En el bus de vuelta a casa no podía concentrarme en el libro de Umbral porque pensaba en este post escribiéndolo en mi mente a la manera de Umbral. Aún recuerdo una de las frases lapidarias que pensaba poner: crecimos con estilo, envejecemos patéticamente, pero ahora me niego a contemplarla, no sé cómo crecimos, no sé cómo envejecemos. No pienso que sea de manera cobarde, aunque supongo que ahí está el miedo, en efecto; espero que al menos funcione como motor. Es un tiempo de motores jodidos y no me creo la metáfora, he llevado el coche al taller y me han dicho exactamente eso, chaval esto no es una jodida metáfora, de seiscientos a mil.
La revolución comentada en los bares deberá mantenerse fría o comenzar sin mí. Vuelvo al autoexilio, me mudo fuera del epicentro, y no sé cuándo volveré, ¡que sigan los tangos flotando arrastrados en los cafetines; chau, señori, hasta más ver, se despide el humilde siervo!
Si han leído el comentario que ha escrito en uno de los últimos posts el anónimo con pinta amistosa comprenderán que lo que se gana en Internet se pierde en los bares. En cada amigo hay una parte que quiere salir en la nota de suicidio del amigo, que quiere enterrarlo. En la época de Don Juan Manuel los amigos se probaban metiendo a un cerdo muerto en un saco y yendo para su casa: si el amigo te ayudaba a tapar el cadáver y después se confesaba culpable por una sutil insinuación de la autoridad, ése era de los verdaderos, pero el que te ayuda a esconder el falso cadáver y luego te vende es sólo medio amigo. Como no tengo acceso a cerdos muertos yo confío en los amigos.
Con ése crecí yo. Se ha hecho abogado para no mojarse demasiado si alguno de sus amigos le lleva un cadáver a casa. Conmigo discute, allí donde hay una arena y un reloj. Yo me traigo a los trolls desde la infancia.
En este libro Umbral escribe mucho sobre sus manos, su hijo, y de una tía con la que no debió estar mucho tiempo. En el bus estaba leyendo una parte en la que describe a un pintor amigo suyo, pero a la altura de Valdemingómez me he perdido. El otro libro que estoy leyendo es también de pensamiento, no estoy rápido para el pensamiento. Ayer el coche aparcó echando humo; hoy, en el taller casi nos hemos tomado un té con el agua de la bomba pero no lo hemos querido porque no pegaba con el Ducados. El motor está roto de verdad, no piensen que es ninguna gracia de escritor. La junta de la culata. Vengan los pésames.
2 comentarios:
TE TENDRÉ QUE ACOMPAÑAR EN EL SENTIMIENTO. LOS COCHES NO TIENEN CORAZÓN Y BAJAN LOS HUMOS (NO ES METÁFORA) A LOS QUE LOS DESPRECIAN, CASTIGANDOLES CON SUS FACTURAS. EA
TE TENDRÉ QUE ACOMPAÑAR EN EL SENTIMIENTO. LOS COCHES NO TIENEN CORAZÓN Y BAJAN LOS HUMOS (NO ES METÁFORA) A LOS QUE LOS DESPRECIAN, CASTIGANDOLES CON SUS FACTURAS. EA
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