El penúltimo asesino de la limpieza étnica, Radovan Karadzic, ha sido detenido y se espera, en palabras de Solana, que tenga un juicio justo. Como sé gracias a Taibo, en su empeño por disfrutar de una gran Serbia, Karadzic pasó a cuchillo a sus convecinos; esta mañana (por ayer) salían imágenes de un escritor ruso y Karadzic vaciando un cargador de ametralladora contra Sarajevo. Tendrá que responder por doce mil muertos en esa ciudad y otros ocho mil en Srebrenica. Sus números serán material para el archivo de la infamia.
Según los usos establecidos, a pesar de ser terribles, algunos de estos números están fundados, es decir, son el precio por mantener la libertad (véase el trío de las Azores), los de Karadzic pertenecen a una segunda serie de crímenes mal gestionados, que encuentran en la Haya un juicio justo; es una ecuación sencilla que se puede explicar en base a la economía mundial y al equilibro demográfico: los musulmanes que asesinó Karadzic no debían haber muerto, en cambio la vida de civiles en otros países musulmanes es, según estos parámetros, un punto menos valiosa que la de los bosnios. Karadzic es un asesino vil, los demócratas sólo son unos mandados que atienden a otros criterios considerados más higiénicos.
¿No es cierto que la primera Guerra del Golfo fue la primera de la historia en respetar los mandamientos de la legalidad internacional? Qué lejos queda eso, y fue sólo cinco años antes que los crímenes de Karadzic. La legalidad internacional ha pasado a un segundo plano en Irak; en este tiempo se ha sumado Afganistán y el recrudecimiento del asunto entorno a Jerusalén. ¿Cuánto tiempo duró este intento? Solana y otros pueden decirlo, a mí se me escapa. El padre del Tijen apunta que Irán será peor que Irak, que hay cohetes y misiles preparados, ya desde que estaba él, y que Israel paseaba hace una semana sus cazas por el adriático: se avecina otro conflicto con legal apariencia. Esperemos que la sangre no llegue al río.
Hay que decir que Milosevic, Karadzic, Mladic, y los señores de la guerra balcánica formaban parte de la burocracia comunista; algunos camaradas consideran aun hoy, que eso les exime de algo. Lo que hay que lamentar es que el comunismo perdiera tanta legitimidad como para crear una clase dirigente asaz pervertida. Además de comunista, Karadzic era poeta, cargarle la responsabilidad al marxismo de los crímenes de Radovan sería algo así como echárselos en cuenta a la poesía. Alguna culpa tendrán Marx y los poetas, sin embargo. El mundo está loco.
No sabemos como reaccionará el individuo en mitad de su juicio justo. El de Milosevic se terminó antes del fallo, el expresidente tomó un medicamento contraindicado y privó al mundo de su último acto; entonces el diario Serbio “Polítika” tituló: "Un último saludo al compañero de armas de La Haya". El gobierno serbio ha cambiado y en un momento ha aparecido el Asesino, disfrazado de médico naturista. Se acabó la impunidad en la gran Serbia que aspira a la Gran Unión Europea.
El cuento sería totalmente feliz si no hubiera criminales en activo. Si todos ejercieran profesiones de gurú y tuvieran que esconder su cara. Como sabemos que no es así, es mejor alegrarnos por la detención de uno aunque ya estuviera desactivado, y nos alegramos. Los que exterminan en Irak, Afganistán, el Congo o Darfur no llevan más camuflaje que las ropas esas con las que se los ve en las películas, actúan a pelo sol, sin barbas postizas. Sin compasión. Así que el cuento no deja totalmente feliz.
3 comentarios:
plas, plas, plas.
Ana.
Bravo.
Ciek.
Me sumo a los aplausos.
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