Cuadro de Ernesto de la Cárcova (1867-1927)
Hoy he escaneado una de las fotos que tengo en el sitio donde hago esto. Es un cuadro de un argentino, pintado en un estilo realista-socialista, se titula Sin Pan y Sin Trabajo. No sé si en la foto se aprecia bien lo que pasa: un hombre, sano y fuerte, con los aperos dispuestos, ve por la ventana de casa cómo otros hombres se dirigen a la fábrica, su mujer, flaca, coloreada de amarillo, le oye quejarse mientras amamanta a un crío que ya necesita otro tipo de alimento. El hombre cierra el puño, está inclinado sobre la mesa. El interior oscuro de la casa contrasta con el color paradisíaco del exterior, las torres de la fábrica aparecen difusas y prometedoras, en cambio el cajón abierto, probablemente vacío, es un presagio de muerte, tal vez un símbolo del ataúd en el que pronto guardarán al niño.
Sobre el estilo realista-socialista no hay mucho que decir. Su potencia es mucho mayor en un contexto capitalista que en otra realidad social; es un modo de hacer las cosas que funciona únicamente para la protesta, que cobra su sentido en el drama, y se convierte en catarsis con el melodrama. Ay, cuánto disfrutarían muchos internautas si el pequeño Oliver Twist subiese a un blog las perrerías a las que se ve sometido, quién no se solidarizaría con el desarrapado pequeñuelo; yo les digo que se convertiría pronto en el rey de los ranking, en el más querido de la comunidad. Su modesto blog –escrito quizá desde la biblioteca en la que se mete para calentarse los pies los duros días de invierno- sería el culmen de lo que se puede esperar de un diario: desesperación, injusticia, denuncia y sobre todo esperanza, una infundada esperanza coloreada con los verdes y azules del cuadro, esperanza que es a la vez puño cerrado y teta caída.
Me he ido del tema. El dandy que se mofa del realismo socialista es seguramente el peor de todos. Vive del reflejo y a la vez cuestiona la cara que ofrecen los demás. Si se topa con el blog del moderno Oliver Twist se retira diciendo “tiene que ser mentira”. Mira el cuadro escaneado con ironía. Cuánta ficción encuentra en esa pobre escena, él ve toneladas de artificio donde los demás vemos una escena conmovedora. Pobre, pobrecillo.

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