20.4.08

Esto es todo

Las curdas interrumpen el discurrir natural de los días y los pensamientos, por eso cada vez cuesta más recuperarse de una resaca. Tan importante como la resaca del alcohol es la resaca de la sociabilidad. Leí la crítica del Tentaciones al último disco del Canto del Loco y me pareció bastante cañera a pesar de que le ponían dos estrellas. Una de las cosas de las que se burlaba era del tópico de “cada vez salgo menos” al que los del Canto del loco se han sumado, porque lo que es cool es cool, y ahora mola decir “cada vez salgo menos” aunque sea verdad.

Otro tópico es que los bares en Madrid son una mierda. Y la verdad es que cierran pronto, están llenos hasta el techo, son pequeños, algunos parecen ratoneras, jamás pasarían una inspección de sanidad (si es que se hacen inspecciones de sanidad); pero los baretos se mantienen abiertos unas horas más, le pese a quien le pese, probablemente porque tienen alguna componenda con algún particular. Así que entramos al garito para que nos dieran unas últimas cañas de ron y se nos cayeron unos cuantos vasos al suelo y se despejó la barra, se oyeron los últimos gritos y salimos a la calle de nuevo.

Antes habíamos visto la obra de teatro de un amigo “Ángeles resisten al atardecer”. Yo al teatro voy poco, no es que cada vez vaya menos, es que apenas voy una vez al año.

La obra estaba bien, era de unos tipos que un día se van de excursión y charlan. A veces charlan demasiado, pero dicen muchas cosas interesantes acerca de la vida, de la emigración, de la infancia; lo que dicen sobre la muerte yo no lo entendí, es decir, no todo. Mi amigo Quique estuvo estupendo, se veía que se divertía interpretando a su personaje. El otro tío actuaba bien y pintó con carboncillo un mural de puta madre en sólo cinco minutos. A la chica casi no la oía; estoy un poco sordo desde que me pongo los cascos.

Ayer estuvo aquí la familia, tomándose un mosto y unas cervezas. El mosto es para Martina que tiene dos años y dice que tiene tres. La cerveza va bien para la resaca, eso se ha dicho siempre. Anoche empecé un nuevo libro, después de verme Spiderman con anuncios. Hay días que tengo la tendencia de acabar las frases –o los párrafos- como las acaban los judíos de Nueva York “y eso fue todo”, y ellos se quedan tan anchos y tú, por más que la hayas visto cien veces antes, vuelves a pensar que en ese momento eso es todo otra vez, vuelves a agradecer un necesario punto y aparte con comienzo limpio de párrafo, sin relación aparente con lo que hasta ese momento ha sido todo.

Claro que son días complicados, porque al cuerpo le cuesta cogerle otra vez el pulso a la situación, ya que has bebido, has comido y te has olvidado de lavarte los dientes, que es un poco como un punto y seguido. Una vez puesto el punto y soltada la sangre de las encías, el día se encamina hacia la pura tranquilidad efímera de los domingos. Creo que hasta este año, nunca había trabajado un domingo. A menudo los pasaba de resaca, organizando la recogida de los restos de la semana anterior, o no lo recuerdo, y me ponía a estudiar como si tal cosa o simplemente pasaba la tarde comiendo pipas. Pero no, los domingos de abril los pasaba de resaca casi seguro. Ahora es que salgo menos.

2 comentarios:

RGAlmazán dijo...

No sé si le voy a dar un disgusto, D. Pablo, pero se está haciendo mayor. Y no crea que echar años al saco es negativo. Tiene sus cosas buenas, por ejemplo: ...esto, si que...
Bueno, algo bueno tiene que tener. Seguro.
¡Ah, sí! que tendrá que soportar menor resacas y le dará más por jugar al ajedrez.

Saludy República

Anónimo dijo...

D. Pablo has escogido el refuiarte en los bares. Abogado-consejero de borrachos y de mantenidos.Has escogido ese lugar de exilio, ese reverso de un mundo burgués y de la buena conciencia después de hacer un descubrimiento esencial: tu cobardía.
No viene a cuento de tu texto, pero me apetecía hablar como Camus.