8.4.08

Tiene que llover



Y sin embargo me parece bien que los franceses hayan intentado apagar la antorcha con Pastís, o lo que sea que le echaran. Hacen falta estos detalles.

Tiene que llover le dije a la vecina. Hostia que sí, contestó. Los dos salimos del ascensor convencidos de que el chaparrón duraría por lo menos un par de días, pero hoy me he levantado y el cielo estaba hecho de retales, había un dorado en los marcos de la ventana de enfrente, el dorado familiar, y esos pájaros que cantan solo a veces.

No es que el tiempo me importe mucho, me importa más que la antorcha olímpica, pero me gusta que cambie. Ayer me terminé Q. El otro día dije Matthys y Rothman, aunque también me refería a Jan de Leiden, que estuvo expuesto en una de las jaulas que hay en la foto que he colgado. Es una novela parecida a las de Robert Graves protagonizada por un personaje parecido a los de Chandler (así se la vendería al productor que quisiera hacer la película). Ya digo que ésta no es especialmente brillante, no llega a Opus Nigrum ni a las de aquellos dos; sin embargo, con cuánto gusto he pasado las páginas.

Hay unas novelas que están destinadas a acabarse, otras, en cambio, deben ser releídas. Acabarlas es un paso intermedio. Esas novelas ya encierran una parte nuestra. A veces podemos renunciar a ese trozo, dejarlo ahí, como una medalla de la infancia; sin embargo otros libros nos llamarán de nuevo con ese reclamo y veremos que esa piel que dejamos en Ana Karenina o en Rojo y Negro ha podido envejecer, quizá esté podrida.

Qué absurdo es creer que hay un mercado que pueda regular eso. Anda que pensar en que si hay dios se le puede comprar pagando a los curas. Y aunque sea absurdo y ridículo, es así. Es más verdad que los términos absurdo y ridículo. La compra de indulgencias, de prebendas, de imperios, de secretos, tan actual hoy como en el imperio de Carlos V. Y la iglesia no ha cambiado, sólo que el mercado ha crecido.

Ha cambiado más el clima que el tiempo. La técnica que la estrategia.

Anda sí, lo que tú digas. Mandan igual que en el siglo XVI.

¿Seguirán las tres jaulas colgadas de la catedral de Münster?

1 comentario:

Ten con Ten dijo...

Quedan los espacios intermedios: lo sé y como lo sé puedo negarte. No, hoy no, hoy vuelvo al espacio de jirones entre las páginas, al vértigo del próximo capítulo, revisitaciones e inaguraciones.

Quizá no sea más que una tonta claudicación, no sé, pero a ratos me parece más fuerte que ningún mercadeo, terrenal o divino.

Saludos lluviosos.