3.7.08

Se la llevó. El Tiburón.

Cada uno cuenta la feria a su gusto: en el cine sólo los profesores de letras tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Los físicos son feos y están locos. Lo dice un químico para el Público, en una entrevista que comienza con un: España es un país de letras; la ciencia está acosada. Más allá de que el hombre quiera pillar cacho y piense que los de letras lo tenemos más fácil, lo que viene a decir es que ellos también se sienten aislados del resto. Identifica las letras con el derecho y el periodismo; así, no se plantea que pueda haber filólogos o historiadores locos, sino sólo rutilantes estrellas de los juzgados, como ese abogado que lleva sombrero y un bigote con guías, gente que con 26 ya es abogada del estado –dice- cuando con esa edad un físico sólo puede haber llegado a becario.

Fíjese que yo ayer me quejaba de lo contrario, de que los químicos y los físicos nadan en la abundancia, tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Pues resulta que ellos también se quejan, ¿de quién es la culpa entonces?

La culpa fue del neocon.

He estado viendo esta mañana un trozo en el Youtube de la que para mi gusto es la mejor película de Tim Robbins, Ciudadano Bob Roberts, de 1992. Por si no la han visto, cuenta la historia de un cantante folkie que se presenta como candidato para senador. Recordaba una canción titulada Complain:

Some people will work
Some simply will not
But they'll complain and complain and complain and complain and complain

Hey bud, you're living in the land of the free
No one's going to hand you opportunity

Los neocon ¿nacen o se hacen? ¿Cómo se puede prevenir que en casa salga uno? ¿Hay que impedirles estudiar derecho o comunicación audiovisual? ¿Es preferible que se haga físico aunque luego no se coma un torrao? Ese es un tema para otro día.

Tradicionalmente, se ha considerado que las carreras de ciencias eran un refugio para los conservadores, de hecho, aunque sorprenda, una amplia mayoría de científicos se declaran creyentes –dice Carmen: porque la religión no tiene que ver con la razón sino con la obediencia. Sin embargo, tampoco se puede decir que la literatura española se haya significado en ese sentido, por cada Hernández hay un Menéndez que ha equilibrado la balanza.

Los neocon apuntan a la carrera de ganar dinero. Técnicamente no es un asunto de ciencias ni de letras y tampoco de religión aunque sí es político, en cuanto al cómo, que es de lo que se ocupa la política grosso modo. Para el neocon las posibilidades de intervención quedan restringidas a un campo limitado de carreras en el que hay empate entre ramas, derecho, empresariales, económicas, periodismo, tal vez ciencias políticas, tal vez el rock and roll; y un ingente número de masters, en los que debe quedar claro que lo importante no es lo que uno haya estudiado, sino la fe ciega en el éxito personal, eso que algunos confunden con la codicia, también llamada ambición.

La vertiente tradicional de las ciencias y las letras se enfrentan como en esos programas de verano, unos en una mesa y otros en la de enfrente, hay un premio o una subvención para repartir; pero los que se lo llevan crudo son acreditados vendedores de burras ajenos a las disputas entre esos equipos de segunda ¿Cuánto rasca el geólogo por cada barril de Brent?

La historia demuestra que la capacidad del conocimiento para generar riqueza no es ilimitada como se creía, de hecho me atrevería a decir que la razón abandonó esas aventuras cuando desarticuló a los alquimistas. Las ciencias nobles serán mucho más útiles de lo que imaginamos, pero sólo hacen inmensamente ricos a cuántos ¿a unos mil en todo el mundo? Lo mismo pasa con las letras: juntemos a todos los escritores, a los filósofos, a los historiadores, y el número de multimillonarios no superará en esa cifra. Se utiliza el nombre de las ciencias, las letras y las artes como barniz de prestigio. El éxito social de unos pocos científicos, escritores y artistas a menudo es visto con recelo por sus propios colegas, no tanto por envidia, que también, sino porque da la impresión de que se ha burlado de los puristas.

Todo debe de ser aplicado en estos tiempos, amigo químico, si se quiere vivir en la mansión de Playboy. El éxito financiero y los líos de faldas que sueña en el laboratorio no dependen de la elección de una carrera, ni siquiera de los Masters (también hay Masters para ligar) sino de la personalidad y de sus trastornos. Podemos estar años discutiendo lo que las letras quitan a las ciencias y viceversa; para la inmensa mayoría ese será un debate de frikis, como usted dice.

Según nos muestra la televisión y las encuestas, esa mayoría considera la elección de una carrera como un rasgo de la personalidad: los guapos van a letras, los feos a ciencias. Sucede que, mientras eso pasa para el folklore, se derrumba la demanda de conocimiento. Digamos que, aunque hay muchos recursos para sacar de la mina artículos y artículos, estos interesan a una minoría reducidísima. Sobrevive gracias a las revistas. Sus disciplinas y las nuestras tienen ese mercado y de momento una cuota de pantalla, pero son como lenguas muertas en el idioma de las transnacionales. Da la impresión de que se sigue investigando por puro historicismo.

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