28.4.08

Realismo

Me temo que si se trata del principal sospechoso no se resolverá el Cluedo, así que seguiré a mi bola y si vuelve a aparecer eso que nos llevamos. Tal vez rozara el melodrama el sábado, analizando el mensaje. Borro cualquier consideración personal, quiero eliminar el yo de este blog, la sombra que pueda proyectar sobre lo que escribo, y dejarlo en ejercicio, ficción o reflejo, una ficción tan descarada como la de Vilos Cohaagen (por cierto, Vilos hubiera puesto Mycroft en vez de Shylock), un reflejo al que asocié un nombre por convención, al que cedí mi nombre a regañadientes, para alejarme de la ficción banal y meterme en esa ficción, la que prefieren en la blogosfera, esa en la que creamos un personaje ideal cortado con los mejores remiendos de nuestra personalidad, un superyo en busca de espejos y espejo a la vez de los demás. Esa idealización particular lleva a la idealización de comunidades bastante amplias en las que se juntan cientos, miles, de internautas. El requisito es que el superyo sea verosímil, se acompaña de una fotografía, de un extenso perfil, las películas que me gustan son las Tavernier, etc. Nada en contra, ya ven que participo, mis películas favoritas son las de Tavernier, actualmente estoy leyendo La Muerte de Virgilio; siempre se nota lo que estoy leyendo y eso es un síntoma de que no tengo estilo –por lo menos eso me dijeron en el curso de los cuatrocientos-.


Cuadro de Ernesto de la Cárcova (1867-1927)

Hoy he escaneado una de las fotos que tengo en el sitio donde hago esto. Es un cuadro de un argentino, pintado en un estilo realista-socialista, se titula Sin Pan y Sin Trabajo. No sé si en la foto se aprecia bien lo que pasa: un hombre, sano y fuerte, con los aperos dispuestos, ve por la ventana de casa cómo otros hombres se dirigen a la fábrica, su mujer, flaca, coloreada de amarillo, le oye quejarse mientras amamanta a un crío que ya necesita otro tipo de alimento. El hombre cierra el puño, está inclinado sobre la mesa. El interior oscuro de la casa contrasta con el color paradisíaco del exterior, las torres de la fábrica aparecen difusas y prometedoras, en cambio el cajón abierto, probablemente vacío, es un presagio de muerte, tal vez un símbolo del ataúd en el que pronto guardarán al niño.

Sobre el estilo realista-socialista no hay mucho que decir. Su potencia es mucho mayor en un contexto capitalista que en otra realidad social; es un modo de hacer las cosas que funciona únicamente para la protesta, que cobra su sentido en el drama, y se convierte en catarsis con el melodrama. Ay, cuánto disfrutarían muchos internautas si el pequeño Oliver Twist subiese a un blog las perrerías a las que se ve sometido, quién no se solidarizaría con el desarrapado pequeñuelo; yo les digo que se convertiría pronto en el rey de los ranking, en el más querido de la comunidad. Su modesto blog –escrito quizá desde la biblioteca en la que se mete para calentarse los pies los duros días de invierno- sería el culmen de lo que se puede esperar de un diario: desesperación, injusticia, denuncia y sobre todo esperanza, una infundada esperanza coloreada con los verdes y azules del cuadro, esperanza que es a la vez puño cerrado y teta caída.

Me he ido del tema. El dandy que se mofa del realismo socialista es seguramente el peor de todos. Vive del reflejo y a la vez cuestiona la cara que ofrecen los demás. Si se topa con el blog del moderno Oliver Twist se retira diciendo “tiene que ser mentira”. Mira el cuadro escaneado con ironía. Cuánta ficción encuentra en esa pobre escena, él ve toneladas de artificio donde los demás vemos una escena conmovedora. Pobre, pobrecillo.

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