Tengo una denuncia veraniega, sobre un peaje en el que te cobran dos euros por cien metros recorridos, pero me temo que es la historia del Tolay que sólo sabe llegar a los pueblos por la autovía. Me meto en los blogs a ver si encuentro temas que robar. La otra opción es hacer una entrada que sea una chorrada como un piano y hacerla pasar por honda reflexión. He seguido mi camino hacia la sabiduría, pero he de confesar que la inmortalidad me aburre.
Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?[1]
No siento surgir ningún lamento, hoy podría pasarme fácilmente sin escribir.
Pero la vanidad me lleva a persistir, no hay otro motivo. Comprobar que es un día cualquiera y las teclas caen como granos de arena.
Ayer en televisión había estas opciones:
En la uno un karaoke,
en la dos Mujeres desesperadas,
Antena 3, un programa en el que te ponen una keli,
en la Cuatro, Betty la fea,
Hospital Central en Telecinco
y Buruaga en la local.
Teníamos unas pipas excelentes, así que cambiamos de canal varias veces.
Esta noche veremos alguna serie en el ordenador.
Otra opción es contar que vamos a cenar gazpacho. Lo apunto nada más.
Beberemos una cerveza, hablaremos de su cumpleaños.
Hace poco presentaban un libro o un estudio, o simplemente fue noticia, en el que una piba parecida a Naomi Klein aseguraba que casi todo el mundo (en ese casi todo el mundo estamos incluidos casi todos), está convencido de que algunos actos son eternos y que, sin embargo, ocurren pocas veces: encontrarte a alguien que te caía bien, viajar en avión, etc. No sé si era un manual de autoayuda o si es que la chica había descubierto con ese libro que no era inmortal, el caso es que me llamó la atención que una chavala tan-llena-de-vida entonase un discurso de chivato y que lo sacasen en la tele, en la radio o donde fuera que lo oí.
Se puede optar o por multiplicar esos actos, buscar la casualidad, celebrar una especie de destino molón, o bien por sentarse y esperar. La chica norteamericana parecía más partidaria de lo primero. Reciclar una bolsa y llenarla de granos de arena, por seguirle el rollo a Poe.
Sosegado, (ya es extraño),
aguardo la noche clara;
y luces de nefasto hado
levantan la frente cana,
y el dulce espejo que ella dejó
me muestra los rastros de un perro,
bárbaro, que en cruel yerro
segó la vida de un viejo.
Sólo me quedaba intentarlo en verso. Ya ven que hoy la entrada era barata. Mañana no hay sesión.
4 comentarios:
Pero oiga, D. Pablo, ¿qué es eso de que mañana no hay sesión? No me diga que va a celebrar el 18 de Julio.
Salud y República
Pero si os lo tengo dicho. Que tiréis la puta tele a la basura, que sólo dicen chorradas. La tele sí que es más prescindible que el hoy y desde luego que el mañana. De todos modos, nos alegra mucho tu vanidad. Hasta mañana.
Ana.
A mí también me alegra mucho tu vanidad. Yo también tenía el día, pero escribo peor que tú, así que me ha dado por divagar sobre mis nuevos privilegios de profe. Ana es muy insistente, pero la tele es una forma de anularse sin ningún tipo de preocupación. Allá ella.
... yo no tengo tele.
La otra opción es hacer una entrada que sea una chorrada como un piano y hacerla pasar por honda reflexión
Ese es mi estilo!
Pero la vanidad me lleva a persistir, no hay otro motivo
Loa a Qohelet!
el caso es que me llamó la atención que una chavala tan-llena-de-vida entonase un discurso de chivato y que lo sacasen en la tele
A mí también.
Hoy en día lo que impera es la Ley de la audiencia, dudo mucho que los ratings de eso que explicas fueran muy altos.
Hoy te noto un tanto bajo... véngase pa'rriba!
:]
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