a los empresarios empresariales.
qué se le va a hacer.
salud!
Antes he leido tu post pero me olvidé de dejar comentario,llego de la mano de mi amigo Rafa que acostumbre a conducir bien a la gente que le seguimos.
Te seguiré leyendo.
Perdón por el retraso, pero indagando por las entradas de la casa Kabila, he dado con usted y tengo que unirme al aplauso, porque realmente son muy buenas e interesantes tus reflexiones. a partir de ahora pasaré a visitarte.
¡Salud, Memoria y Libertad!
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