24.7.08

El viento de la Historia

Radovan se defenderá a sí mismo en La Haya, con su tupé, sin la jeta de santón, a ver qué carajo cuenta Karadzic cuando todo dé igual . Es sencillo: puede arrepentirse –decir que un genio malo le había comido el tarro-, o puede levantarse enfebrecido, llamar a las armas a los serbios contra Montenegro y contra los que hoy atacan el recuerdo del camarada Tito, el mismo que, no se olvide, luchó contra los Nazis en su día, el orgullo de su etnia.

Así termina el artículo de la Wikipedia dedicado a Tito: Por otro lado, fue un líder amante de los placeres (con una larga lista de amantes), que permitió el establecimiento de un culto a su personalidad en la sociedad yugoslava.

El culto a la personalidad aparece en las peores crónicas de la historia. Es el mismo culto que perdió a Alejandro, a Roma, a los cristianos (¿qué es sino madera, del mismo tronco que usan para quemar la grasa, lo que adoran los fieles del Nuevo Testamento?), que perdió a la Alemania industrial, a la Unión Soviética, que degradó la revolución francesa, el dos de mayo; el culto a la personalidad sustituye a todas las ideologías, acaba con la política o conforma ésta que tenemos ahora, la personalidad acaba con la palabra. La rebeldía -vuelta a Camus- consiste en suprimir ese culto, por eso, a menudo se identifica con una vuelta al punto de origen: las comunidades contra las ciudades, la gente de Tom Joad frente a las máquinas, lo colectivo frente a la jerarquía piramidal, humanos contra Dioses, una vuelta a lo común que choca y chocará contra el legítimo deseo del individuo de desmarcarse del grupo. La rebeldía es un movimiento de destrucción; pero los que fueron rebeldes suelen precipitarse a construir otra personalidad a la que rendir culto, otro concepto que parte de la grandeza de algo en relación a lo demás. Hay que dudar de los que buscan crear ese flamante espacio sagrado. La lección del siglo es que otro mundo no es posible.

Tenían ideas que les ayudaban a formar sectas, ideas que servían para justificar ejecuciones, razones de estado poderosas. Para crear qué. Un centro cochambroso en el que la Nomenklatura serbia tocaba todos los vicios que se pretendían abolir corrupción, tráfico de influencias, delación, manipulación, crimen. Los sistemas fallidos del siglo son tan imperfectos que nos resistimos a llamar fallido al último, la democracia. Por mi parte espero que la precariedad no sea provisional, es decir, si la crisis actual se extendiera, pongamos treinta años, si fracasaran todos los apuntalamientos, o incluso, aunque los gobiernos robasen y mintiesen hasta un punto insostenible, seguramente seguiría prefiriendo la democracia antes que cualquier receta desconocida. Una especie de superstición.

Acaba con la Paciencia Histórica la propia clase obrera, aquello que los romanos llamaban vulgo. Los jerarcas del Este optaron por dominarla entregándole un becerro de oro, el líder, y menos mejoras materiales de las que prometieron en los buenos tiempos. Es cierto que los países del Este alcanzaron un desarrollo importante, sobre todo la RDA, sin embargo, si tratamos de ser justos, no existirá el cielo en la tierra por más que se busque. Ni el cielo en el cielo.

En el debe está la siempre dudosa teoría de que las masas podían haberse levantado contra el engaño. ¿Tú que piensas, son culpables o no? Más difícil que destruir es la tarea de salvaguardar, es casi imposible que no se produzcan reconstrucciones. Los grandes seductores de masas de la historia, Octaviano, Jesucristo, Napoleón, etc. han destacado por su labor de reconstrucción o, más concretamente, por su habilidad para reelaborar a su favor los argumentos de la revolución a la que se apuntaron. Simple y llana manipulación.

Los líderes serbios han sido los últimos resistentes de la Europa de las personalidades que quedó tras la segunda guerra mundial. La entrega de los genocidas por parte de su gobierno cierra la era de la idolatría. El Euro ha levantado el vuelo y ha arrasado a los becerros: ningún oído escuchó, ningún ojo vio que un Dios, fuera de ti, obre así con quien espera en él[1]

Serbia, la pequeña Serbia; un país bravo a pesar de todo, con águilas como las estatuas de Juan de Ávalos metidas en la cabeza. La justicia internacional impondrá pronto su prescripción y erradicará el mal después de un juicio justo; Serbia será un socio más, sus ciudadanos, sus masas se rendirán a Él para pasar los avatares a su socaire. Ya hay unos cuantos pueblos que esperan a la crisis a merced del viento europeo.

La nave desanclada bajo funesto auspicio parte llevando al maloliente Mevio.

¡Acuérdate, Austro, de azotar sus dos flancos con las olas encrespadas; que el tenebroso Euro disperse los cables y remos rotos por el mar revuelto; levántese al Aquilón tan fiero como cuando en las altas montañas quiebra las encinas temblorosas; no aparezca constelación propicia en la negra noche, por donde declina el funesto Orión, ni haga la travesía por un mar más apacible que el que tuvo el ejército vendedor de los griegos, cuando Palas trasladó su cólera de la abrasada Ilio a la nave impía de Ayax![2]

Que nada tenga compasión de Karadzic, ni el viento ni la cólera de Palas.


[1] Isaías.

[2] Horacio. Epodo 10.

No hay comentarios: