17.4.08

Prevención

Hoy tenemos curso de prevención de riesgos en el curro. Ya he pasado por eso. Viene una señora de recursos humanos con un Powerpoint y empieza a pasar gráficas de lo que habría que hacer si hubiese un incendio. Si se quemara algo, aunque fueran las tostadas, no lograríamos salir vivos del sótano en el que estamos. Nos golpearíamos con la máquina de Nestle, con las cajas de papel que hay justo a la entrada y el tufo embriagador del humo nos asfixiaría, nos metería en un dulce sueño en el que quizá viésemos a esa mujer de recursos humanos vestida de hada, señalando la ruta hacia la salvación con una varita o con un puntero láser a guisa de.


Cuando termine con los incendios lo más probable es que explique las tres formas como se tronza una espalda. Es muy sencillo: por arriba –cervicales-, por en medio –no sé cuál es- y por abajo –lumbares-. En el curro compraron unos bancos en los chinos y quieren hacerlos pasar por reposapiés. Cuando plantas la peana en el banco, la rodilla te da contra el tablero de la mesa, salvo si dejas que el culo resbale en el asiento y acabas apoyándote en la rabadilla. Casi nadie utiliza los reposapiés, aunque hay que decir que la mayoría –excepto los becarios- son más jóvenes que yo, y hay que suponer que como son más jóvenes tienen la espalda mejor, de hecho podrían trabajar de pie, siempre que les dejaran hablar de fútbol y canturrear temas de Estopa que tratan sobre ciegos de porros.

El último rato del cursillo lo dedicará a hablar de cómo tienen que colocarse las pantallas de ordenador. Verá que las nuestras están mal colocadas, que hay que ponerse en posición de recibir collejas para leer lo que escribimos; pero la mujer se tendrá que hacer la sueca “no he venido aquí para salvar el mundo”, pensará, “total, son chicos jóvenes (excepto los meritorios) no les puede pasar nada malo, unas cuántas dioptrías que se curan con un láser, un pinzamiento, bah, ¿qué es eso?”.

Hace poco nos subieron a la parte VIP de la oficina para anunciarnos que nos rebajaban la nómina por un tema de convenios y porque la mujer del jefe no se conformaba con un solo visón. Lo típico. El caso es que el discurso comenzó igual que esta vez: “La ley nos obliga a…”. Les obliga a dar el curso de prevención de riesgos. Pierden dos horas de producción pero lo cumplen. En fin, creo que la ley no aprobaría el sótano, pero la que nos dé el curso dirá que tenemos que poner una buena postura y si vemos llamas, correr, correr hacia la luz.

1 comentario:

RGAlmazán dijo...

Ya hice yo también hace años un cursito de esos. Son muy monos. Pero por lo que yo saqué en limpio estaban más por aumentar la productividad que por la salud de los empleados (aunque partan de la premisa de que a mejor salud más productividad, que ya es partir).
En fin, lo dicho se trata de que no haya bajas y de lo demás ya se encargará el superintendente.

Salud y República