16.4.08

Blogueros y trascendentes

Acabo de leer una frase del surrealismo (creo que es de Aragon): “cada persona tiene una frase que puede destruir el mundo”. Tiene más mérito porque cuando lo dijo no existían los blogs: su frase se pintaba en la puerta de la Sorbona, pero la del resto del mundo pasaba desapercibida, en el murmullo del mercado, en la soledad de la celda, en el pasillo del ministerio. Un ejemplo de estas frases (que llevan a una destrucción más moral, por tanto simbólica, que real), es ésta que leí en un blog, o en unos comentarios: “moriremos de intrascendencia” dijo un notas.

Con una oración, cada persona puede poner en juicio el sistema de valores. Pero eso, que en realidad no afecta tanto al sistema, perjudica a quienes las toman a pies juntillas. Las retóricas de guerra y el “hacer frases” suele comenzar como pasatiempo y puede terminar en guerra o en un “contigo no se puede” que conlleva un gigantesco fracaso.

Los blogs como parte de un nuevo género literario, libres de compromisos como cualquier género que nace, se mueven naturalmente por estas retóricas, arrojan estas frases, que han perdido, quizá, parte del poder que Aragon les daba. “Moriremos de intrascendencia” alcanza esa potencia porque en la comunicación escrita está despojada de cualquier tipo de humor. En la vida, sin embargo, el que lo dice puede haber presumido unos segundos antes de su móvil de novena generación, o puede que diga: “moriremos de intrascendencia ¿sabes? O sea…”, o bien “moriremos de intrascendencia y tal”, o bien “moriremos de intrascendencia y me voy a pedir otra caña”.

Les mandé a mis amigos el post anterior y afortunadamente uno me ha contestado que no entendía nada: traté de explicarle que al hablar de las revoluciones y de los jueces de lo revolucionario quise trasladar la idea que me quedó del libro de Camus (Ed. Alianza) de que el verdadero hombre rebelde es el que se juzga a sí mismo de idéntica forma cómo juzga a los demás.

A lo largo de la historia ha habido dos grandes clases de actitudes, la de aquellos que juzgan a sus vecinos con mayor benevolencia de la que aplican para sí, a saber, los mártires; y la de la mayoría que es más dura con los actos de los demás de lo que lo es con los propios. El ejemplo extremo de esto es la pena de muerte: rara vez el verdugo paga el mismo precio que su victima. Casos como el de Saint Just son una excepción. Convendrán conmigo en que uno de los dramas es que el que manda a la gente a la guerra no va a la guerra. Lo más probable es que Agamenón pasase los diez años en su tienda, divirtiéndose rijosamente con Briseida, mientras griegos sin nombre se batían el cobre sin el auxilio de Marte ni de ningún otro Dios. Pensar que otros merecen morir por nuestras ideas es tan perverso como el siglo XX.

Las frases incendiarias, y aquellas que favorecen una destrucción más sutil del universo han encontrado en los blogs su contenedor justo. Algunos fingimos trascendencia, pero el envase es de usar y tirar. Se ha perfeccionado o democratizado el valor pasajero de los periódicos, se han multiplicado los titulares, las opiniones, los ademanes. Un bloguero no tiene sólo una frase que pueda destruir el mundo, tiene un arsenal de frases de fogueo. Estén atentos, si no.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Siloy.

me apunto a lo de la revolución desde el sillón. y a las frases en los blogs.

te invito a pasarte por un blog que se llama El patio del monipodio, a ver qué opinas.

Besos.
Ana

odradek dijo...

El fascismo es el desprecio.
Camus.