23.4.08

Día del libro

Antes de anoche estábamos viendo Roma, la serie. Julio César decía que, bajo su mandato, Roma volvería ser como en la edad de oro. De hecho la edad de oro de Roma vino con el mandato de su sucesor, Octavio; fue la época más gazmoña del tiempo antiguo. Como diría un historiador normal, en la época de Octavio Augusto se pusieron las bases para el matrimonio entre cristianismo e imperio, estas bases fueron la familia, la paz militar y la prosperidad agrícola. Eso no viene a cuento ahora. Lo traía a colación por lo de la edad de oro: crecimos con estilo, envejecemos patéticamente.

Hoy es el día del libro o la noche de los libros, no estoy seguro de si es lo mismo. En fin, hoy se forran a vender en Barcelona y en Madrid también. Es un buen día para que los escritores hablen por la televisión y por la radio. Entre programa y programa firman ejemplares. Yo tengo poquísimos libros firmados, creo que sólo uno de Carlos Fuentes que me pareció un tostón.

Me pregunto cómo envejecerán tantos libros que se han publicado en los últimos treinta años. Como todos, supongo. Se llenarán de polvo, las hojas se pondrán amarillas y en algún momento un bicho se los acabará –tal vez sea el único que lo haga- y el montón de letras se convertirá en un puñado de migas de algo en el suelo de un desván; o puede que se quemen, como trastos, o bien como espectadores de un incendio más global. Deberían reciclarse. Así, la primera edición del libro de José Ramón de la Morena podría servir para la segunda edición del libro de José María García y viceversa. En ese continuo, Carlos Zafón haría un descuento si llevases su Sombra del Viento vieja: antes de firmarte la nueva edición para coleccionistas exquisitos, metería el libro viejo es una máquina para hacer pasta de papel sin trampa ni cartón. De la pasta de papel quizá brote una rosa, si es San Jordi; y si brota la rosa a nadie le extrañará, porque el libro de Zafón es tan bonito que el papel quiere dejar de serlo, quiere convertirse en Hortensia o Rosa.

Me han llamado la atención dos anuncios de dos libros distintos. El del libro de Zafón que dice “recordarás porqué te gusta leer” y otro, aún mejor, que dice “Si la vida escribiese una novela sería el Castillo del Aire”, del título no estoy muy seguro, pero el anuncio es tal cual. Si la vida escribiera una novela, la novela probablemente sería muy aburrida. Hay quien piensa que mientras escribiese la novela, la vida no nos estaría jodiendo ni pasando recibos, pero por eso los publicistas han puesto el condicional, para eso vale el Si: la vida está demasiado ocupada siendo vida y siendo muerte como para ponerse a rellenar páginas, ya lo hace por ella un escritor de Best Sellers. Así que ni siquiera queda el consuelo de que nos deje en paz una temporada.

El anuncio de Zafón va dirigido descaradamente a los que leen entre uno y tres libros al año. La industria cree necesario generar un complejo de inferioridad entre los no lectores para involucrarlos en el consumo de algo que realmente no necesitan. Que lea sólo el que quiera. Si realmente la vida escribiera una novela ¿no estaríamos demasiado agotados para hacerle caso? Piénsenlo: la casa, los hijos, el coche. No está uno para novelas experimentales.

Hay otras cosas que no necesitan lemas. No he visto ningún anuncio que diga: “recordarás porqué necesitas una culata nueva” y sin embargo yo la tengo que comprar igual. Hay imperativos que no suenan mal, recordarás, por ejemplo, o disfrutarás. Pasada la historia cualquier imperativo nos parece mejor, incluso los de Octavio Augusto.

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